Septiembre es una pérdida porque es un comienzo. Comenzar es perder la calma. La calma es una piscina, un aftersun, un bocadillo y una caña. Agosto es el gazpacho donde se mezcla mejor lo dicho por eso septiembre siempre llega como una nube perdida en la tormenta de sol que es el verano. Es el mes de la urgencia, del beso atrancado, de la palabra nostalgia y la llamada de coleccionable. Es el mes de los bibliotecarios, El tiempo de prolongar la borrachera antes de que cuaje el hielo fuera de los cubatas. Es el comienzo de la matraca, del horario. Es el mes del matrimonio, la maleta y la factura. Septiembre es el mes del capitalismo porque todos los adjetivos conducen a Roma ahora que de Paris vienen los gitanos. Es el mes del despertador y la bronca de los padres. Septiembre acumula lo peor del año porque siendo verano ya es otoño y ya se ve la gotera del año nuevo. Septiembre es un abril deprimido. Es un jersey de lana, una caricia de tapadillo por debajo del cafe con leche. Es un catarro con voz de nicotina frente al facebook. Es el blog de las palabras chusta con comentarios obscenos. Es el recogedor con que se barre el mes de agosto antes de pasar por caja. El dinero brilla más que nunca en septiembre. La vida se cansa de ser real y vuelve al cine. Siete cincuenta la entrada. ¡Coñó!
jueves, 9 de septiembre de 2010
miércoles, 1 de septiembre de 2010
LOS CHUSTA
(Para Carmen, Chuchi, Abel, Saul, Fernando, Pablo, María,Vero, Peter, Marga, Bea, Víctor, Candy y el Ruso. Los Chusta de este San Ramón 2010)
De sus ojos pende una luz desprendida. De su risa una vibración empática, como recién salidos de la canción Fiesta de Serrat. No tienen dinero, tienen botellines. Tienen manías, tabaco, y sus cosas. Tienen cara de banderita y lo son cuando caminan como un corro de la patata aéreo, vertical y charanguero. Son la matemática de la paja ajena. Son un poco silencio, un poco risa y un poco familia. Son la empatía del porro, la claridad rojiza del papel arrugado de sus ojos. Los chusta, son la colilla de la gente, la chusma bien dicha, los que piensan que la vida es un cigarro, un botellín, un polvo, un amigo, son todo lo que entra en un cubata, lo que cualquiera resumiría en un eructo. Son los ocho a doce de la mañana, los despedida de casados, los te dejo, -¿te vas?- y cómoquepacasa. Les hace gracia la muerte pero les duele la desgracia. El dolor es un chupito que se beben sin nostalgia. Los chusta siempre sobran porque siempre están de menos. Son los solitarios, los abrazos abiertos, son el vecino molesto del piso del segundo izquierda, la halitosis, la diarrea, la raba, son todo lo que sobra al organismo porque son todo alma. Si están a setas, están a setas porque si no están a chapas. Yo soy mucho de ajuntarme porque voy de solo. Me gusta ser chusta porque estoy harto de enfriarme en mi ceniza.
De sus ojos pende una luz desprendida. De su risa una vibración empática, como recién salidos de la canción Fiesta de Serrat. No tienen dinero, tienen botellines. Tienen manías, tabaco, y sus cosas. Tienen cara de banderita y lo son cuando caminan como un corro de la patata aéreo, vertical y charanguero. Son la matemática de la paja ajena. Son un poco silencio, un poco risa y un poco familia. Son la empatía del porro, la claridad rojiza del papel arrugado de sus ojos. Los chusta, son la colilla de la gente, la chusma bien dicha, los que piensan que la vida es un cigarro, un botellín, un polvo, un amigo, son todo lo que entra en un cubata, lo que cualquiera resumiría en un eructo. Son los ocho a doce de la mañana, los despedida de casados, los te dejo, -¿te vas?- y cómoquepacasa. Les hace gracia la muerte pero les duele la desgracia. El dolor es un chupito que se beben sin nostalgia. Los chusta siempre sobran porque siempre están de menos. Son los solitarios, los abrazos abiertos, son el vecino molesto del piso del segundo izquierda, la halitosis, la diarrea, la raba, son todo lo que sobra al organismo porque son todo alma. Si están a setas, están a setas porque si no están a chapas. Yo soy mucho de ajuntarme porque voy de solo. Me gusta ser chusta porque estoy harto de enfriarme en mi ceniza.
