La sangre suena a calor. Parece que el ritmo nace de un latido, pero es la tibieza la que convierte la armonía en un cauce que hace escuchar al pecho. Por eso los niños se duermen en el regazo y la madre se hace madre con la nana que valida la pena. Las mejillas de Björk son la porcelana del juego. Tiene el clítoris de Miranda July y el sabor a fresa de Oliver Latta. De su rostro se desprende la emoción rosa de las compresas. En su pose se nota que los niños no hacen películas. Su niñatismo no actúa, se manifiesta cuando se cuenta el cuento por malo que sea. Canta con la imaginación infantil de la vanguardia desbocada como si fuera la reina del ajedrez de Duchamp y Eve Babitz estuviera dentro del pisapapeles de ciudadano Welles. Björk tiene el desnudo de la mujer bajando la escalera, el cutis chino del porno y el ojo virulé del trastornado, por eso mira de perfil como las mujeres de tetas gordas. Parece un Val de Omar del pop, la lipoescultura de El niño de Elche, más fría y menos Radio3. A Björk le sale el Michel Gondry que lleva dentro. Gondry lo sabe, por eso le deja que cante sus vídeos con luz a lo Sarita Montiel. Sabe cortarse el pelo sin cortarse las venas, renunciar al paraíso fiscal de la marabunta sin renunciar al paraíso del fisco en mar abierto. Mide, con su inteligencia de hada, la calidad de su mito. Björk es lo que queda de la rave cuando la disuelve la policía. Es la porcelana del maquillaje, el cuello de las piruletas y el berre de las niñatas. Se pone la moda a la altura de la foto para lucir en el dominical su lucha por las ballenas. Se toca como si fuera el huésped de Michael Jackson jugando a la erogenia. Björk parece el hijo chino de Andy Warhol. Vende imágenes e independencia como una Jane Fonda de musgo, como si la muñeca de la caja de música se escondiera dentro de la música. Como si sacase la caja para llamar desde dentro con el tam-tam del misterio. Björk aparenta que no se tira pedos y ahí es donde huele. Como no se muera pronto, como no la maten, se le va a pasar el mito y solo podrá escribir sus memorias de Gloria Swanson para que la tengan en cuenta a la hora de La Historia. Fabricarse el mito en vida es comenzar a la muerte. Por eso cuando se le pone tonto el paparazzi se va pa Málaga a estudiar silbo gomero. A los seis meses later se volvió al rodillo para que no se olvidaran de sus quince minutos de fama. Björk suena a tachón, a anchoa que se ha ido por mal lado, a gotera de grifo en noviembre, al apócope de Attemborough que lo flipa con ella. Björk necesita una biblioteca que le ponga arrugas en la frente, que le corte el chicle a los agudos como si fuese el final de su película Trier que Haneke copia tan bien. Björk tiene nombre de tenista antiguo y televisor bueno. Es el Telefunken del pop cuando se le jodía el amarillo, como el despertar de una cabezada en la piscina. Björk se ha fumado el porro arco iris del talento naif, que no da positivo y huele a Grammy. Ahora tiene la edad de Madonna cuando le pedía «colabos», por eso se Rosalía para no operarse las tetas discográficas y seguir en la integridad de la pose genial, un poco Manu Chao a lo macroestadio, porque ella pierde dinero como forma de ganarse la calidad que le sobra. Banderas hace el Antonio por Málaga para ver si se le quita la baba de Solbes cuando habla, pero nada. La babita solo se perdona a las almohadas con resaca y a los tangas que se tiran por la ventana del mordisco. Björk se desnuda para taparse, para que no le sigan en la playa y le dejen sacar la tartera del Nivea. Parece un panda de las nieves, un dentífrico con sabor a leche que necesita lavarse la conciencia tres veces al día. Es la novicia de la música que deja los hábitos de manera cotidiana. Tiene el Perito Moreno enmarcado en el flequillo y un rumor de gánster en el silencio. Björk se viste de armonías y arreglos para que no le veamos los cueros a su voz monótona de Heidi. Se hace la filarmónica y el plano corto para que no reparemos en el aburrimiento de sus pecas. Björk todavía no sabe que la mejor belleza reside en el fallo, en la hostia de Bangkok, en el humo de las drogas que no toca. Gesticula como un arpa, como las figuras de los huevos Kinder y las lavanderas del Belén. Parece un dibujo Disney listo para empezar su videojuego. Pone nombres de Iphone a sus discos y estética de perfume a sus anuncios. Sabe encontrarle el filo a sus cosas para que el tiro se clave bien aunque salga mal. Ha tocado todos los palos del sombrajo pero le falta la poesía, la palabra muda de las orcas y el charol oscuro de su trino. Si Björk descubre la metáfora partirá el sonido con los manos. Cómo se puede ir por la vida con el cuerpo sin hacer y el poema sin sentir. Dónde se va hoy sin que te estalle la cabeza. Ahora que tiene sesenta febreros el cuerpo se le agosta y se le notan los diciembres, se le octubran los eneros y parece, un poco, su propio muñegote. Björk, con su mirada de gato bizco, con su lejanía de felino, mira el mundo con ojos entornados entre el cansancio y la idea. Con silencio harto y dulzura de anciano. Tiene en la frente una tribu que busca su río. Hace la música del rayo, preguntas con ansia de incertidumbre y ritmos con mareas que dejan resaca de cráter porque sabe que en la oscuridad no hay distracciones. Por eso se mira los pies tan a menudo.
