martes, 27 de octubre de 2026

LA CRÓNICA


Para Israel Sales, Ramón Domenech, Martín Bellaco, Juan Carlos Usó y demás ausentes.



VIERNES 9 DE OCTUBRE

Pues sí, a punto de cuarenta y siete palos y con estos nervios. Es como si volvieran los Reyes Magos, pero esta vez con setenta u ochenta padres. En Nexus los Reyes son los Pajes, claro. No quiero hacer la gracia de los camellos porque aquí se viene en plan científico, aunque luego se nos olvide. Lo que está claro es que la cabalgata se hace en el Rincón de la Victoria (Málaga) y los caramelos no se tiran.

Decía, que llevaba unos días con el estómago de punta, como si tuviera un examen gordo. Como si me vinieran unos días adolescentes. Pues con ese retortijón me eché a la A-66 y cuando llevaba una hora y media de Jai Cuzco, comienzan las putas señales de obra hasta degenerar en un control de la hostia en el cambio de rasante. ¡Puff! ¡Menudo Belén!

-Por favor, si de verdad existes…, ¡Supermán, sálvame!

¡Y vino! El único coche al que dejaron pasar fue el mío. Me sentí como si fuera el Brian que cae dentro de la nave extraterrestre, se estrella, sale indemne y alguien le dijera «¡qué potra!». Pues así fue, Chechú, y hasta aquí mi homenaje a Joe D´Alessandro.

Llegué al Rincón de la Victoria (topónimo de buen presagio), a la hora de los espetos, cuando el mar brilla con sus escamas como si fuera una brasa plateada. Limpieza en seco, me escupo un poco de coñoña y tiro al Alma de la Playa. Un wasap aquí y una llamada allá para avisar que ya estamos en «Tortosa». Apaño los cables y los micros que Bouso me ha dicho que faltan. Él lleva el ampli que está reciénarreglaodelatienda y todo apañado para la tarde del viernes que, según programa, debe empezar a las 19 h., aunque todo comenzó con rigurosa impuntualidad a las 20 h.

-¡Pero Bouso, este ampli va por Yak!

-¿No tienes Yak?

-Pero es que el micro va por Canon. Hace falta Canon/Yak.

-¿No tienes Canon/Yak?

-Sí, pero solo uno.

Héctor Márquez dice que yo tengo cables. Le digo que vale, pero que pelados tenemos todos. «La nave va, Xavi», desliza Bouso hasta que tres o cuatro risas después casi nos indigna la demora como algo impuesto. A nosotros, la verdad, nos dio un poco de corte el «retraso», y a los del Alma Playa ganas de matar por el retardo.

Alguien dice que el vídeo va a ser dentro porque fuera no se ve.

-Hace falta un micro porque el audio del proyector no se oye.

Y toca desmontar el instalache del ampli y volverlo a montar dentro.

Ya no decimos nada y pedimos una cerveza como quien pide cinco minutos de sueño.

Miguel Castejón salió al rescate. Hizo de «aprendiz de ceremonias» en una sala interior del restaurante. Con su voz de Nino Bravo hilvanó bienvenidas a base de sonrisas. Fulminó la espera cuando, con giro de maestro, reveló un cartel a su espalda que rezaba «estamos en hora». Joder!, qué galanura mediterránea.

-Y ahora os dejo con Juan Carlos Usó.

Y JC, esas dos letras como dos lunas de gato, cortó la banda del encuentro con una masterclass muy en su línea: «Flipando con las palabras». Erudición y desconcierto para irnos con la cabeza en ebullición. Juan Carlos entona con pausa escohotada y sonrisa canalla, ese adjetivo que Xavier Vidal no entiende.

JC recordó que ya nos motejaron como «Los de la droga» el año pasado. Desgranó la terminología psiquedélica y la puso sobre la mesa de la pedagogía. Juan Carlos te convierte, te mejora, por muy de pueblo que sea el bibliotecario. Cojonudo, ya digo.

-Y después de esto, qué hago yo-, pensé. 

Menos mal que primero le tocaba a otro par de esfinges: Héctor y Missa. «Tanto monta, monta tanto». El Decano de la cultura malagueña alzó el vuelo de los Días para no olvidar que Missa acaba de terminar y que muy pronto podremos leer en la web de Ulises. El título nos lleva de la mano a su intimidad aunque parece escrito como un anticipo de lo que será este Nexus: unas jornadas inolvidables. Missa Megías, ha sido una de las grandes culpables de este encuentro. Es un andamio generoso que protege sin que se note.

Hacía calorcete en el salón del Alma Playa. La intimidad subía la sangre de tono, cuando proyectamos la «Muestra gráfica del Universo Ulises» de Miguel Aroca Productions.

-¡Se te va la olla!

Un repaso por la historia de la revista a través de las voces de Israel Sales, JC Usó y Laia Pascual con música de Vito Ranucci, Salvador Candel y Famous Forgotten Artists, dos de ellos residentes en Onda Ulises.

El vídeo nos informa que también la web, ese «espacio dinámico en continua expansión», ha permitido ampliar contenidos y que El Globo, la newsletter semanal de Ulises, ya supera los 100 números. Es la píldora de actualidad psiquenáutica, un dealer de atención, según nos informa la voz del jefe: Xavi Vidal.

-Hostias, que me toca.

Tras una pausa prostática salimos a la terraza del Alma, donde el aire comenzó a teñirse de primavera.

Me procuro otra cerveza para que no se me atragante el trompetero. Y como no hay bien que por mal no venga, mi lengua de alpargata perdió la memoria y algún folio para mutilar los versos que traía preparados. Con todo, gracias a mi delegación de palmeros ñúes, acabé engañando al público asistente y sacándoles algún que otro piropazo. Como soy el que firma la crónica de «Los de la droga», me permito detallar lo más hermoso que me han dicho en la vida:

-La poesía no me gusta, pero la tuya sí.

Firmado Augusto Villagra.

Basta lo suficiente, que diría Juan Ramón.

Unos pierden el ego y yo me lo fabrico. ¡Olé mi polla!

Mi turra convocó la lluvia que quiso caer en los primeros compases de Sofía del Estel. Que su hermosa voz y delicada armonía nada tuvieron que ver, lo demuestra que al poco escampó. Con ella comprobamos que los abrazos también se cantan, como la nana de una madre que nos acuna. Sofía, qué nombre tan bien entonado y qué miel para el oído.

Abierta la noche y cerrados los bares, nos tanteamos las caras a base de sonrisas, miradas y algún porro. Joder, vaya canutazos los de Rex.

-Llevan Uranio Enriquesido.

-No me extraña. Vaya globete.

Ramón el canario, como leí la Zeta de mi Alfaveto, me dice que tengo que ver Zeta de Costa Gavras. Y tomé nota, Xavi. Marta y Albert Lanchas me dicen que le ha molado mi forma de recitar, que se nota que tengo tablas. Yo le juro que es la primera vez y él que me parezco a John Cooper Clarke. Y tomo nota, Xavi. Porque aquí aprendes por ósmosis, por muy ñu que sea el bibliotecario. Saludo a Juan DelaVida, a Juan Ramón Cuadros, a Andoni y señora, a Carlos y su timidez musculosa. A Miguel y Rosalía, una pareja unida por la sonrisa.

