viernes, 15 de mayo de 2015

LA CUCHARA

Como una cuchara sin memoria llega la luz. Ahora tendré que forzar la piel para  llenar el hueco de la cuchara. La cuchara se lo llevó todo con su metabolismo de halcón. Su hambre de polvo como una delicadeza que se pierde y llora, sola de parque y plaza. Reconozco cada segundo, alguien dijo “¡Cómo pasa el tiempo!”, nadie dijo "cada mañana una lengua, cada noche más saliva". Nadie el sueño un enlace de bocas. Nadie los dientes son dedos que manda el ojo. Nadie, "que enfrente no hay nadie", nunca. Así que voy caminando por platos de sopa, chapoteando como un niño en recuerdos de ajo. Jugar es olvidar un poco. La cuchara limpia pero retiene, como el viento, como una zanja. Ahora soy, el recuerdo de esa cuchara.

jueves, 14 de mayo de 2015

EL HUEVO



“Me avergüenza haber vivido tanto.
Vengo de los demás cansado”
“Trata de volar el árbol y no puede 
Nunca la esfera logrará ser libre como el huevo”.
Jorge Oteyza.


Y quedarse frente al mar y esperar que la noche añada estrellas al tiempo. 
Concentrarse en el odio, y morir.

Y que escriba la rosa.


miércoles, 13 de mayo de 2015

LA CENIZA



 “Soy una anarquista paradójica”
Angélica Liddell

-El político tiene la amabilidad de los yonquis.
-Las locas tienen ojos de cloaca.


-La tragedia de reconocer cada segundo.



-Nadie habla del genocidio vaginal.
-Nadie habla de la paternidad industrial.

-Mi asesino quiere ser padre.

-La naturaleza no tiene razón.


-Conozco el erotismo líquido de la risa.
-La estética llora belleza.


-Escribo para tocar.
-Hay palabras como trapos.


-El dolor tiene su propio ojo.

-El ojo duele solo.



-Lo bueno conocido es lo malo por conocer.


-Hay una destrucción comprometida.

-Quién garantiza la ceniza.

sábado, 9 de mayo de 2015

EL CLORO

La barbarie empieza en familia.
Angélica Liddell.

A Mónica.

Y ahora qué. Para qué. Ya no me divierte jugar al escondite y el néctar de la alegría fabrica miel con pesticidas. Las letras del diccionario se caen y las mariquitas llegan volando hasta mi coche para posarse en mis pestañas mientras conduzco. Ya no me inquieta el para qué. Para qué. Han disparado a Eva. Han disparado al tiempo, cloro y asco por las albercas, y mi gorila escapa hacia el amor para olvidar el genocidio de las vaginas. Para qué olvidar. Hay que agotar hasta la última sangre de las letras. Y ahora qué. Ven, dame la mano, prometo no preguntar.

viernes, 8 de mayo de 2015

EL SONIDO

“El sonido es la arquitectura del cine”.
Orson Welles.

El sonido es una puesta en escena, un espectáculo de luz que cierra los ojos. Welles dice que le da arquitectura al cine que es como decir que le da cimiento, techo y ventana, quiere decir que le da wáter. Darle retrete a cualquier cosa es darle comodidad, escape, retortijón. Welles quería decir que la imagen viene del sonido pero le salió la alegoría, esa picture literaria de la metáfora. El fotograma como la palabra viene del sonido. Sin música no hay grito, y sin llanto sólo hay mueca. Necesitamos aire para oxigenar la sangre y la letra. Porque leer lleva implícito el sonido por eso los foniatras prohiben la lectura cuando operan. La música completa, por eso Ivan Illich habla de la oralidad como la palabra pura, que lo escrito sólo hizo industria. Por eso Welles dice que del cine sólo le interesa hacer películas. La imagen se escucha, el sonido se toca, la forma se huele, el olor se siente, y la palabra se ve, etcéteramente. Por eso hay que ver las palabras como dice Jordi Hurtado. En el sonido el olfato cuenta mucho. Olemos las cosas para concretar el instinto. “Un perro lamía el cuello de su dueña porque olía el cáncer linfático” decía el periódico. Para eso están las lenguas negras de los versos para lamer el tumor de la tristeza. El perro de la soledad ladra por las mañanas como si fuera un gallo loco, como si convocase al verso y a la lluvia desde el pétalo ronco de un ladrido.

jueves, 30 de abril de 2015

LA VESPA

"Ay, Manolete, si no sabes torear para qué te metes".
Popular

A Pablo Gadea,
maestro de lo concreto.