Jonás Sánchez Pedrero (blog clausurado)
lunes, 31 de marzo de 2025
miércoles, 26 de marzo de 2025
EL CABRERO
Dentro del pisapapeles hay un líquido algo más denso que el agua que remueve una ficción de nieve que acaba por reposar. A veces siento esa ficción. A veces siento el papel bajo mis pies como una cárcel, como si el vidrio estuviese fuera y los copos cayeran como barrotes a mis pies. Siento la angustia de las emociones paralelas, el arañar de la congoja cuando el aceite no sucumbe en el agua. Ensalada de tiempos imposibles, de lenguajes distintos para una boca llena de trapos. La lengua del gato es ahora tú lengua, una zeta que recorre los dientes con tristeza. Ahora, hay veces que las miradas tiñen los ojos de agua, de ese agua servida con servicio, con la dedicada intención de saciar la sed. Ya sabemos las cosas que se escriben por amor. Pero hay tantas preguntas sin responder que lo imposible te inunda de cristal. La transparencia engorda y la visión se aleja con total claridad. Y sin embargo, hay un micelio que resucita cuando sientes las pisadas. Tampoco la ficción es pura, ahí reside el consuelo. Y volverá el pelo con sus gritos a tirar del tiempo, volverá la vida a rasurar los domingos. Nada nuevo ocurrirá, solo matices para el asombro, frescura para el olvido, saliva para el légamo. Cada soledad resbala a su ritmo, cada baile agoniza distinto como el pestañazo que invade las películas, como el sueño abandona a los dormidos. Como una cuña que encaja la conducta, cuando despertamos, solo queda una legaña que llora porque la han dejado sola en la cuna de su ojo. Llora porque los nidos se enraman y ella se ha quedado en la viga de la mirada, en el blanco perfecto de la diana, en la esclerótica abulia del llanto. Duerme, legaña, duerme. Ronca la ere de lija. Susúrrate el aire que nadie te soplará. Reposa los minutos de bronce hasta que el dinero vuelva con su trituradora. Su hélice vive en la barra de pan, en la tinta de las ventanillas y el zureo de los buitres. Detrás, la góndola del tiempo, la urraca logarítmica de las ofertas y el sujetador de la sonrisa. El caudal del misterio, esa alfombra durmiente, subirá por las piernas para angustiar al grito. Nadie entenderá a las bengalas, a las hogueras de carmín al trote. Nadie escuchará los golpes en la puerta. Nadie hará caso a las espitas ni a los globos. Nadie a las tazas que se caen por la película lenta. En la impostura de la goma, en el tacto tibio de las monedas, viven los microondas. Cocinan la piel de la infancia con menús desplegables. Trazan las alergias del plástico con agujeros nuevos y minerías de satélites. La silicona como velcro y como pecho. Como pegamento de ventanas, como lombrices de cáncer con olor a regaliz. El linóleo del concesionario será vehículo algún día. Tu nalga sufrirá el confort de cómodos plazos. El plazo, la cuota, la jornada, fragmentos para un imposible, para que un mosaico impida ver el árbol con su belleza subterránea de raíces. Quién preguntará a las metáforas, quién degustará sus berrinches. Algo ocurrirá como si fuera definitivo. Asistir al oxígeno (para respirar o quemar), será una puerta que se cierra como un falsario universal. Allí está la bisagra del cabrero, la lírica, con mis rebaños de artificio.