LA SOLEDAD
“Hablo de soledad porque estoy solo. Soledad es un pez que nada el tiempo, la soledad es una puerta abierta que da a puertas abiertas y vacías. No es ausencia de gente el estar solo. Es ausencia de mí entre la gente. El que no está soy yo, y ellos no saben, soledad es morirse a cualquier hora junto al museo de los medicamentos. Soledad es un agua que no hay, un sol que se ha dormido en los cristales, silla que no hace juego, un hueco en la memoria, soledad es un hombre solitario que se acerca a mirar las papeleras. Hoy me he visto a mí mismo, fastuoso de soledad, como un mendigo, mirando una lejana papelera y sacando un periódico del fondo, que es el mismo que lleva en el bolsillo, porque lo sacó ayer, y así por siempre.” Francisco Umbral.
Y de repente la cocina es un lugar vacío, la calle un lugar vacío y tus interioridades un vacío. Todo es un eco de palabras pobladas. Solo, sólo. Con la tranquilidad que otorgan los cementerios, sin la prisa vanidosa del más acá, sin la nostalgia melancólica del futuro. Solo, sólo. Desayunando huevos fritos, comiendo huevos fritos y hasta de marcapáginas un huevo frito con aceite. La emoción se fue por el sumidero de la palabra rota, de la distancia aséptica del pensamiento. Con todo lo pendiente por hacer, sin más compañía que un huevo frito y un manantial de soledades, galerías y otras penas negras. Cuánto tiempo, cuánto hastío que desgranar en tardes efímeras de chiste. Sólo, solo. Perdido, lost, perso, perdu, la claridad desierta de la isla de siempre jamás. Una lengua duerme sobre la hamaca plateada de una bala enorme como una palmera. Sólo, solo, despierto en mi vigilia sosegada cuando me caigo de la bala hacia el mar ondulado de la arena. Y la cocina es un lugar vacío donde no hay aceite ni huevos, ni balas ni arena. Y sólo un sumidero enorme de distancia desgranada por galerías llenas de palmeras. Y ya van tres veces en que he despertado en la cama del más acá, sin más temor que la pena de besar un muerto de tiempo negro. Solo, lost, perdu, perso, perdido, sólo, con todo el vacío por delante.
Y de repente la cocina es un lugar vacío, la calle un lugar vacío y tus interioridades un vacío. Todo es un eco de palabras pobladas. Solo, sólo. Con la tranquilidad que otorgan los cementerios, sin la prisa vanidosa del más acá, sin la nostalgia melancólica del futuro. Solo, sólo. Desayunando huevos fritos, comiendo huevos fritos y hasta de marcapáginas un huevo frito con aceite. La emoción se fue por el sumidero de la palabra rota, de la distancia aséptica del pensamiento. Con todo lo pendiente por hacer, sin más compañía que un huevo frito y un manantial de soledades, galerías y otras penas negras. Cuánto tiempo, cuánto hastío que desgranar en tardes efímeras de chiste. Sólo, solo. Perdido, lost, perso, perdu, la claridad desierta de la isla de siempre jamás. Una lengua duerme sobre la hamaca plateada de una bala enorme como una palmera. Sólo, solo, despierto en mi vigilia sosegada cuando me caigo de la bala hacia el mar ondulado de la arena. Y la cocina es un lugar vacío donde no hay aceite ni huevos, ni balas ni arena. Y sólo un sumidero enorme de distancia desgranada por galerías llenas de palmeras. Y ya van tres veces en que he despertado en la cama del más acá, sin más temor que la pena de besar un muerto de tiempo negro. Solo, lost, perdu, perso, perdido, sólo, con todo el vacío por delante.
EL OIDO
“Quien piense que yo amé cuanto miraba, vacíamente juzgó por el oído” Lope de Vega.
Lo vi. Bajo el sol moreno de la piel, todo un contorno de caderas se recortaba un mar de pestañas, que vivían de la mirada lasciva del orgasmo. Y había una ensalada fresca de salivas salitre. Subordinaré el sentimiento para que no se yuxtaponga la postura. Un hielo esperaba la chupada de una lengua tibia. Un cigarro sobre la botella de ginebra. En un callejón dos gatos fornicaban tranquilamente. El calendario apuró las palabras, las calles incitaban a la noche, recogían el paredón vestido de cabellos. Dijiste ¿volveremos a vernos? Dije que claro. Quería decir nunca. En esos instantes de mentira atroz es cuando la verdad de la vida asoma su cabeza y, por fin, el tiempo languidece esperando libar la savia añil de la mentira, una vez más. Será suficiente.
