Tirando del cabello llegaré hacia ti. Llegaré hacia el septiembre más lejano del gemido. Sosegado, preguntaré tu nombre al sonido, a la voz trémula de las caderas, al misterio último de las ingles. Comenzando la pérdida se tantean los principios para amarrar las preguntas de la grieta. La inquietud se clorofila, se vuelve una niña que pregunta, que se toca y trepa por tus oídos. La vida partió de la saliva donde lenguas vaginosas engendran susurros, claridad que traspasa la noche de la palabra. Y en la confusión mordida del aire llegó una burbuja de piel, con su cuello y sus gomas apretadas que sonaban. Y nadie supo -¿quién lo sabe?- mecer el tiempo del mar. Cuando se llega a la orilla del amor surge el abismo. Tirando del caballo trotaré hacia mi saltando sobre la playa.
viernes, 9 de septiembre de 2011
EL ABISMO
viernes, 2 de septiembre de 2011
LA PALOMA
"Se equivocó la paloma,
Se equivocaba…"
Rafael Alberti.
Se equivocaba…"
Rafael Alberti.
Un gemido removió la ceniza equivocada y la piel se irguió de nuevo como un tallo retorcido por la mano de un niño. Jugar con los cuchillos es jugar con los relojes. Las palomas nunca miran al sol porque vuelan hacia la luz profunda del abismo. Hay que detenerse en la esfinge del azul para no pudrirse en la arruga gris del desengaño. Que las mañanas no sean nunca mañanas y el todavía un mañana, y hasta los besos del hoy por hoy un mañana. La ceniza no tiene sentido equivocada, sigue siendo ceniza, el poso inerte de los parques, la uña de las caricias. Sufrir por el debería es sufrir menos. No hay peor muerte que la vida revivida. Hay que pulir el aire con soplidos. Amasar las tardes con la valentía del vuelo. En el corazón se piensa con sangre y la neurona es su lágrima. No escondas la cabeza en el silencio de la risa, no mires a tu hermana ni a tu madre ni mires ya nada más que a tus ojos que son alas y las alas vuelan y el volar es mar, instinto, fuego. No hay que tenerse miedo. Si lo sientes, alguien roba la llave.
sábado, 13 de agosto de 2011
LA CRISÁLIDA
A Ella, quince años de Más.
La poesía, ese temblor anterior a la palabra, eso más allá del lenguaje, la víscera donde se engendra la lágrima es tu alegría. La maravillosa presencia de lo diminuto, de la ternura concentrada en la carne recién parida, recién llegada a la vida, carne reciente. Un labio erecto como un tallo verde, la expresión pura del instinto. Por ahí tu ojos, color de labio, perdiendo dedos. Juntas las manos, mana la savia, besas –los besos no se gastan nunca, me dices- anaranjas las pieles del mundo. Las mariposas te persiguen. Entran por tus oídos, revolotean por tu pelo, se posan en tus hombros. He visto abrir sus alitas y ver tu cuerpo palpitar en un abanico multicolor. He visto beber a los niños de tus dedos –yo lo he visto- y pedir más siempre más, más. El tiempo quiere arrancarte hacia sus oscuridades pero tú habitas en un espacio anterior. Contigo todo ocurrió antes. El después queda para las torpezas –gordito, eres precioso, si se me cae otro plato- y el rencor, el odio, y esas cosas de mayores. Ya sabes, yo si tu quieres, pídeme voy, perdona si llego tarde porque vengo del nunca al mundo maravilloso del siempre más.
viernes, 12 de agosto de 2011
LA RENUNCIA
¿Qué, por qué? –dirán. Usado como el sudor de otro. Sonrisas desencajadas, ojos sin luz. Presagios de fuego sobre los niños que lloran. Las manos caminan por la frente sudada de un sudor ajeno. Los ojos trinchados sobre alfileres, disecados. Enjambre de hombros difuminados por el espacio del tiempo. Nadie entenderá la música –qué música dirán- porque nadie asumirá el temblor. Monosílabos que se acentúan en un empujón, como un fogonazo de lo que fue un amigo. Agua para fingir claridad, fingir por fingir porque las matemáticas no mienten. Menos más menos no es siempre más y un 3 binario se convierte en fuego por el aire. La obscenidad de los gestos cortados –qué obscenidad dirán- por el dolor silente de las mitades. Y las tardes de plomo anuncian inviernos de hielo, un hielo usado, derretido como el hielo de otra mano sin luz. Y cuando las palabras se derritan y ya nadie entienda el color, cuando las melodías –qué melodías dirán- lleguen vacías al tacto de los dedos, cuando el lenguaje no sea, todos pediremos un agujero en la luna para salvar las avestruces.