jueves, 13 de marzo de 2025
LA LIMA
Hay un sonido que se siente, una angustia de metal, una ene donde golpea el yunque de la ira. Es el silencio del reloj de arena, el lenguaje imposible desgranado. Es hacer el cubo de Rubik con el dedo índice de las pestañas para ver si así se entiende, pero no hay manera. Otravez pesa como nunca porque es un siempre de pistón. En esa ene horizontal de los días se envidia a la clorofila, se desea el rubor de la metamorfosis como el humo de un pulmón adolescente. Tiene la tensión del cráneo y las encimeras. Es la emoción a venganza cuando se pide justicia y la mirada que se sincera. A veces se cae como el helado inverso de las persianas, a veces como el cubo derramado de las goteras. A veces fogonea la pólvora de la memoria para no morir en el oasis del rencor, y se escurre por el sumidero paterno del «qué le voy a hacer si es mi hijo». Es ese chino. Es la resignación de amar y olvidar mucho y leer «quélevoyahacersiesmihijo» para no tocar la emoción recién pisada. Es el «ahora» cuando sabemos que «es imposible». Ese instante de mercurio, esa fiebre líquida que se va por sumideros de bronce. Que no se caiga el bate, que no se abolle el traje del coche, que no se distraiga nadie. Como una pasión de hélices melladas solo quedará el aire. Ese revolcón de grava con ínfulas de irse a por tabaco. Después de tanto todo para nada, quedan las migas de pan de un remolino en que ningún gorrión se fijará. Vamos, ya ni el silencio es lo que era. Ya no solitreas como antes. También escondieron la cuchara. Ahora todo se distrae como una noticia, como una torcedura de memoria que no dejará fotografías. Baldosas de lengua viva, fuego quemante sin calor y secuestros de mano. Asco limado por lo que acaba de repente como si
lunes, 24 de febrero de 2025
EL CONSUELO
Te fríen y dirán que estás quemado.
Preguntaba para auxiliar a la confusión.
Devuélvele el ruido a ver.
Llegó a la tolerancia por cansancio.
Entre elegir y seleccionar media un género.
Si hay creación flota.
Rechazó empatías de acero.
Cuánta pasividad egoactiva.
Encadena palabras y libera pensamiento.
Obeso por malnutrición.
Sin sarcasmo no hago visitas.
Qué sería de mí sin sus espejos.
Con-suelo.
martes, 14 de enero de 2025
EL TRIGO
El sueño se esfuma por la orilla con olitas de baba. «Estás despierto» o eso piensas cuando la oscuridad es negra y un reloj de un rojo mecánico te sitúa a las 04:27. Sales de la cama con el cuidado torpe de una anestesia, con la gasa modorra todavía en el movimiento, sales a tientas de memoria de este ridículo cegato. Con la seguridad de la repetición encadenas pasillos y puertas para mear sentado en el váter. Uno acaba por olvidar el momento de las cosas, esos inasibles que ocurren ya hechos. Lo digo por esa luz. Esa de ahí. Esa luz tenue sobre el vértice del techo del baño. Sentado, la picha morcillona y cabizbaja, como si mi dedo indice fuera un amigo que le sujetara la cabeza para que vomite dentro, chorros de olor a espárragos. La luz sobre el vértice del techo me observa, me pregunta qué hace mi mano izquierda sobre mi cara, por qué recoge la babita de mis comisuras. Mi mano derecha cuelga del antebrazo apoyada en mi rodilla porque mi pene ya cumplió su vomitera. Ahora la luz y yo nos miramos extrañados. Yo la pienso familiar como si la luz, cualquier luz del mundo, esperara a que la madrugada te recuerde el desnudo, ese ridículo común de los cuerpos que violenta a las hormonas. La luz, te mira como un pez triángulo, como el vértigo desvelado de la pirámide, como el sueño fosfenado en difusos trazos, como la arena arrasada por la ola de una lengua. Miro la luz mientras estiro mi escroto, mientras conciencio a los pelos de mi polla para que sientan la luz de la madrugada sin la urgencia de la erección, para que sepan de la poesía más allá del semen. La luz silencia, sosiega la oscuridad que le rodea, calma el ansia de las baldosas que la acucian. La luz, esa luz minúscula y diagonal, apacigua las preguntas del mundo. Pone las masacres en su minúsculo lugar de la historia, sabe que el universo goza sonrisas desgranadas. Que los fotones que ahora veo tienen rumor de broma, que el fuego que arrasa la vida, que el tajo del disparo que nos señala no es más que un silencio más. Que todo lo que nos acucia es oscuro, que solo duele la cisterna de la memoria, como si la orina solo sirviera para sentarse de madrugada