Lo vi. Bajo el sol moreno de la piel, todo un contorno de caderas se recortaba un mar de pestañas, que vivían de la mirada lasciva del orgasmo. Y había una ensalada fresca de salivas salitre. Subordinaré el sentimiento para que no se yuxtaponga la postura. Un hielo esperaba la chupada de una lengua tibia. Un cigarro sobre la botella de ginebra. En un callejón dos gatos fornicaban tranquilamente. El calendario apuró las palabras, las calles incitaban a la noche, recogían el paredón vestido de cabellos. Dijiste ¿volveremos a vernos? Dije que claro. Quería decir nunca. En esos instantes de mentira atroz es cuando la verdad de la vida asoma su cabeza y, por fin, el tiempo languidece esperando libar la savia añil de la mentira, una vez más. Será suficiente.
miércoles, 11 de agosto de 2010
EL HUEVO FRITO
Los que desertamos de la amistad como forma de autoafirmación pensamos la razón como un amigo. Lo habitual es pensar que nuestra forma de hacer un huevo frito es la manera. Hay mucho huevo frito en la cabeza de la gente. Para que el huevo frito sea bueno tiene que haber gallina, gallo, corral, pienso, aceite, sal, pan y hambre. No sólo pluma. Y así nos pasa. Si encima le tenemos alergia al pico pues nos viene el asma con lágrima y todo. El huevo frito requiere espumadera y sartén porque si no, tenemos manitas de cerdo. Y no sabe igual, claro, aunque la intención fuese la misma. Esto nos pasa con los convencionalismos mentales. Los convencionalismos mentales son el huevo frito de la razón. Se quema uno como le falte un elemento. Lo que pasa es que tenemos una posguerra congénita que nos da lo mismo huevo que manitas porque lo importante es llenar el estómago que es lo antagónico a la razón. El estómago es como el culo del pensamiento. No vale hacer un huevo frito y decir que también te vale la tortilla porque se desprestigia al huevo, a la tortilla y al hambre mismo. Porque si vamos al nutriente, vamos al nutriente y nos lo comemos crudo sin freidurías. Podemos jugar al vanguardismo y deconstruir el tema en espuma de clara de huevo con polvo de yema a la sal, pero eso es una cursilería de funcionarios que hasta del vino hacen un ranking. Los funcionarios son los rastacueros del huevo frito que desprecian el pitarra, la uva y hasta el vino en bota. Son la burguesía de la gilipollez que convierte lo fisiológico en un pago con tarjeta. El rastacuero tira de la cadena cuando orina el huevo frito, y pide perdón cuando se le escapa un gas. Ese es el problema de los individuos del siglo XXI que piensa, únicamente, como masa. Redilmente pensado, balando como una fuente enorme de huevos estrellados. Luego nadie quiere pagar la cuenta del psiquiatra cuando llegan los cincuenta. Nadie quiere decir este huevo es mío. Nadie quiere pensar hasta el final porque el vértigo desciende de la yema al aceite hirviendo y nadie quiere quemarse. No hay huevos.
viernes, 30 de julio de 2010
ELLA
Junto a tu dentro todo es un simulacro. Tu dolor es una muerte, tu vida la vida. Junto a tí todo es enfrente, todo es espejo y concavidades. La serenidad desciende de tu espalda. Yo jugué con las patatas fritas, salivé los objetos que ponías a mi alcance, reclamé el calor que me ofrecías. Hice la locura, pasé los test, llegué a las fotos. La basura estaba llena de envoltorios, manzanas podridas, uvas secas, pero al mirarte estaba la mariposa amarilla, allí, siempre tú. La gana torpe de la ilusión sencilla, el vuelo elegante de la sonrisa humana. Fuiste otra, la misma, quien no conozco. Todo el alguien. Eres la palabra fallida de lo enorme. Así ando, persiguiendo el valor de tu sombra nocturna. El vergonzoso poema esquivo con que iluminarnos una sonrisa recíproca que nos acabé llorando y abrazados. Allí, siempre. Tú.