viernes, 5 de agosto de 2011
LA FLOR
Lo que tú digas cariño. El es el tiempo de la policía. Que la contradicción nos coja tirando la piedra y escondiendo la herida. Las cabezas se abren como flores, como amaneceres nocturnos sin rocío. De la pregunta, ahogaron la pregunta. De la duda, silencio. Lo que tú digas cariño, y llamar al gato para perder la noción de la sangre. Huir del sufrimiento por el siseo del gato es llegar a las tardes solo. Mamá mamá –solloza una madre sin televisión- mi tesoro, hijo mío. Se ha encendido una pantalla. Como una enorme luciérnaga por las piedras de mayo. Sobre el plasma enormes moscas ruidosas. La fluorescente luz verdosa encierra el miedo, arrasa las pupilas de unos ojos que no ven. Sobre el asfalto miles de voces acabaron con el eco de los coches. Sobre el horizonte una enorme sopa. Skyline de lágrimas con sed. Luego -también el luego se acaba- se posará el sosiego en las llagas del grito. Ahora es el tiempo de la piedra, la flor abierta y los niños -¿quién trajo a los niños?- con los ojos en la mano.
jueves, 4 de agosto de 2011
EL BARROTE
La clorofila verde se bambolea por las hojas en una suave marejada. Sobre lo alto hay luces con lo que eso conlleva. Un ave nocturna -sé que no es un grillo- acompasa el humo como si fuera el último recurso con que calmar el verano, un estío que nació con toldos, antenas y urnas llenas de serpientes. La piel es una esperanza, otra pérdida. Los cuellos, la cintura, todas aquellas tersuras con que ganar el sueño se ajaron mefíticas en la cárcel de sí mismas. He visto el dolor de sentirse libre bajo los pechos entecos de lo desconocido. Auscultar el beso como si fuera el absurdo matute de la vida. Durante la pelea los barrotes gimen su dureza como una pena. Se duelen de sí mismos, y luchan a garrotazos para liberar su culpa de hierro. La carne se tiene miedo. Nos queda el más, nos queda el todavía. Han cerrado los parques –identifíquese- y los niños rozan los cuarenta sin reyes, ni rollos ni pedos ni cacas ni culos. Bob esponja, Calamardo, Hommer. Seguimos sin contarnos las cosas, marchitando la vida con madrugadas obscenas donde ya no folla nadie. Y hasta las hormonas sueñan con gimnasios de cera -he visto vírgenes llorar bramante cuando una llama le apretaba el coño- y depilar jerseys de lana, y limar las uñas al gato, y poner tapones al bafle para que nadie se deje llevar por el ritmo de la vida –¡oh, si es que existes!- antes de morirse.
miércoles, 3 de agosto de 2011
EL AMARILLO

Para Abel, Alfrel, Julián y Pablo, que me enseñaron a beber whisky del desierto, Marlboro con coca-cola y buscar la máquina del ron por las playas de Barbate.
Descubrir que el amarillo brota en cascadas, que la frescura es una ele rural que nunca le negará un beso -sólo por eso- al pequeño Alfrel, y luego, cuando se oscurezcan los gestos, cuando el verde etéreo de las noches risadas, al comenzar el sonido de las miradas cómplices y jugar al juego de las gomas musicales, suavizar el aire para sentir el aliento, beber canañescas lágrimas de alcohol cuajados por gramos de arena. Ignorar el sexo del lenguaje, transmitir la alegría de la palabra juntos, revueltos, allegados. ¿Existe alguien que no sepa nadar el agua de las playas silenciosas, acaso no entendéis que existe el momento latente de los bigotes, cómo explicaros que la vida pende del hilo de una tanga? Cómo sentir, -agus, sentir se siente o no hay mar- que la ventana es un recreo si lo pides con cariño, que los recreos los absorbe el agujero negro de los pezones del mundo y acabar la desnudez por los micrófonos del agua. Saber que la amistad no es una técnica -es un Técnico-, que se puede brindar con las gafas de sol por el camino de las muchas tardes. Y escribir, como un agradecimiento bien nacido, que se pasa de los niños, de las tragedias de las cortinas, del cubalibre sin hielo y sin cocacola porque en Somalia se bebe Whisky del desierto.miércoles, 27 de julio de 2011
EL DESAYUNO
Entonces ella quiso ver un ojo en el vaso de leche, siguió untando mantequilla en las tostadas, mordía el pan con la normalidad de las mañanas. Encendió el televisor para no escucharse. El ojo, dentro del vaso de leche, le miraba mientras la absurda marea láctea le dejaba un resquicio de iris descubierto. El cuchillo resbaló demasiado y cortó aparatosamente una vena por la que comenzó a manar sangre en breves espasmos sistólicos. El ojo, apoyándose en lo que le quedaba de córnea, dio un breve saltito para liberarse de su láctica piscina y se introdujo como un gusano por el roto venéreo. Ella no podía entender aquella pesadilla. Apenas había bebido una cerveza el día anterior, por qué ese delirio tremendo. Comenzó a sentir el ojo reptando por dentro de sus venas, y su ojo a ver la visión apretada y dolorosa de ese ojo reptante. Sus ojos veían niños de vientres búdicos y cabezas abultadas en forma de alubia desproporcionada. El ojo veía ojos salientes entre la maraña rojiza de la sangre. Ella sintió arcadas. Casi no podía sentir la dulzura del paladar que le había dejado aquel desayuno. De súbito, el ojo se precipitó por una grieta lo que le hizo sentir vértigo. Quizá haya entrado al esófago –se tocaba la zona para palparse el ojo- quizá haya entrado en los intestinos. Ella se iba sintiendo abrumadoramente desconcertada. No era capaz de ver por sus ojos y aquel ojo parecía que se había instalado allí, para quedarse, caprichosamente, durante el desayuno.
