La melancolía sin tiempo ni espacio, como salida del oxígeno bacteriano de las horas se hizo presente. No hay manuales para el oxígeno, no hay compañía para el silencio. Nadie visita las tardes solitarias de marzo, no hay besos para la tristeza ingenua de las palabras tristes. La poesía es una niña sin sueño, una saliva besada por la luna, un escote luminoso que agarra la violencia de los sexos. La risa está manoseada por el despertar de las persianas, por la saburra de los relojes. Y la rosa ¿fue rosa la mía? construye piel en los cuellos que me miran sentados sobre el polen de las pestañas. He matado a Whitman, he parido un padre. Y de la burbuja atroz de los cuentos con miedo sacaba la maleta de las lágrimas. Si encontrase mis huellas quemaría el futuro. Yo supe del dolor desde mi todavía.
jueves, 14 de julio de 2011
LA MELANCOLÍA
La melancolía sin tiempo ni espacio, como salida del oxígeno bacteriano de las horas se hizo presente. No hay manuales para el oxígeno, no hay compañía para el silencio. Nadie visita las tardes solitarias de marzo, no hay besos para la tristeza ingenua de las palabras tristes. La poesía es una niña sin sueño, una saliva besada por la luna, un escote luminoso que agarra la violencia de los sexos. La risa está manoseada por el despertar de las persianas, por la saburra de los relojes. Y la rosa ¿fue rosa la mía? construye piel en los cuellos que me miran sentados sobre el polen de las pestañas. He matado a Whitman, he parido un padre. Y de la burbuja atroz de los cuentos con miedo sacaba la maleta de las lágrimas. Si encontrase mis huellas quemaría el futuro. Yo supe del dolor desde mi todavía.
viernes, 8 de julio de 2011
EL NIÑO
El niño es la poesía, lo desconocido, lo inquietante. En el niño se concreta la tragedia del tiempo con la carne tibia, diminuta y frágil de las cosas sin lenguaje. El niño es sorpresa, una metáfora de dientes perdidos. Muerto el niño, el niño es lo que importa. El niño tiene la fuerza del ojo y el llanto puro. Rezuma instinto, egoísmo, quebranto. El niño es el chantaje del cariño. Es la deuda de la vida, es el barrote, la muerte proyectada anticipadamente. El niño es una presencia en la sangre, un quemor de tactos, el trepar de la carne por los oídos. El niño es la bomba del vómito agradable. Enseña sin saber mostrando las uñas a las despedidas, el mal concentrado de la distancia. El niño siempre es mi niño, es la solidaridad del dolor limitado. El niño gusta por involuntario. La niñez es lo anterior, el tiempo de la poesía en el hombre, el antilenguaje. Es la importancia del gesto, la súbita alegría de un gusanito, la sugestión del sonido. En el niño todo se apunta y nada se concreta. Es un océano lírico de sugerencias. El niño es un muerto recién nacido, el eslabón perdido de Emilio Botín. El niño es un lastre maravilloso con que las mujeres sacian la biología y los padres la cerveza. Es una ñ enorme, la dosis propia del ridículo, lo insoportable de los demás. El niño alcanza el horizonte. El niño es lo que queda en los adultos. El niño es su chupete.
miércoles, 6 de julio de 2011
EL HOTEL
viernes, 1 de julio de 2011
EL TRABUCO
La sorpresa, por el contrario es saltereadora. Se presenta con su trabuco y dice: Dónde vas gilipollas?
Entonces re-accionamos y la cara de gilipollas es nuestra". (E.A.)
Mirar diferente es voluntarioso, determinista, como una flor de plástico. La sorpresa es el trabuco. El cubismo viene del columpio sin palas de la memoria. La novedad, Perico, es ojo porque te ve. Podemos mirar el caleidoscopio con los labios, pero solo hay trabuco cuando los labios son el caleidoscopio. Por eso las tardes, que más me dan a mi las tardes, si las cosas decentes ocurren a partir de la oscuridad que es el color del alma. Siendo tan verano como cualquiera mis noches apenas tienen alma porque apenas tienen tiempo. Tener apenas un insomnio que prolonga la febril fatiga de los mecanismos al aire. Hablas del cubismo como una alegría y no. Lo que quiero es encontrarme El Guernica en un parque, darle una hostia al caballo y cortarle la lágrima a la bombilla como si fuera un filete de ternera. Qué mirar. A qué niño muerto. La podredumbre se huele con los ojos cerrados desde que el mundo es fango. Lo que quiero es trabuco, sorpresa, novedad. Llámalo dolor sano, como quieras. Lo que quiero es poder decir quédate, lo siento, mírame. Perdona.
miércoles, 29 de junio de 2011
LA NOVEDAD
Por delante un enorme mecanismo queda al aire, como una apacible noche de brisas. Por delante hay más, arriba, vamos. Vértigos, golpes y otras cosas verticales. La luz externa ilumina la claridad desierta de lo íntimo. Es el salón de baile de las canciones perdidas, es un ansia irrecuperable. Se duele más el futuro que la pérdida porque el dolor siempre duele más por previsible que por dolor. Duele más lo conocido que el conocer. El dolor es una antipatía del conocimiento. Es el alfiler que no pincha, la aguja negra que escondimos en el pajar, el final repetido de los domingos. No hay peor dolor que el que no duele. No hay mayor mal que la ausencia del bien porque no tiene mejorías. No te preocupes Papá, nada que tú no sepas, nada nuevo. Nada nuevo, ja. Para cuándo una sorpresa. Cuándo el Porfin. Por las mañanas los espejos me dicen que ya está, las puertas otra vez, las ventanas hasta luego. No lo pienses más ha dicho la radio, el coche, la vecina. Por las noches acudo a los parques para recoger aromas, algún orín de gato y una botella medio vacía. Bebo el poso despreciado de las adolescencias de otro. Por allí encontré a la experiencia agnóstica de mi misma, vaticinando porvenires como un abismo de pérdidas. Y esta cotidiana soledad. Cómo explicarte.
viernes, 24 de junio de 2011
LA HOGUERA
martes, 21 de junio de 2011
EL TOLDO
EL DUODENO
miércoles, 15 de junio de 2011
EL PARQUE
Me miras y a poco el pecho se abre. Como si un pequeño puñal fuese la llave bacteriana del misterio. De pronto el blanco. La claridad poblada de ti, de tu universo, del beso único. Y las paredes vuelan hacia la luz de la piel como una conjura de luciérnagas que cantan el brillo de los pájaros. Vuelvo a la confusión maravillosa de los dedos, a la creencia implacable de la luz. Vuelvo a la maravilla. Regreso a los momentos regados de regresamiento con la claridad de las cosas claras y los ojos cerrados. Qué fácil todo ahora. Todo. Ahora. Vuelta a las palabras del destierro como un elefante ligero con trompa de mariposa y vuelo nocturno. Hay amarillo por todas partes, melodías de labios, sonidos que sueñan con cuellos. Frentes limpias, ojos claros, madrugadas frías -¿dije más?- si lo dije lo digo más, más. Alrededor de la amplitud merodea tu presencia. Avanzas para que vuelva. Y cuando regreso de los antiguos candados veo brillar las preguntas pero ya no estás allí. Has robado la pregunta rota de la existencia. Ya voy de la mano nubil de los perfumes que se sientan en los parques. Los parques. Han vuelto los parques.