Luego, cada mochuelo a su olivo.


SÁBADO 10 DE OCTUBRE

El sábado morning al Hotel Fay. Hoy soy yo el que piensa que las charlas comienzan a las 12 y resulta que no, que es a las 10.

-¡Cojón!, llego tarde.

Bouso me escribe «Necesitamos un alargo, podrías traerlo porfa?».

-Claro. Me doy la vuelta a los gallumbos y voy.

-Guay, merci. Hay batería para 45 minutos, así que no hay prisa.

Aunque a mí ya me ardía el culo.

Lo llevo, pero si ayer faltaban cables hoy sobran. Claro, hoy está Cristoph Sion a los mandos del vídeo y Ramón al sonido. Con buena polla bien se folla. Con perdón. Xavi ¿puedo escribir esto? Si no lo quitas, que yo no sé como va Ulises de chorradas, o yo que sé…

El caso es que volvemos a empezar tarde, pero igual de mejor. Laia atiende las mesas con el «merchan» y las revistas Ulises. Si el año pasado el número llegó al día siguiente de la presentación, este año ni está ni se le espera. La peña ni pregunta. Se da por sentado que la nave va.

-¿Jonás, has traído los manifiestos?-, me pregunta Xavi.

-¡Cojón!

Dejo la alargadera al lado de Cristoph y salgo zumbando para el apartamento. «Sabía que iba a pasar. Menos mal que lo pillé cerquita», me digo.

Lo cojo y los llevo mientras Igor Domsac arranca la mesa de «La medida del misterio. La IA ante el enigma de nuestra propia luz». Igor diserta sobre «¿Qué nos hace humanos?» y yo me pregunto si él y yo somos de la misma especie. Me quedo loco. Igor es otro lumbrera de la psiquedelia que deja al auditorio con los chacras abiertos. En Igor la presencia es prestancia. Tiene temple de Trankimazin y sonrisa de ácido recién levantao. Sabe la rehostia. Lo mismo de Inteligencia Artificial que de Criptomonedas. En su web pone que se considera un eterno aprendiz de la vida: «explorador de la consciencia, al servicio de todo aquello en lo que pueda ayudar». Pero si algo le envidio es haber fundado FALO (Frente Alternativo de Liberación Onanista). Quiero mi carné. No hay más preguntas, señoría.

A continuación Begoña Grande, nos ilustra acerca de si «Las máquinas pueden generar respuestas» con la redacción de un poema colectivo a través de una app, que solo la consabida impericia Ulises dilató un poco. Con todo, su aportación fue una propuesta clarificadora.

Juan Calvi disertó sobre «Conciencia humana, música enteógena e IA». Si como músico es un fuera de serie, el aplomo de sus cadenciosas palabras convirtió su intervención en una letanía uruguasha, donde relacionó la tecnología con los instrumentos que domina como nadie. Por la noche aplaudí sus solos de viento con notas sostenidas hasta el más allá del pulmón. ¡Qué caja torácica, Dios! Pero si por algo recordaré al bueno de Juan fue por su amable manera de mandarme a tomar por culo cuando subí al escenario con mi saxo de PVC.

-¿Qué pasa! Yo también soy músico…

-Ya, peroooo…

Qué ademanes, qué sutilezas. ¡Bravo, Juan! La paciencia convertida en una de las Bellas Artes.

Al finalizar, Karen Vinueza comenzó su ponencia titulada «Cuando hacer ya no define crear». Donde la dulzura de su voz delimitó sus conceptos con enérgica nitidez, sin ningún conflicto. Una exposición clara como un chorrito de fuente necesaria.

Las intervenciones de Luis Otero y Raimundo Viejo no pudieron mostrarse por cuestiones técnicas. Estén atentos a las redes porque Cristophe obrará el milagro de introducirlas en su lugar cuando las ponencias se suban a internet. En este caso, la pesa del inconveniente alivió el platillo de los horarios y la jornada casi trascurrió según lo previsto.

Durante el breve descanso de entrecharlas: saludos, bostezos y cafés. Algún ojeo de revistas y publicaciones. Yo compré unas chapas de Ulises y las repartí entre la Delegación Ñu del Nexus: Candy, Frago, las Mónicas, Abel y Davirus, para tener un detalle con la manada.

A las 12:00, según programa, dio comienzo la mesa «El precio de la Epifanía. Psicodelia, entre el mercado y la libertad» que arrancó Miguel Castejón con «Recuperar o reinventar los rituales europeos con enteógenos». Confieso que llegué con el frutero explicado, pero escuché con interés sus aportaciones histórico/antropológicas que solo mis feniletilamínicas entendederas desaprovecharon.

-¡Coño, si ahora va Fran!

Otro lumbrera. Este del Derecho. Un necesario dentro de los imprescindibles por lo que tiene de práctico. Si cada uno de los que ha librado de una multa dieran un euro, tendríamos para levantarle un monumento a Lola Flores.

-¡Válgame!

A mí se me va. Lo siento. No le sigo, vamos. Al tercer dato me colapsa el corvejón. Lo intento, pongo cara de recuerdo, pero en mi cabeza aparece un mono con dos platillos por el DMT de sus palabras.

«Justicia social y reparación», tituló a su ponencia. Un pleonasmo que Azorín se empeñó en explicar aunque no hiciera falta.

Para rematar la jugada pilla el micro Xavier Vidal.

-Toma nota, Jonás.

Con su voz de párroco anarquista, con ese grave que da el barrio y el canuto, desgranó melancolías con trampolín. Xavi es un canalla, como todos los que van de tímidos. Le arrima la cebolleta al cachondeo por la vía del nomeentero. Creo que no quiere Karaoke porque le gusta demasiado. Lo sé por la forma en que sus labios repelen la alcachofa del micro. A todos les pasa al principio hasta que destierran la vergüenza y comienza el magnetismo.

Yo estaba en la última fila y apenas entendí nada de lo que dijo. A Xavi le supura el catalán: ese argentino pasado por el chino de Triana que si puede se ahorra los adjetivos. De cada tres palabras, cuatro son nosé que es la forma de amodestiarse que tienen los prudentes. Tiene el culo pelao de abrazar a la vida y documentarlo como si fuera un notario del lumpen. Un día me puse a ver un documental de La2 y lo documentaba él. La Movida catalana se la sabe entera y lo que vino después, porque la vivió en horizontal. A Xavi no se le puede decir que no, porque si no tendrás treinta años de mala suerte y se te preñará el hámster. No escribirá sus memorias, pero ya no le cuesta tanto pillar el micro como antes y hasta tenemos algún Podcast donde explica cómo nació la Hydra de Ulises. Acabará cantándolo todo. Lo sé. Está hecho un karaoker aunque aún no lo sepa. Yo me ocupo.

-Toma nota, Xavi.

