miércoles, 15 de julio de 2015

LA CAJA

La persiana como una caja con agujeros donde mora un gusano. Con el calor se quema el sueño y la muerte se revuelve como una larva. La sangre tropieza, el aire quiere ser tierra, la furia oxígeno. Lejano como un libro camino hacia el opuesto. El tiempo tiene sus modas y hoy he visto volar un selfie. Desde las escamas, las branquias y este anzuelo, un sedal se clava en la distancia del mundo. A través de los agujeros he visto el ojo del polvo clavado en mi retina. Sudaba, le olía el aliento a pulpo, como la boca de los viejos. El cuello se expande cuando se cierra. Y aparecen hormigas por la cocina cortándole los ojos a un gato que ha orinado en la puerta. Fuera se oyen voces agudas, a veces chillan como el ladrido de un perrito al que acaban de pisar. En esa polvareda de gritos el mundo supura su asco y los niños envejecen más rápido. Los agujeros me están mirando.

martes, 14 de julio de 2015

LA CONFIANZA

"La vida es siempre una certidumbre absurda".
"Solo soy a ratos".
Leopoldo María Panero.

Quien no hiere la palabra no vive el silencio.
La piel toca la memoria.
Domingos como septiembres cotidianos.
Pretendo el egoísmo del tiempo.
Solemos ser cuando queremos estar.
Hay una creación que nace de la confianza.
La educación consiste en pensar en miedo.
Sin vanidad solo hay soberbia.
El dinero es el robo.

jueves, 9 de julio de 2015

LA SOMBRA

Detrás está la savia, el despertador, el dinero que late sobre la voluntad. La gasolinera tiene un hombre que se levantó con fiebre y no ha dormido mucho. Quiere pensar que es gripe. Desde el surtidor apenas se distingue su silueta cercana a la caja. Cuando llegas y pagas sólo quieres pensar que el dinero que tienes en la cartera sea suficiente. La economía del afecto se ha dilapidado en llamadas, visitas y otras cosas ordinarias. Nuestros límites nos impiden llorar lo que deberíamos. La gasolina, sangre negra depurada, ya está lista para contaminar. Dentro del coche el aire acondicionado quema el tiempo hacia otro lugar. Detrás de la gasolina estás tú.

miércoles, 1 de julio de 2015

EL GENIO

"El hombre medio es terrible"
Angélica Liddell

La genialidad está más allá de la célula como un tiempo sin espacio que ocurre a veces, lo demás es esfuerzo. Hay más diferencia entre lo muy bueno y lo genial que entre lo bueno y lo malo, esa sutil diferencia de lo enorme. Es la palabra mejor en el fracaso de Beckett, el amor cuando comienza, ese detalle. La genialidad salta a los ojos como la ternura de un niño. Se silencia porque da miedo. Nos asusta entender que el esfuerzo sólo sirve para quitarnos el tiempo, las tardes y el entusiasmo. El genio dedica su integridad así mismo pero sin más esfuerzo que la respuesta mecánica de una sangre a caballo. La genialidad es el Fraude de Wells, Paco de Lucía rompiendo el agua, el amor cuando dura. Larra, Mozart, Gómez de la Serna, la marihuana, la noche oscura a la luz de la saliva. Que la palabra corte, que el sonido gire la tristeza, que la lágrima queme su hijo. Paco Rabal llamando a la milana, La Jurado “En el punto de partida”. El genio vive en un ojo, lo de la lámpara es un truco convencional y Disney para niños mediocres de padres industriales. El ojo de Picasso y el ojo de Buñuel son personas con sus brazos y sus piernas que son la cabeza y el tronco de Picasso y de Buñuel. Es Zöbel en Cuenca, Goya de cualquier manera, Zappa de ácido, las prosas del veintisiete y el amor cuando termina. El genio mira diferente como los ojos de los ciegos, con el aspecto cortado por una mirada que siente.

viernes, 19 de junio de 2015

EL MOLINO

“Yo buscaba una palabra no un ser vivo”
JRJ.
A Mónica en sus 35.