y mirar cara a cara a la luz. Las manos reposan sobre mis muslos. Grasa y pelo. El olor, ese espárrago invisible que me cimbrea, no es más que otra luz, otro proceso silente de química vacía. La luz sigue ahí. Nadie sabe si existe o son el viaje de un cosmos extinto. Contemplo Altamira sentado en el váter, nebulosa difusa de un meado triguero y soñoliento. Esa luz ha trasformado el instante en un tiempo detenido, en un estallido de preguntas horizontales. La existencia no contesta a las preguntas, solo la luz hace respuesta. La luz no tiene lugar -dicen los cuánticos- es nuestra mirada quien la fija. Duchamp tenía razón. Duchamp ya vio esta luz en la fuente de un tugurio y se la llevó de exposición. Le preguntó a la luz si sabe quien es, si sabe que existe Gaza, si sabe que existe la Historia y el uranio. Enlazo sueño con sombra y divago por sus avenidas tras el misterio de la cabezada. Y le pregunto al tiempo por el espacio y hablamos del eco, de la esclerótica del sonido y la sinestesia del tacto. Hablamos, creo. La luz sigue ahí, con la resignación del silencio por respuesta. Con la inteligencia condescendiente de la presencia muda, con las ganas hechas baldosa. La luz me mira -mirar pregunta- y me avergüenzo. No sé qué decir, desde este lado de la sombra.
miércoles, 18 de diciembre de 2024
LA NAVIDAD
La Navidad tiene ritmo de objeto. Es un Belén en una caja y chuparle la cabeza al langostino de la vida. El frío concentra y te fijas en lo dura que está la silla. El frío se estira en tus orejas, te encoje los huevos y encofra los pezones que siguen ahí con sus preguntas. Se acaba el año como si fuera un cumpleaños social, con la gilipollez satisfecha como cualquier satisfacción. En la provincia de tedio y plateresco, se ven caras de Martínez Soria. En los pueblos muge un petardo, estallan puertas y se mata a la mujer. Los pueblos son sarcófagos en extinción. Ya no tienen el gracejo de la huerta con sus rulos de ahuyentapájaros, se han vendido las albercas y las cabras se afeitan la perilla paeltir-tó ese. El pueblo ya no es Telecinco con agua caliente. Ahora es una antena, una enorme K por donde tobogana un 5 camino de Netflix. Es una raspa enorme que no sabe un villancico. El villancico es otra nana perdida, otra botella de anís que han escondido. El mundo se llena de cenas con berrinches de carmín. Culos sin tanga colocándose el vestido de la foto. El frío tiene también un poso de alegría, la chispa del moribundo y el asco decente del chupitazo. Se rascan las drogas con la gracia del moco, con la saliva que se escupe y la palabra que no se entiende. La carcajada se alimenta de legañas y peladillas que nadie come porque tampoco hay ya bandejas de esas que ya no hay. El frío, el tiempo, la peladilla. Angustia diminuta, dolor de oído. Olor a rastrojo en las cuerdas de la ropa, chimeneas de pasado que se esconden en el pelo. La ciudad es lo de siempre, chorros de gentío por el sumidero de la prisa, el metro que van a dar al morir del mar en Semana Santa, ay. El frío tiene unas cinco de la tarde únicas. Es la hora de la Ketamina. Cuando se duermen las camas de los hospitales y termina cine de Barrio. El frío vive en Canillejas, en las hogueras de ladrillo y las afueras del cardo. En el aceite de las churrerías del aparcamiento y en el paladar quemado del ansia palpitante. El invierno cría los pendientes de la centella -la luna te mira mira y el charco te está juzgando-. El frío trae caricias gordas de calentón y sexo inesperado. Muertes de calendario, cervezas de Algidol y dolor de garganta. Tos de barro, guantes que se pierden y mocos que cortan. La navidad se disuelve rápida como una vida exprés, como una gota de Fairy que se ha quedado sin plato, como la intemperie que resuelta cuando las cosas se acaban. Pincha como una cáscara de nuez rota, como la peladilla que te rompe la cuenta del dentista. El frío es el recuerdo de aquel verano. La mano que corta la línea y el escalofrío del mear. El frío es la taza caliente y el nido del vaho. Es un calor que no suda. Es un wasap tontorrón con aliento a aguardiente. Es la mano que se mete en tu chaqueta y te flirtea los calores. Es la luz roja de la reserva, sin reserva y doce uvas. Es una algarabía de niños que no se duermen, papel de plata en la nevera y aguinaldos de emoción. El frío tiene un granizado en la frente, como la dosis de verano que sale del cagané.
