jueves, 14 de julio de 2011

LA MELANCOLÍA

"Yo supe de dolor desde mi infancia..."

La melancolía sin tiempo ni espacio, como salida del oxígeno bacteriano de las horas se hizo presente. No hay manuales para el oxígeno, no hay compañía para el silencio. Nadie visita las tardes solitarias de marzo, no hay besos para la tristeza ingenua de las palabras tristes. La poesía es una niña sin sueño, una saliva besada por la luna, un escote luminoso que agarra la violencia de los sexos. La risa está manoseada por el despertar de las persianas, por la saburra de los relojes. Y la rosa ¿fue rosa la mía? construye piel en los cuellos que me miran sentados sobre el polen de las pestañas. He matado a Whitman, he parido un padre. Y de la burbuja atroz de los cuentos con miedo sacaba la maleta de las lágrimas. Si encontrase mis huellas quemaría el futuro. Yo supe del dolor desde mi todavía.

viernes, 8 de julio de 2011

EL NIÑO

 

El niño es la poesía, lo desconocido, lo inquietante. En el niño se concreta la tragedia del tiempo con la carne tibia, diminuta y frágil de las cosas sin lenguaje. El niño es sorpresa, una metáfora de dientes perdidos. Muerto el niño, el niño es lo que importa. El niño tiene la fuerza del ojo y el llanto puro. Rezuma instinto, egoísmo, quebranto. El niño es el chantaje del cariño. Es la deuda de la vida, es el barrote, la muerte proyectada anticipadamente. El niño es una presencia en la sangre, un quemor de tactos, el trepar de la carne por los oídos. El niño es la bomba del vómito agradable. Enseña sin saber mostrando las uñas a las despedidas, el mal concentrado de la distancia. El niño siempre es mi niño, es la solidaridad del dolor limitado. El niño gusta por involuntario. La niñez es lo anterior, el tiempo de la poesía en el hombre, el antilenguaje. Es la importancia del gesto, la súbita alegría de un gusanito, la sugestión del sonido. En el niño todo se apunta y nada se concreta. Es un océano lírico de sugerencias. El niño es un muerto recién nacido, el eslabón perdido de Emilio Botín. El niño es un lastre maravilloso con que las mujeres sacian la biología y los padres la cerveza. Es una ñ enorme, la dosis propia del ridículo, lo insoportable de los demás. El niño alcanza el horizonte. El niño es lo que queda en los adultos. El niño es su chupete.

miércoles, 6 de julio de 2011

EL HOTEL

He perdido los dioses soy un hombre sin templo (E.A)

Porque sólo desnudo se sienten los abrazos noto las ausencias como una inmensidad de frío acumulado. El termómetro marca lo que mi piel muestra pero no siempre se siente lo que se toca. El bullicio de las células borboteando por los cerros del ánimo, para habitar hoteles de aliento hoy, mañana, el todavía ocupado. La caprichosa química jugando al quien es quien de las cosas. Y el viento se lleva el polvo de las noches para secar las ropas tendidas y volver como si nada a los hormigueros del agua. Los insectos, las moscas ruidosas, un periódico, evocando la última pregunta. Paseando el sabor del rictus en la ausencia. Hipando la ansiedad de la cerveza, buscar el humo como el último reducto de la claridad. El ojo risueño de la noche como el jardín con flores del amor. El amor, ese último cuchillo.

viernes, 1 de julio de 2011

EL TRABUCO

"A veces la novedad es lo mismo mirado y visto -este matiz importa- de otra manera y así construir otra forma Cubismo dixit.
La sorpresa, por el contrario es saltereadora. Se presenta con su trabuco y dice: Dónde vas gilipollas?
Entonces re-accionamos y la cara de gilipollas es nuestra". (E.A.)




Mirar diferente es voluntarioso, determinista, como una flor de plástico. La sorpresa es el trabuco. El cubismo viene del columpio sin palas de la memoria. La novedad, Perico, es ojo porque te ve. Podemos mirar el caleidoscopio con los labios, pero solo hay trabuco cuando los labios son el caleidoscopio. Por eso las tardes, que más me dan a mi las tardes, si las cosas decentes ocurren a partir de la oscuridad que es el color del alma. Siendo tan verano como cualquiera mis noches apenas tienen alma porque apenas tienen tiempo. Tener apenas un insomnio que prolonga la febril fatiga de los mecanismos al aire. Hablas del cubismo como una alegría y no. Lo que quiero es encontrarme El Guernica en un parque, darle una hostia al caballo y cortarle la lágrima a la bombilla como si fuera un filete de ternera. Qué mirar. A qué niño muerto. La podredumbre se huele con los ojos cerrados desde que el mundo es fango. Lo que quiero es trabuco, sorpresa, novedad. Llámalo dolor sano, como quieras. Lo que quiero es poder decir quédate, lo siento, mírame. Perdona.