Todos somos un poco Manolete y piensa el general que el patio de particular es un soldado raso y menguante, que el horizonte se convierte en cielo si le quitamos el azul. Piensa el nombre que Pedro limita al norte con el apellido que tiene su frontera en el apodo. Fulano y Mengano son Pedro y Juan y necesitamos concretar la lotería en el cuñado de mi prima que le han tocado 30 kilos, porque lo temporal y nominativo es la forma de poetizar lo anónimo e intemporal. Se trata de que Juan tenga el cuerpo de la emoción, de que Pedro ronque y pegue los mocos debajo de la mesa. Rajoy es más presidente que el Presidente porque sabemos como habla, como gestualiza, lo que dice cuando calla. El sr. Presidente queda bien si se conoce mal. Hablamos del Sistema porque no queremos hablar de papá. El padre siempre es mi padre, claro. Tenemos el horror de la felicidad metido en el posesivo. La avalancha del nosotros va calando miedo a lo singular. Detrás de la minúscula del nombre común se esconde la mayúscula del nombre propio (que el universo cabía en una nuez ya lo dijo Hawking), y olvidamos que la emoción de la anécdota sirve. No importa lo cierto (tu verdad no, la verdad, etc) sino lo certero, lo que llegue. El chiste del infierno español vale para cualquier infierno porque España es la metáfora de lo cutre: cuando hay pala no hay carbón, cuando hay carbón no funciona la caldera. Reguemos con un Rioja que me he comprado un Picasso se entiende mejor (se entiende más) que si nos tomamos un vino porque me he comprado un cuadro (aséptico y funcionario como si lo hubiera escrito un maestro). Por eso el sustantivo necesita un adjetivo para delimitarlo. Torturador es el eufemismo de Melitón Manzanas, dictador de Hitler, imperialismo de USA, y así hereditariamente. Por eso funciona Macondo, Comala y don Quijote. Porque a la patada en los huevos hay que ponerle su hijo de puta -con nombre y apellidos- para que duela. Que no te vendan la vespa.

miércoles, 22 de abril de 2015

LA LECTURA

“Si no los lees parecen libros”
El roto.

  La palabra, como toda perversión, llega con la industria. Los fonemas deben subjetivarse para no caer en el engaño del diccionario, ese esfuerzo de académicos reales ensillonados de teoría y coronados por lo Real, ficticiamente. El diccionario no aguanta la riqueza de un idioma ni el mínimo examen lexicográfico. A María Moliner (por mujer y por roja) la dejaron fuera del sillón y mejor para todos.

   La palabra como instrumento de poder (nació para contar panes y peces, en el principio fue el verbo, etcétera) debe cuestionarse subjetivamente. “No podemos ser objetivos porque no somos objetos, somos subjetivos porque somos sujetos”, decía Bergamín, quien en plena época de alfabetización de Misiones Pedagógicas escribió “La decadencia del analfabetismo” poniendo la interrogación de la ignorancia sobre las íes.

   Hace años escribí “El saber sí ocupa lugar: son dos tomos y se llama Ivan Illich”. Por eso, si queremos entender cómo nació el uso industrial de la palabra y de cómo se creó una élite cultural a través del consumo Libro hay que leer sus tesis (paradójicamente). El libro, la cultura (véase “El mito de La Cultura” de Gustavo Bueno) como tantos otros mitos (la sanidad, la educación, la democracia), debe replantearse.

  Sucede que, a menudo, los mitos se retroalimentan. Y desde la escuela se invita a leer, a tener buena salud y buena educación, para poder servir (eufemismo de trabajar) en un sistema plenamente democrático. Oscuridad para la cabeza del avestruz para no buscar el agujero de la pregunta de qué es leer, en qué consiste la salud, la educación, la democracia, el sistema.

  En el esencial libro “Juan de Mairena” de don Machado se decía "Nos empeñamos en que este pueblo aprenda a leer, sin decirle para qué y sin reparar en que él sabe muy bien lo poco que nosotros leemos”. Hoy, día del libro, Cervantes y Don Quijote estarán en la boca de profesores, telediarios y otros guardianes de la mentira sin que apenas nadie conozca la obra, más allá de alguna ilustración de Doré y algún molino.

  Hoy se lee más que nunca (blogs, redes sociales, wasap, e-mail) pero es una lectura cercenada por la funcionalidad. Titulares que no profundizan en el vacío en que se escribieron, que no cuestionan el hueco para el que nacieron. El sistema lo absorbe todo y todo lo perfecciona. Hemos pasado de un analfabetismo real a un analfabetismo funcional. Sabemos leer pero no sabemos qué leemos porque no cuestionamos la lectura. La lectura ha de ser una pregunta, una emoción. Que la emoción se basa en la pregunta lo sabe mejor que nadie la poesía.