Vale, a comer se ha dicho. Reúno a los ñúes/ñuses/ñus y nos enjaretamos unas raciones. Nos hacemos el reportaje gráfico para satisfacer al jefe y les dejo con los postres a medias porque ya son las 16 y hay que retomar las mesas.

A las 17, una hora menos en Ulises, comenzamos a disertar sobre «El lienzo invisible. Estética de lo inefable y el arte como portal». Juan Muriel se ocupa de la «Acústica y el conocimiento», Marina Ruty de «El arte como método de investigación de los estados visionarios» y yo pego la turra con «Palabras mudas», plagiando el título de Jonathan Ott.

Muriel desplegó su artillería filosófica acerca del sonido y de lo humano. Marina partió de lo personal para llevarnos hacia el arte visionario que al día siguiente nos mostró en directo.

Como resumen de lo anterior, pero desde el foco de L´Arravalera, Aura Roig nos recordó la importancia del colectivo con «Creatividad, comunidad y antiprohibicionismo desde los márgenes».

Tras la pausa -¡qué bien se nos dan!- pasamos a la última mesa del Nexus. El plato fuerte: «Psicodélicos: Más allá de la salud mental. Desmontando la panacea clínica para abrir nuevos horizontes». Con «¿Epidemia de diseño?» abrió Don José Carlos Bouso. Aquí solo se puede decir Amén y comerse los fideos. A Bouso, como a toda la gentuza Ulises, le interesa el lado social de la realidad para no flipar en colores. Lean ustedes su última perla «Medicina psiquedélica: Manual para pacientes, clínicos, usuarios y curiosos». Librazo que José Carlos ha escrito de memoria. Así…: ¡qué le den por culo a las bibliotecas!

-Hombre, un veinte por ciento del libro sí que lo he consultado.

¿Será cabrón?

Luego, Paula Lorenzo y Tre Borrás mantuvieron un diálogo sobre los «Saberes comunitarios en el uso de psiquedélicos». Erudición y sagacidad de toda una vida dedicada a la materia. Le dieron fluidez a su diálogo para que un público con ganas de praxis no pidiera la hora.

Cerró las intervenciones una de las grandes responsables de este Nexus: Missa Megías, con la interesante pregunta de «¿Quién decidió lo que es normal?».

Sale Miguel y hace lectura del manifiesto que pergeñó el gran ausente de esta edición: Juan Carlos Usó. Texto matizado por Laia y algo de IA, para el que no hubo preguntas ni comentarios. El que más y el que menos ya se había afilado los dientes y Farra fue el primero en salir por la puerta.

No sé que pasa los sábados de Nexus que nunca se cena. Cosas. Cervecitas primaverales para darle la bienvenida al Davirus que trae un cajón enorme para pinchar esta noche.

-¿Qué llevas ahí?

-Un muerto de tres horas.

KaseO con Zatu y Ringui Dingui como calentamiento, para soltar pierna. Luego ya se metió en camisas de once trallas que no conozco porque soy de Rulfo. Yo que sé. El caso es que la pista se fue poblando de sonrisas y golpes de hombro, que te devolvían al aeropuerto de la carcajada. Y así, entre fotos canallas, miradas diagonales, y humos variados, Davirus nos llevó por metáforas sonoras a la selva de la madrugada.

En general, hubo una recogida temprana.

-¿Nos quedamos un rato?

-Ya que hemos venío.

Así que pedimos unas Coronitas y aprovechamos el ayuno.

-Ey -dice Missa- que ya es el cumpleaños del Usó. ¿Habrá que cantarle el «cumpleaños feliz», no?

-Vale, pero ¿qué versión?

-Que se lo cante Jonás, que es el del Karaoke…

-…

-Vale, pero ¿qué versión? ¿La de Parchís?

-Coño, la tradicional. El «cumpleaños feliz» de los cumpleaños.

-Cumpleaaaañoosss felizzzzzzz, [etcétera].

-¡¡¡Felicidades, Juan Carlossss!!!

Y al poco, la nube se disipa.

-Oye, por qué no vamos con esa peña?

-Hostias, si está ahí el Ígor.

Como un faro imprescindible, Domsac ilumina las derivas y acabamos sentados en un corro de sillas y alboroto. Risas y polvos. CoKetas y cerveza. Alguien grita «Foto» y ahí queda el escarnio. Los ñus/ñuses/ñúes asalvajamos la manada en un rebaño distinto. Atravesamos dimensiones sin pomo, descojones sin asidero, tiempo sin hora hasta que las bocas comienzan a abrirse como un despertador inverso.

-Vámonos que son las seis.

-¿Hostias, las seis?

-¿Y el Igor, Javi y estos?

-Ni puta idea…

Y nos vamos a descansar para cumplir con el programa de mañana cuando alguien dice:

-En Nexus, el día grande es el domingo.


DOMINGO 11 DE OCTUBRE

Duchita, y desayuno en El Muro.

Xavi y Laia alegres y radientes.

Así sí: Mollete catalán y cafetito.

Mientras comentamos la jugada de la noche, en el interior de El Muro «Tandava y Gongs» a cargo de María Moruno y Carolina Pino que relajaron los zumos de naranja con su «danza meditativa y viaje sonoro». Buena forma de limpiar el ánimo para la jornada que entra.



Hilvanan una letanía de movimientos y esterillas por donde un baile de camareros fluye con armonía. Parece que un caudal de tolerancia nos empuje: cabezas que asienten con un impulso de latido.

Abraham está al frente del sonido para que la corriente no se detenga. Cable aquí y micro allá, como un diapasón atento. Al poco «Voces de papel: guitarra, canción y poesía», melodías de autor y versos en bandeja acústica. Otro canapé afable con que acariciar la mañana.



Entre tanto, la amistad comienza a crecer. El micelio hace su trabajo. Saliva y sol para dar profundidad a la risa que se culmina con los ojos. Algunos comen berenjenas y otros desayunan tarde como forma de engañar a la cena. Se respira un no sé qué de química hambrienta, mientras que Aura y Anuk se ocupan del bocado. Dentro de poco ampliarán la familia Ulises con afluentes para Nilo que fabrica sus mofletes.



A las 14 comienza Avimael (y su pianista) que tienen el gran detalle de versionar a Marc Anthony para mi deleite. Tarareo el estribillo del verano, me pongo principal en plan 40 y Xavi me graba la impostura.

-Toma nota, Xavi.

-No sé escribir.

-Pues hazte un audio, coño.

-Tampoco sé hablar.

-O sea que no me dejas que haya Karaoke… y luego… ¡Vale, vale…!

No aguanto más y me voy a por el saxo.

-Abel, saca la guitarra fuera.

-¿Vamos o qué?

-Claro, aquí hay que poner orden. O me tiro yo o estos no me empujan…

Y aparecemos en El Muro entre vítores de Estopa. Estoy que me canto encima. Xavi me ve y me dice:

-Hosti, ¿eso suena?

-¿Que si suena? ¡Vas a aprender a escribir!