Ahora que hasta el calendario parece olvidarse de nosotros, que la urgencia y la turgencia pasaron, que cambiamos ojos por palabras, miradas por actos, vuelve a latir la melancolía. Son muchos años diciendo quédate, sufriendo por la luz, rompiendo las paredes del cariño, recogiendo los pañuelos del abrazo. Para mentir con facilidad basta ser sincero, decir que sigo admirando tus mentiras, que sigo prendido de tu miedo, de tus silencios y tus cosas cotidianas, que sigo mirándote como un loco. Te he contado muchas veces lo de don Quijote, Voltaire, etcétera. Pero ahora sé que inventar es descubrir, saber qué una mano nunca es la misma cuando late diferente. Ahora vienen años como días, inventos como ruinas. Quien lo acepta todo rechaza lo mejor, por eso me pongo tan burro a veces. Lo más difícil de la vida es llegar a madurar sin pudrirse, estoy harto de verlo. Sabes que intento ser como haces, que persigo palabras que te ayuden a florecerme. En el sonido de alguna te siento más. Sigo sintiendo molinos.

jueves, 18 de junio de 2015

LA PÓLVORA

Dejar polvo, poco a poco. El tiempo que vendrá no podía ser. La pólvora de la saliva necesita la fruta de la luna para que los dientes toquen su melodía oscura. Azul, sonámbulo, creo en el olvido.

martes, 9 de junio de 2015

LA AVISPA


Para Rosario y Antonio,
en insistida gratitud.

Volver no tiene repetición. La sorpresa dejó su polvo sobre la mesa en la que escribimos “guarro” y dibujamos una polla. Los bisontes eran pollas paleolíticas. Junio refresca la importancia del agua, de lo líquido, de lo que se escapa por debajo del aire (escapar es esconderse hacia delante) y llegar al claro del bosque, como quien llega a una escombrera. Cuando vuelvo a Rivas encuentro mi habitación como la dejé hace quince años, casettes, fotos y alguna camiseta corta. La memoria se tranquiliza cuando recuerda el futuro y sabe que la vida seguirá. Volver a Baños (viajar es volver un poco) plantea la pregunta de otra forma. Cuando la grava del campo daba fiebre y la diarrea era un recuerdo de verano. Porque en Rivas, Baños tenía olor a polvo, a caos de avispas en un pilón y fragancia de castaño por la sombra. Septiembre comenzaba coleccionando cartas y llamadas donde el aguijón de una palabra perforaba un beso. Ahora Baños recuerda. Ahora todo sucede al contrario. Ahora todo sigue siendo. Ahora regresar, volver, viajar, son verbos de una misma acción: vivir como una ausencia que sitúa. Y me falto y me sitúo más acá del sonido, sobre el papel (papel mojado de junio). Mi padre me regala un libro y me leo, me releo y me gusto a veces. Releer es volverte a ver. Tocarte el cuerpo que eras. Notar el paso del tiempo sobre las arrugas de la metáfora, acariciar el braille que fuiste. Releer sangra las fotografías. He vuelto.

jueves, 4 de junio de 2015

EL HELADO

“De la sierra bajaba septiembre como una tribu oscura y con el sol en alto como un escudo”.
Los metales nocturnos.
Francisco Umbral.

Para quienes vivimos en el alfoz de la provincia el tiempo es otra cosa. El tiempo no es continuo ni curvo y mucho menos infinito. Aquí el tiempo es estacionario, depende mucho de sí mismo. Aquí el tiempo depende de lo acelerada que esté la lluvia, si hace viento o vuelve la gotera. Entonces el tiempo se encoge como una larva y los días se repiten mirándose las piernas. El sol con su resplandor de cristal, con su calor de coche cerrado, estira el canto de los pájaros hasta rozar la tranquilidad de la noche. En verano el atardecer se avergüenza del firmamento que entra con la rapidez con que llega el alba. El viento como bisagra. Aquí el tiempo se estira y huele con ese calendario antiguo que viene de la botánica, del silencio de las montañas y se concreta en un guiso con la ventana abierta. Por eso nadie muere en agosto y se espera a marzo para ir al psiquiatra porque no digerimos bien el horizonte anaranjado de lo suicidas. Ese tiempo curtido por la piel de un campesino que se tienta la hernia por dentro del pantalón y se sienta a cada poco, buscando en el horizonte respuestas a la memoria. Ese hombre con dolor de cáncer que piensa en la muerte pero no concibe morirse, ese hombre que somos cuando salimos de paseo. Pero el tiempo no es más que el perfume del ánimo. Una realidad escondida en el horario metálico de La Mano Invisible. La actitud necesaria para encarar las horas con que llegar al mar. Ahora, aquí, con el olor a flor de víscera, los contratos se envuelven en agallas. El dinero, con su tiempo inmediato ha venido para quedarse. Pero yo sé que el tomate viene y se va, que el cerezo, que la golondrina. El calor devuelve la importancia a la piel, a los ojos que se quieren bien, al despreocupado orgasmo que se esconde en los helados.

martes, 2 de junio de 2015

LA CANCIÓN

Para Ana, Agus y Mónica,
risa y canción.