viernes, 22 de julio de 2011
LA DOROTEA
A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.
(fragmento de “La Dorotea”. Lope de Vega)
Me dice ella –tapándome sutil, pero rápidamente la boca- que no diga eso que me estoy, que me voy a hacer daño aquí –y toca con su dedo mis sienes, muy a lo madre, muy a lo cariño. Pero –y es a lo que iba entonces- uno necesita cosas para sentirse algo, para qué decir alguien. Uno necesita del jirón, como otros necesitan de la angustia, como los hay –vidit -que necesitan del dobladillo rosa made in cien euros. Cada uno es su propio don quijote, por qué empeñarse en ser el cura, el barbero y hasta la mujer de Sancho si tenemos la armadura del litio navegando por las venas. Rocinante es la famélica neurona. Nuestras vidas un horario mal pagado como un pollino glotón que sanchifica nuestras quijotadas. Hay que enriquecer la hora del bocadillo, llenar de contenido el humo del cigarro –en todos los trabajos se fuma- comernos el chuletón del descanso. Asesinar las mañanas cerrando las ventanas, cerrar los ojos al espejo, vestirse a tientas, mirar a ciegas, hablar por dentro, ja. Mediceellaque, lo de su mano ya lo escribí. Escribí lo de sus manos. Por eso lo de humillarme a su dictado, al hilo conductor de sus pestañosos dedos. Al más allá de mi aquí -aún se ruboriza al verme- mi yelmo de mambrino.
miércoles, 20 de julio de 2011
EL ODIO
“Es preciso matar para seguir viviendo”.
Miguel Hernández.
Miguel Hernández.
El odio de las bombas concentrado en lágrimas, que se esconden, que no quieren salir por el ruido de rabia que mana del oxígeno. El odio viene de la repetición, la piedad viene de la anécdota. El odio es una palabra de pobres como esperanza, ahorro, mañana. El odio es una chispa, una flor que germina, crece y muere en una misma fotosíntesis. Se amamanta a los niños, se entierra a los viejos. Dejémonos el violín. Dejémonos la ropa en el cajón cursi de los sastres y saquemos a pasear los alfileres. Hace falta el olvido del estómago para no ulcerar los ojos. El odio observa el vértigo de la economía, siempre vuelve, con forma de policía. Podemos seguir andando -correr ya no gana carreras- y cuando pensemos que es mejor no pensarlo tendremos una legión de niños mudos a los que dar palabras para evitarles lenguaje. Los niños, acaban preguntando por la vida. Su vida y no el excremento de egoísmo que les dimos para darnos, el capricho vanidoso de las experiencias maravillosas. El odio germina hasta debajo de los besos.
martes, 19 de julio de 2011
EL AHORA
"Siempre" está compuesto de "Ahoras"
Emily Dickinson
Emily Dickinson
Ahora que todas las habitaciones han perdido la importancia las hormigas vuelven a su sitio. En esta mitad del centro la tibieza general crece como un tronco que partirá el primer viento. Se barrunta dolor vegetal por los sentimientos, el dolor natural sin remedio de las muertes. Ahora la risa puede más que las tersuras, la emoción más que los dientes y los líquidos (ay) por el sumidero de un pezón que machaca el tiempo con su maza de sueños. Ahora que nunca es ya, que siempre es vamos y nada es venga. Ahora que la incertidumbre es un abrazo, un ánimo para quemar el viento nuclear de lo posible. Ahora, hacia la fusión general del abrazo sin conocimiento, del querer a destiempo, del tocar por tocar. Ahora que los ojos penetran y los penes contemplan a las niñas regando mimosamente los jardines. Ahora que tengo silencio para todo el mundo y sólo un sonido para Ella. Ahora que todo está fuera de sitio, como si nunca hubiera sido antes, ahora estoy dispuesto, serenamente, para el ya, para el vamos, para el siempre. Ahora.
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