Y suben al escenario Juan Calvi con su magisterio de vientos, junto a Sofía y mi hermano Abel que me deja preterido. Ni hablar, claro. Me subo al escenario con mi saxorruta, pero toda la verborrea sudamericana despliega su rotundidad amable para invitarme a dejarlo paluego. La vida es cruel, amigos. Cuando todo parece que te empuja a la plenitud, llega tu hermano -Abel, para más Inri- y te relega en pos de la armonía musical.

Menos mal que Paula (corazón atento) movió los hilos suficientes para satisfacer la autoestima herida de un pobre bibliotecario rural.

-Jonás, ahora vais tu hermano y tú, hasta las seis.

-A mí con que me dejéis pinchar cuando caiga la tarde me vale- apuntó Óscar Sol.

A la luz del lorenzo, Fito y Kiko Veneno.

Al acabar, la concurrencia pudo ver a un hombre pleno y feliz.

-¡Xavi, toma nota!

Mientras tanto Marina Ruty comenzó un lienzo de colores lisérgicos mientras la colmena seguía fabricando su miel afable de conversación y cerveza. Judith, ternura tímida y vulnerable; Rocío, ojos de obsidiana; Inmaculada, albur de gestos; Flor, silenciosa aventura…

Después del vermú comienzan las despedidas. Davirus, tú y yo nos vemos antes seguro.

-Mireia que tu apellido es como mi valle.

-Claro tengo que hacer grupito y vamos.

Óscar Sol arreglaba su mesa para comenzar la onda de «Luther Blisset: de la calma a la pista de baile». Sutilezas para oídos con paladar.

-Cojonudo, Óscar. Me ha encantado.

-Muchas gracias, tío.

Abraham proseguía su trabajo en la sombra iluminándonos una tarde regalada. La noche creció poco a poco. Y El Muro se recoge. Se encarpa.

Begoña Grande nos trasladó a su mundo onírico: «cuerpo, espíritu y tecnología» con una «performance inmersiva» de sugestivas imágenes tétrico-telúricas. Existencialismo poético por si aún quedaban mentes pretenciosas. Begoña Grande hace honor a su apellido y no le hace falta nombre artístico.

Mientras tanto Priscila y Rexal comienzan a preparar su puesta en escena. Paula y Bouso hacen «buena química» y hablan con el público de Nexus. La cosa comienza a entrar de lleno en lo irreal. Si el año pasado los And the… explotaron las cabezas más perjudicadas, este año el frenopático llegó a rebosar. Ni Berlanga ni hostias. Kusturica viene aquí y lo flipa.

Laboratorio queer, technocachondeo transformista, descaro mordaz, obstinado delirio, pachangueo contumaz. Quédense con este nombre: «Uranio Enriquesido».

Calvi se acerca con cara de pitorreo:

-Oigan jonases: recojan la tubería. Agarren la guitarra. Aquí no hay nada que hacer…

-Increíble…-, acierto a decir.

-Ni con que salgan en pelotas encima de un caballo escupiendo fuego pueden llegar a los zapatos de los «Enriquesido». Nada, pueden marcharse.

-Flipante…-, balbuceo.

Cada año la locura está mejor destilada. Me rió yo de las inefables experiencias psiquedélicas. A ver cómo coño cuentas lo que hace esta gente.

Mientras tanto un montaje de imágenes lisérgicas chorrean por la televisión de El Muro. Unos pomperos, repartidos por las mesas, dan a la escena una atmósfera de parvulitos y dopamina, como un DMT endógeno de almas en carnaval, de guiños caleidoscópicos, de jirones de ego y trapos de sueño.

Continuamos dentro con el «Delirio Colectivo: DJ Set, Groove y hardgrove» a cargo de los granaínos José Cardenas Quesada e Ignacio Titos Zamora. Rollazo de ritmos con bigote y flow a La Plazuela.

Más abrazos se levantan para despedirse hasta la próxima. Y quedamos los de mojar el dedo.

Nicolai, Marina y los demás, se recogen como una marea de sonido a donde acuden Bouso, Judith, Abel, Javi… y también tú. Con tu be y tu ele en las caderas.

Contemplo tus llamas de saliva con bengalas de memoria.

Pienso que la felicidad se debe parecer a esto mientras fundimos el abrazo. Orbito hacia tu baile vulnerable y me lanzo a la ternura de tu cuello como una caricia salvaje. Bailas con delicadeza, como la brisa que alumbra la mejilla, con la inocencia de un chupete que se cae. Asisto a tu asombro con adolescencia. Me gustas y te miro como aquella vez.

Lo demás ya es luego, este ahora de recuerdo, de crónica, de «toma nota, Xavi» que es un tómala tú con que zurzo estas letras. Es volver a lo íntimo, al cada uno que ahora parece menos solo y más amable.

Saber que ocurren estas cosas, que hay gente así por el mundo, vuelve al tiempo más sencillo.

-La nave, va.

-Tomo nota, Xavi.

jueves, 22 de octubre de 2026

EL LIENZO



El lienzo invisible:

PALABRAS MUDAS

por Jonás Sánchez Pedrero

Las preguntas saltan solas como resortes: ¿Qué ha pasado aquí? ¿Cómo explicarlo? Tras la experiencia psiquedélica los interrogantes nos acompañan con una respuesta común: es inefable. Las emociones, los escenarios y cuanto acontece bajo la estimulación química nos sorprende y nos lleva, como decía San Juan de la Cruz, «más adentro a la espesura».

Podemos nombrar nuestra realidad cotidiana porque el hábito y la costumbre nos permiten definir las palabras con las que acordamos llegar a un cierto grado de convención que asumimos como cierta. La palabra «casa» tiene unas características que el adjetivo ayuda a connotar: CASA-GRANDE. Este sintagma pudiera ser sustituido por un sinónimo como «chalet», «casoplón» y así hasta llegar al «ático» de la señora Ayuso.

Todos sabemos que existen porque algún amigo lo tiene, los hemos visto en las películas o nos lo ha contado un primo de Vallecas con ínfulas de Galapagar. No hay duda, existen. Aunque vivas en una infravivienda de pueblo póstumo, podrías hablar de ellos con relativa exactitud.

Sin embargo, cómo explicar lo que no tiene nombre, lo que no tiene más realidad que una efímera subjetividad intrasferible. Entro en este enorme jardín de puntillas, para no embarrar ni desbarrar, con la firme intención de mancharme lo mejor posible.

Cabría remontarse a los orígenes del lenguaje y puntualizar qué es y cómo funciona la comunicación, pero el poeta José Bergamín -lo reconozco, una de mis debilidades- ya escribió que «buscar las raíces era otra forma de andarse por las ramas». Por lo tanto teorizar sobre poesía me parece una pérdida de tiempo y hasta algo grosero. La poesía con poesía se explica. Hay mucha teoría sobre ella, muchas cátedras que intentan apresarla en antologías aunque siempre escape por su falta de corsé. También diré que la poesía es inasible. Al igual que la utopía, si se da un paso se aleja otro y así nos vemos caminar tras ella, pero «haciendo camino al andar» que diría don Machacado. Por tanto, aquí tenemos un paralelismo entre la experiencia psiquedélica y la poesía: su escurridiza naturaleza.