viernes, 13 de diciembre de 2024
jueves, 5 de diciembre de 2024
LA VIRGULILLA
A Mónica
Te das cuenta que has subido el tobogán de la constancia cuando te deslizas por tu bibliografía con el ojo sorprendido. El tiempo se ha quedado abajo, flotando en la nube de la memoria, como si fueras un extraño para tu hoy. Reconoces el ojo, claro; esa cara de estar hasta la polla que tenías desde pequeño y todavía escupes. Antes dejabas que ardiera la pólvora que ahora se moja en pellizcos de lengua. Ahora soy el otro. Esa persona que no imaginaba porque el tiempo no daba para tanto. Le hemos dado la vuelta al jamón de la conciencia como si fuera ánimo en un reloj de arena. Ahora todo es adiós disfrazado de hasta luego. Sí, claro, todavía queda una botella. Todavía queda un todavía si eres de Machado. Pero ya no puedes engañarte el ojo. Ya no se ríe como antes. Nunca fuiste mucho de Reyes Magos. Eras más de cumpleaños, de esa gloria absurda que es llamarte José Pilar Constitución en Nochevieja. El absurdo es el KH7 de la mirada. El frentejudaicopopular de las tardes, el cómplice que te enciende el porro y te calienta el pedo bajo las mantas. Debajo de la cama oyes el rumor de la niebla. El tamo de la existencia que inhalas cuando se vierte dopamina. Las neuronas vuelan como un soplo emocionado. Son las mariposas del alma que decía Cajal. Las mariposas vuelan porque dudan. Miran el tobogán como si fueran meandros, como si fueran veganas, como si el jamón tuviera bellotas en cada veta. Ahora se me encienden los ocres y los naranjas. Me fijo en los matices del fuego, atisbo la chispa, hozo en las brasas. Palpo los rescoldos de luz que huelen a tortilla y a piscina sin estudios porque aprobaste chupetón. Ahora veo más lejos porque estoy más cerca. Tengo el tobogán doble de un bigote en greguería. Tengo la otredad de algunos libros que me delatan. Tengo demasiada soledad. Tengo la virgulilla nasal de mis defectos en un zumbar que ya veremos. Tengo demasiada soledad. Tengo una caverna de miradas que han perdido estalactismo. Tengo una cavidad de cosmos, un hueco oscuro que trasforma el asombro. Ahora sé cómo crece el agua, cómo sabe el púrpura y dónde tocar el sumidero. Sigo. Sigo la senda que nunca se ha de volver a pisar. Cojo el cepillo de dientes con la desgana de la miga de pan. Ahora la sorpresa no sorprende -extraña que nada extrañe-, porque la sorpresa es sorprendente. Vuelvo con el cansancio que se encienden las pantallas. La realidad sigue ahí. Creo que he visto una mariposa, le digo, mientras aprieto su mano.
viernes, 29 de noviembre de 2024
jueves, 14 de noviembre de 2024
EL LABERINTO
Asociación de solitarios.
La ignorancia no hizo prudencia.
Cuídalo como si fuera mío.
Los periodistas verbenean las noticias.
Mis ojos juegan al tenis.
Prefería llamar renuncia a su resignación.
Que se es y se está culpable ya lo sabían los ingleses.
Hay un candor obsceno.
A por otro perrito Pinocho.
Del cansancio de la solidaridad nació el instinto.
Perseguía la perfección del desastre.
La lisergia le abrió el código del alba.
Habla necesita a Escucha.