miércoles, 29 de junio de 2011

LA NOVEDAD

Por delante un enorme mecanismo queda al aire, como una apacible noche de brisas. Por delante hay más, arriba, vamos. Vértigos, golpes y otras cosas verticales. La luz externa ilumina la claridad desierta de lo íntimo. Es el salón de baile de las canciones perdidas, es un ansia irrecuperable. Se duele más el futuro que la pérdida porque el dolor siempre duele más por previsible que por dolor. Duele más lo conocido que el conocer. El dolor es una antipatía del conocimiento. Es el alfiler que no pincha, la aguja negra que escondimos en el pajar, el final repetido de los domingos. No hay peor dolor que el que no duele. No hay mayor mal que la ausencia del bien porque no tiene mejorías. No te preocupes Papá, nada que tú no sepas, nada nuevo. Nada nuevo, ja. Para cuándo una sorpresa. Cuándo el Porfin. Por las mañanas los espejos me dicen que ya está, las puertas otra vez, las ventanas hasta luego. No lo pienses más ha dicho la radio, el coche, la vecina. Por las noches acudo a los parques para recoger aromas, algún orín de gato y una botella medio vacía. Bebo el poso despreciado de las adolescencias de otro. Por allí encontré a la experiencia agnóstica de mi misma, vaticinando porvenires como un abismo de pérdidas. Y esta cotidiana soledad. Cómo explicarte.

viernes, 24 de junio de 2011

LA HOGUERA

Hay una celda. Hay un acto para todos los públicos que no interesa a nadie. La celda salta por los aires. Lo siguiente es un travelling de caracoles opacos que van chistando silencio. Las persianas bajadas de la íntimidad no dejan ver la clorifila de las malas hierbas que existen. La vida se abre paso. Se cuela por los poros de las cortinas buscando la celda. La multitud caverolada bulle, borbotea. El primer plano del fuego muestra los engranajes de la luz. En realidad, nada se quema. Sólo arden los estómagos llenos, ahítos de horas, desecados oceános (el peor desierto posible). Un pecho roza un codo y salta un chispa en el ojo de los gatos. Los balcones fruncen los geranios. La celda gime sus candados y poco a poco un mar de insectos se dispersa.

martes, 21 de junio de 2011

EL TOLDO

El sol abrasa como un hombre pesado. Huele al verde seco de los amarillos. Las mañanas traen una alegría de cumpleaños, una alegría de agua sedienta, chapuzones y brisa nocturna con luciérnagas. Se oye a Extremoduro, se ríe a marihuanas -tú dame otra cerveza- Sin reuma el cuerpo es un lugar legítimo, el sueño una pierna suelta, el tacto una experiencia nueva. Y se agranda el lugar para los hombres y la calle avanza y crecen los cuadernos, y se gradúan los cristales, y una enorme y griega lanza las palabras contra los cristales de las gafas porque la sangre de los ojos es la savia de las lenguas, y hay que se saciar las bocas de los parias. La calle vuelve a ser un lugar para el encuentro de los caminos. Los parques germinan adolescencias. Y las bocas polinizan la mirada urgente del oxígeno que respirarás. Porque el sol huele a colores musicales que vienen de vaginas mágicas, de palabras fluorescentes. Y la atmósfera entibia la inquietud infantil de los regalos, el nerviosismo del recién llegado, la ansiedad del beso que no llega, esas cosas simples que nos llenan de vida. Y por las noches escuchar crecer el césped girado por las manivelas de los grillos. Oh toldo verde, oscuro, de los firmamentos del verano.