Hace unos años divagué en la revista Ulises sobre «la poesía como lenguaje psiquedélico». Allí acuñé esa oración tan cursi como respuesta al «estado translinguísticoi» con que Jonathan Ott se refería a su espíritu en las «experiencias visionarias».

Esa pérdida del lenguaje bajo los efectos de los psiquedélicos, sin embargo, no es una renuncia a la comunicación. Muy al contrario, durante ese trance nos relacionamos a base de miradas, de tacto y empatías de toda índole que nos llevan a sensaciones inefables de las que, valga la paradoja, venimos hablando.

En la entrevista que Marta Torres realizó a Jonathan Ott, publicada en el número 24 de Ulises, el etnobotánico se refería a las «palabras mudasii» como «las «palabras escritas» que «nacen por sí solas. No es por voluntad ni por esfuerzo mental», remataba. Cabría entonces preguntarse ¿De dónde vienen? ¿Quién las colocó en el lugar necesario para convertirlas en mensaje?

A quienes jugamos con el idioma, a veces las palabras nos despiertan del sueño, nos atracan los paseos o violan los atardeceres, sin que sepamos por qué. Simplemente llegan. No tenemos ni puta idea de casi nada porque vivimos en un paleolítico con smartphones. Aumentan las preguntas, pero no las respuestas. ¿Cómo, quién, dónde se generan las visiones ketamínicas, las pesadillas o el sueño? ¿Qué es esto de la conciencia? ¿La tendrá Netanyahu?

Ott, dijo en Ibiza, durante la I Conferencia Internacional sobre Ayahuasca, que lo esencial de la experiencia con psiquedélicos era percibir el universo como flujo de energía y no como materia. Que estas sustancias, lejos de ser alucinógenos, eran antialucinógenos, porque nos ayudaban a ver la realidad tal cual es.

El autor de Pharmacotheon habló sobre un poema de William Blake que pudo desentrañar después de tomar LSD. El poeta inglés dejó escrito que sus sentidos le permitieron «descubrir el infinito en todo». Blake también menciona la energía en su poema y todo esto «antes de las teorías de la termodinámica», remarcaba Ott. Jonathan relacionó al rapsoda con Richard Feynman quien vino a decir lo mismo doscientos años después. Quién o qué le pudo rebelar/revelar (con b y con v) al poeta británico, aquellas «palabras mudas» que todavía hoy resuenan a mi través. En cualquier caso lo inefable se explicó y lo hizo a través de la poesía.

Lo poético está más allá del lenguaje y para mí es tan abarcador como la emoción que subyace en todas las cosas, como si fuera su átomo emocional. En cualquier objeto, situación o instante, hay una tensión poética dispuesta para ser rebelada/revelada (con b y con v) y ser aprehendida/aprendida (con h y sin ella).

Escribir, es sorprender a las cosas. Para ello los poetas contamos con la herramienta de la metáfora, esa «figura/verso» que ilumina el ángulo imposible. Porque lo que no se puede explicar, se puede explicar mejor.

El fotógrafo Alberto García-Alix escribió que «las palabras tienen el poder de hacer visible lo que se esconde y lo que se anhela ver. La ecuación es infinitaiii». Con la poesía, como con el viaje psiquedélico, hay que dejarse llevar sin imponer razones. El verso no ha de ser cierto, basta con que sea certero. No hay que entender los huevos con chorizo, basta con que te gusten. Pero -ay-, Cervantes los llamó, hace más de cuatrocientos años, «duelos y quebrantos» al comenzar El Quijote. Nunca unos huevos que no caté me han sabido tan bien. «Duelos y quebrantos» dijo. Duelos y quebrantos. ¡Qué cabrón!

Decía, que la metáfora se convierte en la mejor herramienta al servicio de la emoción poética. Para los académicos es «una figura retórica». La «Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita».

¡Pues vale!

La metáfora, como la poesía, escapa a las definiciones aunque para mí, se asemejen mucho a las «greguerías» de Ramón Gómez de la Serna.

Ramóniv, más que filtrar la realidad, la recreaba y creaba con su tamiz poético:

«La gasolina es el incienso de la civilización».

«Soplando velas se hacen brotar luciérnagas en el campo».

«La sopa es el baño del apetito».

«Después de comer alcachofas, el agua tiene un sabor azul».

«Los azulejos son espejos con los ojos en blanco».

«Los suspiros no salen del corazón sino del centro de la tierra».

Ramón recrea, pero sobre todo crea realidad. Toca las palabras, las pone de lado para que nos rebelen/revelen (con b y con v) una nueva perspectiva. Descubrió lo inefable de la «metáfora translinguística».

En sus greguerías notamos su desparpajo para manejar los matices del diccionario. El matiz clarifica, ayuda al trazo de la idea. No es lo mismo un pato que un ornitorrinco, pero un ornitorrinco en la Gran Vía es todavía más ornitorrinco. El detalle de la palabra clarifica la idea.

Al igual que el idioma chino tienen multitud de términos para designar los distintos estados del arroz, los inuit las tienen para la nieve, o los gallegos para la lluvia como comprueba cualquiera que haya leído Mazurca para dos muertos de Camilo José Cela. El continuo contacto con «su» realidad les lleva a detallar lo que para un profano simplemente sería arroz, nieve o lluvia.

De igual manera ha venido ocurriendo con la jerga psiquedélica. De apenas disponer de terminología en los años cincuenta ahora podemos hablar de enteógenos, psicodélicos o psicotomiméticos, con ligeras connotaciones para referirnos a la palabra alucinógenov. Nadie duda de lo que es un «bajón» o un «mal viaje», aunque haya diferencias. Creo, además, que cada idioma deberá tejer su propia jerga con términos que puedan sentir como únicos que amplíen el abanico con que airear lo inefable. En mi pueblo póstumo del norte cacereño al set and setting lo llamamos «paisaje» y «paisanaje».

¿Cómo explicar lo inasible, cómo trasladar nuestra emoción a un ajeno? La naturaleza del misterio vive en su estupor. Sin embargo, decir que la experiencia psiquedélica es «inefable» ya es decir algo. Adentrarnos en ese «algo» puede parecer estéril. Y lo es. Pero la naturaleza humana nos lleva a estos desafíos inútiles. Pretender explicar lo inexplicable es muy humano. Nos enredamos en disquisiciones, chorradas de toda índole. Turras imperdonables, sí. Y sin embargo, un día, aparece la equivocación acertada. «No importa. Fracasa otra vez. Fracasa mejor», dejó escrito Samuel Beckett.

Ocurre que el lenguaje suele acotar la comunicación al ámbito del entendimiento. Los psiquedélicos, como dijo Richard Louis Miller, «desafían a las explicaciones reduccionistas. Sus efectos se propagan por las dimensiones: fisiológica, psicológica, simbólica y espiritual. Disuelven formas habituales de comprender el yo y el mundo, generando unas formas nuevas de significado profundo, pero escurridizovi». Los límites se difuminan como atmósferas, tal y como la metáfora poética deja en el paladar. Quien haya leído Pedro Páramo de Juan Rulfo o escuchado las melodías de Erik Satie, sabe de lo que hablo. Para Louis Miller la descripción de la experiencia psiquedélica es más fácil captarla mediante el mundo del arte y pone como ejemplo «los cuadros de Alex Grayvii». Para mí, una imagen vale más que mi palabras sólo si la imagen es de Baudelaire.