Cuanto más conozco a tu amo más quiero a mi cactus.
Puede que el tiempo vuelva a su tempo.
No solo de vida vive el hombre.
Y vislumbré tu laberinto de telones.
miércoles, 30 de octubre de 2024
LA HUMILDAD
La chorrada de ser humilde viene de la culpa de haber nacido en Villatripas de Abajo. La humildad bien entendida consiste en no ser gilipollas. Es decir, que ser humilde por ser pobre es otra chorrada porque se sigue siendo de derechas y echando horas que no te pagan. La gilipollez aglutina al humilde, al paleto y al votante de Vox, que además de ser del Atleti suele ser el mismo hombre en busca de pesebre, que diría Viktor Frankl. Quiero decir, que más que ser humilde, lo que no hay que ser es gilipollas, porque el gilipollas suele ser soberbio como primera acepción, pero también dócil y apocado como segunda. Ya sabemos que en misa se llama bueno al que abre la boca y cierra los ojos para recibir la hostia que no por bendita es menos hostia. Y además pone la otra mejilla (cosas del cristianismo). Humilde se es sin querer y viene tatuado en la nómina del paro y la infravivienda. La humildad como concepto es una chorrada porque lo asimilamos a la modestia y toda modestia es falsa y no hay peor soberbia. La humildad bien entendida viene por negar la gilipollez. La gilipollez de ser humilde lo primero, y luego las demás. Como hacer pilates, el pagafantismo o comer con la familia los domingos. La humildad -la palabra lo dice- es la edad del humo, el pufo que nos cuela el lenguaje por el rondón de la frase hecha, que es la forma de no revisarle las faltas de ortografía al pensamiento. Aquí de lo que se trata es de no ser gilipollas. En exceso, se entiende. Gilipollas somos todas por el hecho de haber nacido, que diría Ciorán. Luego ya cada uno se pone el lazo, se maquilla el bigote, se apaña. Se busca el enchufe para venderse la moto del funcionariato, la subvención de empresa ruinosa o el contrato basura de alta flexible y bajas a medio morir como quiere la Ministra. La palabra lo aguanta todo, por eso hay que ser gilipollas y humilde para ser tonto de remate. Mentiras para una vida, sería un buen título para que Netflix enganchara a los humildes gilipollas con un rosario de negocios en abanico, como si fueran cromos repetidos en el sile/nole del menú del propio Netflix. Si usted dice eso de hayqueserhumilde tiene números de ser gilipollas. Hágaselo mirar porque es la tapa del pensamiento troquelado por la gilipollez ambiente, como si fuera un smog urbano que alguien ha subido a la nube del Instagram. Mire si dice postureo, tardeo, o si tiene mascota, complementos inequívocos del gilipollas humilde. Decía, que con no ser muy gilipollas, vale. Procúrese un poco de aburrimiento decente. Váyase a un parque a ver cómo lloran los niños porque sí. Sin mayor razonamiento. Ha de saber que los críos ya no se desollan las rodillas porque no hay arena. Ahora los columpios están acolchados con tartán y los castillos se hacen en el aire del mimo. Hay -según cifras oficiales- más perros que niños en las grandes ciudades. Quienes sufrimos las meadas y ladridos intangibles de las mascotas ajenas, sabemos que el perro es el mejor amigo de la molestia. Lo digo desde la humildad porque otra gilipollez de la palabra humildad es la sinonimia con respeto, cuando el respeto y la humildad no son palabras ni conceptos sobre el papel (humildemente lo digo), sino actos en la calle de Celaya. Uno está podrido de ver humildes y respetuosos pisotearse la poca decencia que les quedaba con el primer miedo que se encuentran por el Telediario. Lo mismo da una vacuna que un mena. Lo mismo el escarabajo albino de Nebraska que el jabalí salvaje de Entrevías. Hay que temer hasta del hijo adolescente que, para colmo, ve porno. Está claro, solo vemos la paja ajena. Y es que el acojone viene de serie con el gilipollas. Es por esto que tampoco tienen culpa, pero tampoco el candor de llorar por las esquinas del verso. Hoy la inocencia se antoja una obscenidad, verdadera pornografía y no la que ve su hijo, señora. Al final cada uno hace lo que puede y purga su gilipollez como le dejan sus atrofiadas entendederas de Homo Siemens. No seamos gilipollas. Lo digo con humildad.