LA PIEL
Mi piel es rugosa como el granito. A la vista es ajada como una sonrisa embalsamada. La siento como una búsqueda. La piel por sí sola es un pellejo, una fimosis humana, la acidia de los bálsamos protectores. Los ojos son la piel de la palabra amor. El ano la funda del orgasmo. El aire es el sol de la piel, el oído su vagina, la espalda su cerebro. La lengua piel humana. Las manos, siempre solas, son la televisión de la piel. Es una geografía de color, sabor y textura que depende de la sangre. Es un mantel, una mosquitera Piel es una palabra dulce con sabor a Mahler. Los tejidos siempre acaban por úlcerar. El fuego sólo es posible entre dos pieles. Basta una tela mínima para provocar un incendio. El verano es así. No puede durar. La piel es cosa de locos y el pezón su cumbre.
viernes, 23 de julio de 2010
EL VERANO
Algo así no puede durar. Todo está correcto por desubicado. La tela se recorta, la carne se expande, el tiempo se alarga, la noche se vive. La tele se apaga, las ventanas se abren, el cierre se cierra. Los madrileños vienen con su verano de domingo a beberse los festivos y el emigrante viene a demostrar que es madrileño. Cuando la costra se suelta todos sangran paletismo aparentemente. El español es un paleto porque la ciudad se inventó con la democracia y ya sabemos que el orden de los inventos no altera la falsedad de la cosa. Uno, que no cree más que en la piedra pómez, se jacta de ser un támbara urbanita cuando viaja en la línea 6 y un bala perdida cuando se pone a callarse lo que sabe de Palahniuk mientras toma una cerveza. Soy un silencio con agujeros. A mi hermano le gustó eso de El silencio calla más de lo que dice porque él es músico y sabe de sordera. Melendi no lee porque se la suda todo. Le importa una mierda la vida, la palabra, y hasta la música. Es un radical extremista, tanto que ni lo sabe ni le interesa. Él predica con el ejemplo que es como mejor se habla, como mejor se escribe y como mejor se folla. Abel es un tío acojonante que habla poco y lee menos. Es lo más parecido a un analfabeto, un yuntero del siglo XXI que surca las dehesas del sonido. Un intelectual a la antigua, de los que le iban a Bergamín. Está de vacaciones en ninguna parte que es donde van los que saben viajar sin prisa y sin dinero. El verano es así. Hoy ha venido gente a leer, a pedirme un libro recomendado por mi. Ha habido, incluso, un graciasguapo de resfilón. Menos mal que Madrid es mucho Madrid y el atasco adictivo.
miércoles, 21 de julio de 2010
LA ILUSIÓN
Vacío como un televisor la ilusión se apaga. Las imágenes, reflejos de sí mismas, se fueron tras una mariposa amarilla. Solo el otro se hizo interesante a través del misterioso tamiz del aire. Sobre sí, nada tuvo más misterio que una piel, descendiente de la piel inmemoriada. En su interior todo era afuera. La sangre en bolsas, el feto en ecos. Sin más adentro que el aire todo fue acondicionado. Quemó las pupilas frente al sol, quemó los dedos en tardes eternas de eterno amor. Hizo lo que debía. Pudo ser. Fue. Pero la tristeza manaba sin pausa de sus sienes como una pena indomable. Fue. Pudo ser. Hizo lo que debía. Y con el ruido mínimo de la luna al desaparecer, estalló su cólera frente al mundo.
sábado, 17 de julio de 2010
LA EXIGENCIA
Decir mío cuando piensas en nosotros es decir reparto. Exigir es un acto de igualdad. Exigir comienza por la letra Yo. Luego viene el imperativo Suyo y así hasta llegar al indicativo somos. La discapacidad es el poso enfermizo que da el régimen castrense de la educación hasta los dieciséis. Es el raquitismo del siglo XXI pasado por el batán del televisor. Internet, intangible como es, tiene piedras de molino donde escanear el tiempo y la vergüenza. Con el soplete del tedio pretenden fundirlo todo hasta encontrar la fórmula del agujero negro. Invertir los esfínteres, que la mierda caiga por su peso, domesticar lo incuestionable. Exigir es un acto de responsabilidad, el egoísmo más solidario. Señalar las bocas a través del ombligo. Unir el cordón umbilical de la miseria con el jugo gástrico de la anemia. Es un proyectil multicolor, polimorfo, etéreo. El césped recién regado, la piel fresca. Hay un buitre acechando.
jueves, 8 de julio de 2010
EL MIEDO
El miedo se padece. Es universal, fértil, tibio como un golpe, como una fiebre. Forma parte del tuétano oseo que nos sostiene. Sin miedo no es posible la clorofila del viento, ni nada del todo. El miedo es lo más importante del dolor, el corazón de la distancia, el ombligo de la lágrima, la vida útil de los tactos. Bajo su almohada habita un pene reptilíneo avieso de grietas y cúmulos de tiempo. Lo peor de vencer al miedo -no digo ganar- es sentir el frío de la puerta. Comprobar que es blanco y estaba chupado. La parte más pequeña del miedo, la más dolorosa, es el silencio: donde germina el grito.
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