También el mundo de la física cuántica nos enseña que la observación humana tiene sus propios límites. Para embrollar este lío el «Principio de incertidumbre» de Heisenbergviii desinfla nuestras aspiraciones de saber, al recordarnos que al «intentar fijar la localización de una partícula» creamos «muchas otras» influyendo de manera decisiva sobre lo que percibimos. Esto es algo que Duchamp, al llamar Fuente a un urinarioix firmado por R. Mutt, ya nos había advertido. De nuevo el arte y la palabra adelantándose a la ciencia, como vimos con William Blake.

Todas estas reflexiones nos conducen al sumidero de la conciencia. Ya te puedes leer a Antonio Damasio las veces que quieras, que no hay respuesta. Al final todos llegan al principio: No tenemos ni puta idea. Estamos encerrados en los límites perceptuales que nuestra naturaleza de Homo Siemens nos aporta. Esos límites que los psiquedélicos ayudan a cuestionar, dilatar y expandir, pero dentro de las fronteras de la conciencia humana, que no sabemos qué coño es.

Quizá convenga revisar la idea romántica de la «inspiración». Oliver Sacks, en su libro Alucinaciones, recordaba que a mediados del siglo XVIII se consideró que las visiones y voces alucinatorias, tenían una base fisiológica en la hiperactividad de ciertos centros cerebrales», donde «todo escritor, era visto o se veía a sí mismo como el transcriptor, el amanuense, de una Voz, que a veces tenía que esperar años (como le ocurría a Rilke) para que la Voz le hablaráx.

A la pregunta de si «¿Es posible que exista una Consciencia Eterna que se manifieste a través de nuestro cerebro que lo utilice a modo de amplificador?» realizada por Juan Carlos Usó en su libro El sol salió anoche y me cantó, José Carlos Bouso respondió con su habitual lucidez que «por supuesto que es posible que haya una Consciencia Eterna que de alguna forma es independiente del cerebro y solo dependiente mientras el cerebro está vivo. Pero es que tampoco sabemos qué es la vida. Así que la ciencia materialista es solo una creencia más. La ciencia sirve para resolver problemas, pero rara vez llega a verdades absolutas. […] en ciencia hay un axioma básico que dice que la ausencia de prueba no es prueba de ausenciaxi».

Desde hace años camino a tientas tras la poesía. Más reciente es mi sendero psiquedélico. Creo, sin más razones que la intuición, que ambas estelas se tejen de un mismo asombro. Gozar su abrazo será suficiente mientras crezcan más preguntas.

Ya saben: preguntar, responde un poco.


Muchas gracias.

iManifestó ese «estado translinguístico» en la videoconferencia homenaje a Antonio Escohotado dentro del 9º Congreso Universitario sobre sustancias psicoactivas de la Universidad de México celebrado en Diciembre de 2022. Disponible en «https://ulises.online/encuentro/9o-congreso-universitario-sobre-sustancias-psicoactivas-universidad-de-mexico-2022/» [Consulta 29/09/2026. Ver minuto 1:45:54].

iiOtt habla de las «palabras mudas» cuando comenta el título del que será su siguiente libro [inédito y ya póstumo], en la entrevista que Miguel Castejón le realizó para el nº300 (diciembre de 2022) de la revista Cáñamo: «Se llama Palabras mudas y es sobre el proceso de escribir y de dónde nace la palabra escrita, la inspiración literaria. Es como una obra literaria, pero enmascarada en un ensayo, para demostrar que las palabras mudas nacen espontáneamente y no vienen pensadas».

iiiMoriremos mirando: textos completos / Alberto García-Alix. - Madrid: LaFábrica, 2021. p. 87.

ivVer «Nebulosa Ramón: la literatura como mundo» en número 23 de la Revista Ulises, año 2021. pp. 30-37.

vSe han barajado otros sinónimos. Al efecto Jonathan Ott declaraba que «Psicoóptica es la palabra adecuada en inglés que ya existe en el diccionario Oxford y viene de visión quiere decir «visión de la mente o el alma» y la palabra tiene que referirse al sentido visual porque es fundamental para la experiencia de la mayoría son cosas que ven, visiones. La palabra «psicoóptica» es una rama de «psicofísica», que quiere decir cómo se construyen imágenes visuales por el impacto de fotones sobre la retina. Es «psicoóptica». Y «psicofísica» es el impacto de la psicología de cualquier partícula o radiación sobre el sensor». Entrevista de Jaime Andrés Vinasco Barco. [Consulta 29/09/2026] «https://www.youtube.com/watch?v=4NLtMDH_XI0»

viMedicina psicodélica al final de la vida. - Barcelona: Ediciones Obelisco, 2025. p. 83.

viiIbidem. p. 78.

viiiUna explicación al «El principio de incertidumbre» de Heisenberg puede leerse en Lo que no podemos saber / Marcus du Sautoy. - Barcelona: Acantilado, 2018. pp. 205-213.

ix«Fuente» es una obra de 1917. «El principio de incertidumbre» de Heisenberg se publicó en 1927. También Magritte remató la misma idea con la imagen de su pipa, en la que rezaba «Esto no es una pipa» en 1929.

xAlucinaciones. - Barcelona: Anagrama, 2013. p. 75.

xiEl sol salió anoche y me cantó. - Santander: El Desvelo, 2023. p. 121.

jueves, 8 de octubre de 2026

LA FRONTERA

 


RESTAURANTE ALMA PLAYA

VIERNES 9 DE OCTUBRE a las 21:00 h.

LECTURA POÉTICA


HOTEL FAY

SÁBADO 10 DE OCTUBRE a las 16:00

EL LIENZO INVISIBLE: PALABRAS MUDAS

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL SITIO

Mi buen amigo Davirus, ayudándose de la IA, ha convertido un texto mío de 2010 titulado "EL SITIO" en un temazo que os dejo como adelanto de mi próximo disco. Espero que os guste.
 
 
EL SITIO
Los aeropuertos no son lugares: son sitios. Sitios fuera de sitio, fuera de lugar, donde es imposible ubicarse. Ni siquiera el dinero importa. Aquí el monetario es portante. No es sonante ni importante porque se tira de tarjeta con la facilidad de un perfume. Aqui el dinero es un peine. En los aeropuertos todo es trámite. Todo es embarque, todo es facturación. Un sitio impersonal donde no hay gente sólo pasajeros. El murmullo de los aeropuertos está fabricado en China. Es un ruido educado como de biblioteca portuguesa. En los aeropuertos las cervezas no emborrachan, delatan. Qué sitio. No hay despedidas ni besos furtivos, ni cigarro de espera, ni corre que arranca. Hay voces grabadas que te advierten como una abuela muda que cuides tu cartera, pero nada de llama cuando llegues. Ni siquiera el suelo es suelo. El techo no es techo ni las paredes paredes. Aquí todo es sitio. Un sitiado mate, cómodo, lleno de gafas, pulseras y cosas de cuero. Aquí nadie se echa un amigo y los bocadillos saben a galleta de bolsa. En los aeropuertos parece mentira que dentro de toda esa gente haya una persona. Hasta que en el escondido cuarto de baño encuentras unas ojeras cabizbajas que advierten: ahorita está cerrado.


viernes, 4 de septiembre de 2026

LA FENILETILAMINA


Joyce vaticinó el blog con su work in progress.