Cada vez miento mejor. Ya hasta vienen los de la tele a ver qué hago. Y yo les muestro el sarcófago y ellos que si Tutankamón y yo que sí. La mentira tiene su propia destreza, su íntima democracia. La mentira existe porque los mentidos quieren ir tirando. “Es que si no, no hay quien llegue al lunes”. Hasta el batán de las emociones queda sin pulso con tanto tiempo y poco espacio. Por eso existe don Quijote, Voltaire, etcétera. Y por ahí sigo con mis canciones de la mano -cantar es leer el aire- como un poema escrito a coro. Cantar es escribir en voz alta, cerrar los ojos para sentir la palabra subiendo por los dientes. Darle miércoles al estribillo, una lágrima rota a la última estrofa, madrugada de versos en flor. Cantar tiene la fuerza de lo efímero, de la palabra lancinante que se hace memoria. Por eso se cierran los ojos cuando se canta, para ver mejor la delicadeza estirada de una vocal que se engancha a lo perdido. La canción es púrpura como la saliva. Cantar mira a los ojos y los toca para cerrarlos.

jueves, 28 de mayo de 2015

EL COJÓN

“Cojón. (del Latin Coleo) masculino malsonante”. [sic]
DRAE

-Mis cojones consultan el María Moliner.
-En la Academia solo hay sillones.
-Los cojones no pasan la censura.
-La paradoja de los cojones es que tienen más fuerza en singular.
-El cojón como testigo viene de Roma.
-Testificar: decir las cosas con cojones.
-Cojonudo quiere decir comprobado.
-Huevos suena a cocinero censurado en Telecinco.
-Gónadas suena tan científico que parece mentira.
-Tener cojones duele.
-Si hay un alma está en los cojones.
-Los cojones suenan perfectamente.
-Soez es soez. Cojón es mordaz.
-Los cojones tienen la fuerza de la ce y la ene.
-Se escandalizan de los cojones viendo la tele con sus hijos.
-Los cojones traspasan la línea roja  de los escritores del mercadona.
-Satán viene de cojón.
-Los cojones abren la mente.
-La paciencia tienen los cojones por fuera.

martes, 26 de mayo de 2015

EL BOLSILLO

Cumplir dieciocho es mentir a los dieciséis. Esa ilusión aplazada que viene del huevo Kinder y un día se llevó el ratoncito Pérez. Entonces los sugus llenaban los bolsillos de la infancia. La mentira era un bolsillo con agujero, cosas que guardar para mañana. Con el sugus del futuro se engaña a la vida, con el “Mañana y nunca mañanamos” y “hoy es siempre todavía” que decían los poetas. Los dieciocho son el coche y la papeleta, los veintidós la novia, los veinticuatro el curro si hay suerte -¡ya ves!-, los veintiséis el despido, lo veintiocho la boda y así hasta que un día las manos salen de los bolsillos para comprobar que están vacías y sucias como la depresión y el cáncer. El dolor cambia como un desconocido, como una pregunta abierta hacia ti mismo. La mentira viene siempre con una sonrisa. La felicidad se vende con futuro porque el presente apesta a pasado. Lo pretérito no es más que una proyección de lo falsario. Y sé “que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos” como decía el poeta. La mentira se estira hasta que se rompe en los bolsillos donde las manos juegan con caramelos de eucalipto. “Soy un fui, un será y un es cansado” como decía el poeta y hasta de los poetas estoy harto ya, siempre con su borra y su hijo de la mano. Los pueblos tienen una tristeza de zoológico. El bolsillo almacena la tristeza cotidiana. Por mis bolsillos he encontrado a un viejo que visita a su mujer todos los días. Asiste a su muerte con la paciencia de la vida, es un viejo salido de un poema de Bukowski, que veo salir de la Residencia. Hank caminaba con las manos en los bolsillos cuando no le funcionaba el Volkswagen.