  Cervantes dedicaba su Libro “al desocupado lector”. Mientras se lee no se puede estar en otra cosa. Don Miguel deslizaba la lectura hacia lo imprescindible. Evocaba con su dedicatoria que leer no será nunca productivo. Será desocupado, queriendo decir despreocupado, libre, sin tasa. Cervantes quería decir que mientras se está leyendo no se compran acciones del Banco Santander.

  A menudo, en mi trabajo como bibliotecario, escucho: “quiero un libro para no pensar”, “dame un libro para dormir” o “leo para quedarme dormido”. Este es el panorama. La lectura ha de ser divertida para que no entretenga (“entretenerse es lo contrario de divertirse”, Bergamín dixit). La palabra ha de sostener interrogantes, una inquietud abierta para moldear las formas de La Cultura “ese saber del hombre sobre el hombre” que decía Umbral. Él, optimista y cegatón, concluía que "sólo La Cultura puede salvar al mundo" pero al mundo no le salva ni Dios “lo asesinaron” (ahora cito a Blas de Otero). “El arte es largo y además no importa” decía -perdón por la otravez- don Antonio Machado.

  Sin embargo, en este marasmo social donde la deriva nos devuelve los negros cadáveres del mar, uno encuentra en La Palabra el consuelo que las personas le niegan. Aquí, en el alfoz de la provincia, uno entiende como nadie -en el nunca- la importancia del aliento de los libros.

martes, 21 de abril de 2015

LA MANCHA

'Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme'.
Voltaire

A Víctor Chamorro.

Cada palabra necesita su loco. Cada demencia sostiene su muro. Sin locura el escombro extiende la ruina porque el orate rompe el tiempo. En la inquietud de las flores la muerte regresa a la luz. La sangre no puede pararse en la caricia, no en la claridad del beso. Por qué tanta luz si la luz es el color de los felices. Dijiste que la hormona no aguanta a la neurona, “la dehesa como un pan que no cansa". La palabra como viaje a ninguna parte (viajar es eso) tiene un destino de cuellos al sol. Las horas tienen su biología y nadie muere en la risa. La muerte no cambia de sitio, la vida está en todas partes, hay que estar loco para dejarse morir. Para matarse hay que estar loco, la vesania tiene sangre pesada, macabros caballos que cabalgan. El tiempo es un loco que no encuentra su cabeza y las palabras trotan caminos por donde no ha pasado nadie. Tantear el sonido, preguntar a la emoción como futuro, un qué más da que importa. Hay nubes que salen de la tierra y mucho verbo ser -excluyente filo- en este poema. Pienso que tendré que cabalgar más sobre la pausa, mientras salimos de Castuera.

miércoles, 15 de abril de 2015

LA PALABRA

Navega la oscuridad en la vibración y desdibuja la ceniza movida por el viento. Y surge un polvo maravilloso que se incrusta en los ojos. Temblar es un gozo inseguro, como un miedo, como una culpa que medra por las lianas del disfrute. De tus ojos nacen las manos, de tus oídos las manos con que tocar otras manos que salen de tu nariz. En el manantial de los matices se lavan las palabras desnudas. Salen con barro en los pies para bailar al horizonte, allí, el dolor corta la cabeza de las guillotinas. Ya no suelo empaparme del sonido de un verso –me hundo en silencio- no me interesa la poesía. Siento un manantial sonámbulo que estremece cada letra. Cada palabra necesita su fiebre, su loco que la transforme. Sin locura no hay cadencia, sólo tiempo enajenado.

martes, 14 de abril de 2015

LA TRANQUILIDAD


De Zóbel

Comprobar la tranquilidad del tiempo y la pasividad de los límites, cómo ensancha la distancia y se desdibujan los márgenes.

lunes, 13 de abril de 2015

EL GIGANTE

A Mónica.

Vuelas como los tallos tranquilos de la miel, acumulando actos entre las flores. Como una abeja invertida aplicando polen a los pétalos más negros. Vas creciendo y a tu sombra florecen los cerezos. En tu cercanía vuelvo a sentirme el niño que no fui. Siento que has crecido cuando te sientas sobre mis rodillas y me abrazo a tus tobillos como un cuello de dos hojas. La altura se mide en horas de suelo, en ese estar al pie de la nada que soy yo. Mis palabras no llegan a tu oído, pero si algún día, allí abajo, un labio agita sus palabras dando saltos, piensa en mí, y creceré un milímetro.