La belleza germina en la pausa.

Sabiduría para delirar con criterio.

Cada arte necesita su loco.

Sin cambio no hay buenos lugares.

La indiferencia imposta ignorancia.

Amistar disimula interés.

Tiempo para cansar razón.

Sucumbió a la filosofía del coñazo.

Tenía la sofisticación de lo simple.

Quedó afónico de escuchar.

Diferente solo era más.

Revistieron el asesinato de cariño filial.

Se llama soledad, pero acompaña.

A mí la humildad no me la quita nadie.

Se procuró un egoísmo sostenible. 

Sólo soy contigo.

sábado, 22 de agosto de 2026

EL AJO

“Prohibir lleva h intercalada, es un verbo espeluznante, la verdad”. 

Ajo.

  

A la delicadeza le han puesto gafas. El viento de la caricia fuma porros y chispea versos como lágrimas de un sauce poético. AJO es una Gloria Fuertes despistada. Viene de Palencia de esos lugares donde no ocurre nada, donde vivimos los que nos gusta mirar y que nos dejen tranquilos. Micropoetisa por decreto unipersonal afila lo sutil con maña de fregona. Ha hecho cualquier trabajo con tal de no trabajar. Se metió a taquillera para abrirle la consigna a la intimidad. Le encantaba descubrir al otro para mirarse en el espejo de sí misma. Fidel Moreno, que tiene ojo de Jesús Quintero y replica de Director de banco, le hizo la interviú donde se desgrana. Lo que dice ya lo sabíamos porque un verso da para mucho y un micropoema te aboceta el autorretrato aunque no quieras. Y a ella, además, se la suda. AJO va por las cárceles dedicando libros a las reclusas, viaja hacia las presas como un Mahoma hasta el coño de las montañas. Tiene el corazón de las fuentes, el caño de la infancia intacto como una ternura que nos brinda como si fuera un helado. Por eso nos la sirve en breve, con filigranas dulces de sonrisa, para que no se deshaga la emoción. Ya sabemos que la risa viene del dolor, de la ausencia o de una melancolía por llegar. AJO que lleva mucho tripi encima, repite, se repite y eructa la pompa de un chicle de fresa con olor a Rave. Sus páginas huelen a francachela y siempre tiene una cenefa para que le veamos la liga a su poesía. Hay niñas que no dejan de serlo nunca, pero AJO le pone voluntad involuntaria. El mundo le viene grande, por eso se repliega y se remanga en sus lunares, como la hija tímida a la que presentan a unos tíos de Cartagena. Tiene el timbre de esas palabras lanzadas al absurdo, esa manzana que cae sin dar a Newton. Su micropoesía vive en ese mundo a media Rayuela entre el collage y el rallajo Basquiat. Parece la bolita de opio que se llevó el ratoncito Pérez y que ella recuperó para no quedarse sin dientes y sin sosiego, para dilatar la nube en que escribe los versos. Como buena madrileña -quizá la última- llegó a Madrid y Madrid le llegó, como le pasó a Galdós en la otra punta del universo. AJO cantaba porque era tímida y subirse al escenario le daba un calorcito de alcaloide que reconforta. El escenario colma la vanidad paterna de los que no tenemos hijos, es un aplauso a la autoestima del que cuesta quitarse, pero el mono hay que pasarlo para no parecerlo y que te tiren sujetadores como si fueran cacahuetes. AJO, en esa marihuanería de lecturas, debió ponerse PIHKAL/TIHKAL y le llegó la frase «de la piel para dentro mando yo» desde un libro de Escohotado. Escota «ávido dólar» y cuco, se la quedó deslumbrado por el brillo mudo de su inteligencia de urraca. Los que le hemos leído sabemos que las vigas maestras de su nido vienen de Huxley, Szasz y Hegel. AJO parece una Isabel Escudero sin pose, ni boina de Universidad. Viene de la Malasaña de Nieva y otras móvidas de heroína. A AJO La Odisea de Nolan se la suda porque sabe que Itaca está en cualquier váter sucio. Parece su propia maraca de opio, su propio sonido de cascabel, como si la peonza y el plato chino jugasen en competi para caerse al tiempo en que se vomita la ayahuasca. Se le nota disfrutona y llorona como la ene que atraviesa su nariz si le hablan de la perrina. Antes se teñía el pelo y se pintaba los labios como las menopáusicas buenorras, pero ahora que viste el tiempo de la pereza se ha dejado la cana Sontag para que la veamos el micropaso del tiempo por si no nos gusta el libro. A los jóvenes no les gusta morirse de viejos y a los viejos no nos gusta morirnos de jóvenes. Ella es la joven que se hace la vieja para seguir siendo niña. La misma niña de mejilla de pueblo, sonrosada por las campanas, la nieve y el beso sordo de una abuela militante. Ya nadie llama ajos a los tripis porque ya el tripi no hay quien lo trague, porque no hay quien lo pase. Andamos en tiempos ticktockers donde el coloque tiene que sintonizar con el Lexatin del gimnasio y las extraescolares del niño. Hay que colocarse pensando en el que el último metro sale a la una y media. Ese chupito sobra y la psiquedelia te planta el espejo en medio del salón para que no te escapes de ti mismo. Ya nadie quiere quince horas de viaje a través del verso caleidoscópico de tus miserias. Nadie quiere conocer a la belleza de la realidad, darle dos besos y ponerle los cuernos con el cotidiano. Nadie quiere leer a AJO porque saben que duele distinto. Saben que leerla es encontrarnos al niño que somos, disfrazado de años, fracasos y supositorios. Nadie quiere desnudarle, sacudirle la morralla y encontrarnos al marciano de nosotros mismos para besar a Drew Barrymore con el carmín del juego. AJO es la onomatopeya de los niños con babero, y el ronquido de la mona de Bacardi. A mí me parece un tallo mecido por el viento que vibra y se para a darle la calada al sol. Parece la varilla con que se limpian las pipas: tacto de seda y alambre por dentro. Los microversos de sus micropoemas te quitan la nicotina del alma y toses mejor el radón.

domingo, 16 de agosto de 2026

EL CALOR


Menos blisters y más blotters.

Vivía en la comodidad de la resta.

La renovación acabó en restauración.

Apenas tuvo coito intelectual.

La nómina como indemnización.

Se dice escuchar, pero se hace en silencio. 

Adocenarse da calorcito.

Sin negocio la revolución no compensaba. 