EL DUODENO

Que te den por culo. Otra vez tarde ¿Has traído eso? Conocer la confusión, verter la vida, luchar sin convecimiento a capa escapada. Saber que la música no importa porque es larga, y no perder el tiempo en seriedades. Despreocuparse de nosotros mismos, conocer el sonido y darle un paseo, saber que la noche de los miércoles puede ser cualquier día. Pensar como si olvidas, jugar al seriamiento, nos vamos y todos contentos. Buscar a Julián, perder a Alfredo, mira el Abel, Jonás contento. Ir de aquí para allá si queda cerca, tener si me lo das y yo te invito, dejarse bigote un día de estos. Programar seriamente y no cumplirlo, querer ser el fary y no admitirlo porque Julio Iglesias padre es aún tu ídolo. Rimar y romper la rima en pareídos. Disolverse y juntarse. Hacerlo mal y qué bien todo. Sentir que un pedo en un eructo cabe, esto es ser duodeno, quien turutó lo sabe.

miércoles, 15 de junio de 2011

EL PARQUE

A ella, cerca ya de otro verso.


Me miras y a poco el pecho se abre. Como si un pequeño puñal fuese la llave bacteriana del misterio. De pronto el blanco. La claridad poblada de ti, de tu universo, del beso único. Y las paredes vuelan hacia la luz de la piel como una conjura de luciérnagas que cantan el brillo de los pájaros. Vuelvo a la confusión maravillosa de los dedos, a la creencia implacable de la luz. Vuelvo a la maravilla. Regreso a los momentos regados de regresamiento con la claridad de las cosas claras y los ojos cerrados. Qué fácil todo ahora. Todo. Ahora. Vuelta a las palabras del destierro como un elefante ligero con trompa de mariposa y vuelo nocturno. Hay amarillo por todas partes, melodías de labios, sonidos que sueñan con cuellos. Frentes limpias, ojos claros, madrugadas frías -¿dije más?- si lo dije lo digo más, más. Alrededor de la amplitud merodea tu presencia. Avanzas para que vuelva. Y cuando regreso de los antiguos candados veo brillar las preguntas pero ya no estás allí. Has robado la pregunta rota de la existencia. Ya voy de la mano nubil de los perfumes que se sientan en los parques. Los parques. Han vuelto los parques.

martes, 7 de junio de 2011

LA SALIVA

El polvo íntimo que se cae de tus gestos habla un lenguaje de piel. Para el amor como para la vida hace falta tiempo. Por eso las sonrisas maceran en el surco de las pestañas sopladas, por eso el más acaba siendo diferente. Anticipar el acto como una duna de finales diferentes y sentir que la vida cabe en el agua del vaso que nunca beberemos. Cuando tus ojos parecen mis ojos, cuando ya no veo más que tú, llega el momento del tiempo. Cuándo cuándo. Y de entre las rajas del sofa aullan manos que piden su tiempo, que recuerdan pasados, que recuerdan futuros y vuelve la incertidumbre. Y entonces regresamos al abrazo polvoriento de la piel, el cuello, la lengua, al lenguaje del tiempo macerado. La mano, el ojo, la cintura. Todas las vocales que se desprenden del cuerpo hablan a viento vuelto, suenan a ecos de hojarasca. Todo es débil, tranquilo, seguro, en el ojo por ojo de las miradas, cuando el tiempo se desarrolla baja el volumen de la tragedia. El tiempo se necesita para perder la urgencia. El tiempo no se usa, no cabe en los relojes, el tiempo habita en los perfumes de las canciones, en los poemas de amor de los cornudos. El tiempo vive en otoño y sale en las madrugadas calientes de julio. Sabemos que existe por el frío que deja su saliva.

viernes, 3 de junio de 2011

LA LENGUA

Murieron los sueños cuando labió su lengua y era fría. Oh, lengua, hueso de luna. Lenguó sus ojos para sentir la fiebre de sus lágrimas y todo fue treinta y siete, martes, doce treinta. Se vio saliendo de la cama a buscar su ropa, comprar el pan, trabajo, casa, water, cama. Miles de seres esperando vencer el cariño del aire. El aire incondicional de las esperas legendarias. Más y lento son palabras de la piel. La misma que gime el olor dulce y agrio de las ojeras. Es en la piel donde se engendra el hastío. El tiempo pierde el apetito y entonces el aire es el vacío universal. La tibieza del oxígeno que exhalan los dientes. La vida desdentada de los caldos, boca a boca, botón tras botón en un misterio cerrado. Huesuda verdad de calcio estos besos que buscan los tuétanos del dolor. Los huesos suenan mal, son vértebras asustadas que retroceden de puntillas. La carne se fue con la carne, la luna hizo el resto. En el principio fue el aire y al final todo es un aire de cariño necesario para combatir el frío del verano. Al final todo es principio, todo es amor, vulgarmente hablando.