¿No serás Godot?

martes, 11 de agosto de 2026

EL PLACER

Ya sobrepasé la edad en que no leeré los libros que tengo. Ahora se amontonan para hacer biblioteca, para dar compañía, para tener el abrigo a mano por si entra el frío de la lectura. Me dan certidumbre. Chorradas. Cuando uno no tiene más biografía que su bibliografía, a veces levantas la mirada por el gusto de verte a través de sus lomos como espejitos convexos que apepinan mi careto. Devuelven el retrato de tiempos complejos y un esperpento de dinamita. No esperaré al cáncer para dejar de leer novelas porque estoy con Pla en eso de que con más de treinta quien las lee «es un perfecto cretino» porque es la «literatura infantil de los adultos». La novela se finiquitó en el siglo XIX con los rusos, Flaubert, Stendhal y esta gente, que apuraron sus posibilidades. Joyce y Faulkner la convirtieron en una partida de ajedrez. Rulfo la doblegó al mundo del verso, pero ya Cervantes había hecho todo eso y todo junto en El Quijote. Y Quevedo, pues se te va la olla. Quiero decir que eso ya está, que uno anda por la vida como Giovanni Drogo en una repetición de su historia personal como si fuera Bill Murray en Atrapado en el tiempo. También escribir es actualizar repeticiones y aquí estoy, metiendo la pierna en el charco, otra vez. Uno quiere darle matiz, ser contribuyente, pero también la diferencia forma parte del siempre. Y claro, puestos a no leer, me doy un paseo por el vistazo y me paro en Huxley, que más allá de sus ensayos sobre drogas pues tiene de todo y sobre todo. Pellizco el índice y veo que se ocupa, por ejemplo, de los matices cotidianos. Oscila de lo personal a lo ajeno, de lo individual a lo colectivo, del hecho consumado a la hipótesis, del pasado a lo futurible con la mirada oblicua que le daba su glaucoma. Huxley sabía que para ver no hacen falta ojos. Cuando se quedó ciego y aprendió braille decía que había ganado en comodidad porque podía leer en la cama sin sacar los brazos, arropado y calentito. Ver es una vulgaridad, mirar, desentrañar, tiene una oscuridad de pausa, de interior, de comer el techo del sonido. De pelear con los tabiques de tu propio cráneo hasta entender que «la realidad es una alucinación avalada por la cultura y reforzada por el lenguaje». Huxley junto a Orwell son dos ensayistas que tocan la vida para ponerla de perfil. Reparan en lo cotidiano como si fueran entomólogos. Van con su lupa y su sapiencia para enseñarnos las mariposas del latido, su vuelo de duda, su colorido y su crisálida. En España fue Antonio Escohotado quien les recoge el jamo. También Sánchez Ferlosio, pero a Rafael le iba más el alfabeto, como un Nabokov anfetamínico. «Escota» sí. Escota caza lo que Aldous ya tenía pinchado y metido en una urna, pero le da tono, le da pedagogía y un poco de Amnesia ibicenca. Quien le quiera meter mano a Ferlosio tiene tres volúmenes de ensayos que lucen muy bien en el salón. Quien prefiera a don Antonio puede meterse con Frente al miedo I y II que le publicaron los de Página Indómita. Huxley está descatalogado, aunque estaba completo, creo, por Edhasa. Aldous es un chorro de razón, la piedra pómez del pensamiento. Te desfolia la chorrada con cuatro ideas como si fueran cuatro trazos con los que Goya te montaba la alegoría de lo humano. Huxley tenía un ojo Trueba y una Belle Epoque en la palabra. Entró en lo visionario a través de la poesía de Blake. Encontró allí Las puertas de la percepción. Luego ya entró sin llamar con Cielo e infierno y otras mescalinas. Soma para Un mundo feliz. Moshka para La isla. Pero yo de las novela paso, ya he dicho. Hasta para las de Huxley. Por eso llevo unos días leyendo Al margen y Música en la noche como si fuera un hámster en su rueda. No conviene repasar tu vida como no conviene repasar tu biblioteca, porque ahora ando contagiado de su ceguera, de su mirar las cosas por dentro desde fuera, con su análisis a lo Saramago cuya novela cumple 30 años. Sara venía de la pintura y el premio Nobel, por eso hizo el pastiche molón de la novela, pero llegaba tarde y repetido como Giovanni Drogo. Sí, ando con los matices mal traducidos de Huxley, con su romanticismo de espinas, con su machadiano mairenismo de guantazos y su flema británica. Ando con su tacto de pitoniso, con su atuse de gato de tinta ardiente. Con Huxley se me olvida la biblioteca y reparo en el santorrostro de sus textos. Entiendo la biología, la intuición que subyace en el medio. Entiendo que el hábitat hace a la especie y que mi condena son estos putos libros que me alejan tanto de la gente y alienta esta misantropía desganada. Sigo con mi biografía bibliográfica porque «las matemáticas no fallan pero tampoco aman» y me dicen que el Valle entero tiene ocho mil monos. Qué le vamos a hacer. Llevo unos días tan alegre que canto por la mañana y hasta tomo café los sábados. Huxley sabía que el resto del cosmos había que buscarlo adentro, que «se necesita un placer nuevo*», que la tecnología cambia la existencia por la vía de la comodidad, pero que la comodidad puede llevar al tedio y que habría de venir un Shulguin para completar la francachela. Que dándole vueltas al Safrol se encontraría la «droga total**» de la que habla Bouso en su manual de Medicina psiquedélica. Huxley viene de lo telúrico y llega a lo adivinatorio con la bola de cristal de su ojo virulé. Así ando en este agosto de fuego. Así me distraigo de los muertos distraídos por unas vacaciones que los cadáveres nunca tendrán. Con Huxley me entiendo. Ahora sé porque estaba en mi biblioteca, claro. Él ya sabía hace cien años que somos muchos y el planeta no da más. Ese es el Problema. A ver si tengo sus huevazos al marcharme de este mundo.


*Título de un microensayo incluido en Musica en la noche: «A lo que se me alcanza, el único placer nuevo tendría que proceder de la invención de alguna droga -un sucedáneo, más o menos nocivo, del alcohol y la cocaína-. Si yo fuera millonario subvencionaría a un grupo de científicos para que se dedicase a descubrir ese tóxico ideal. Si nosotros pudiéramos aspirar o digerir algo que, por espacio de cinco o seis horas cada día, aboliera nuestra privativa soledad, nos concertara con nuestros semejantes en una vehemente exaltación afectiva e hiciera que la vida se nos apareciese, en todos sus aspectos, no sólo como digna de ser vivida, sino también como llena de sentido, como algo divinamente hermoso, y si esta droga celestial, transfiguradora del mundo, fuera de tal especie que pudiéramos despertarnos al día siguiente con la cabeza despejada y en perfecto estado, entonces creo que todos nuestros problemas -y no únicamente el pequeño problema del hallazgo de un placer nuevo- quedarían totalmente resueltos y la tierra se transformaría en un paraíso». Se necesita un placer nuevo. (p.869).

** Así denomina José Carlos Bouso al MDMA en su último libro Medina psiquedélica.