miércoles, 21 de mayo de 2014

LA INTELIGENCIA

“Lo más sonoro del mundo es el perfume”
Francisco Umbral.

Buscando la pestaña troqueladora que la enmode, la ultime, la caducifolie, la mujer se olvida. El olvido ignora. No sabe que la inteligencia culmina con la diferencia del ojo único de la atracción. Ignora que los pechos son la inteligencia de la forma, lo firme de lo convulso. Debe conocerse más para enjaular mejor. El ojo no es más que azúcar, un todo que raspa, la mecha clara de la piel. El ojo tiende al agua, se oscurece en lo horizontal del baño, por eso llora cuando convoca el olvido. El ojo quiere desaparecer cuando la belleza no vuelve cuando el cuello se vuelve rodilla, cuando el cabello se recoge en mordiscos de sal y los labios hacen el resto. La belleza es convulsa en su sostén silábico. Sin sonido nada huele y la mujer reclama su quédate, su condición de única. Se vuelve estética, se vuelve revista sin cloro de papel ni agua, cáscara de manos y poco tacto, esperma de cosmético. La mujer que no sabe volar no se perdona, aquella que niega la vida en el otro con la regadera del tequiero. La mujer es un misterio cotidiano. Diferencia sin amargura de su yo, instante maravilloso del cuchillo, filo horizontal de la vida.

viernes, 16 de mayo de 2014

LA ANGUSTIA

Hay una sutileza que tensa los ojos. Repta como la ebriedad del sexo inaceptable que se engaña de hijos. Es lo pequeño que se escapa, ese líquido roce, esa batalla inefable de las cosas sin pensamiento. La emoción quebrada, polvo escapando de las manos del agua. Lo sutil angustia porque desconocemos su lenguaje. Confiamos en las mentiras que estaban allí. Nos reconocemos en las afueras del dolor, en la región inesperada del tiempo. Detrás del “cómo estás” alguien sufre. La cicatriz nos arrastra al llanto desconsolado de los locos. Siempre se llora de futuro. Los ojos -ese lenguaje infinito- prosigue el silabario roto -mi mamá me mata, yo mato a mi mamá-, porque siempre reímos de pasado. Pero la carcajada es una cueva, un hueco macabro que no se marcha, que late con su asco de gusano. La angustia es esa arcada, la sutileza de un detrás, tiempo acumulado que rezuma. Por eso, a veces, nos salpica un beso.

jueves, 8 de mayo de 2014

EL PEZÓN

“Creo en la realidad de la Poesía. Y la entiendo como la eterna y fatal Belleza Contraria que tienta con su seguro secreto a tal hombre de espíritu ardiente”.
“Para mi el instinto es lo primero y lo último”.
Juan Ramón Jiménez.

Entendemos por intuición a esa decisión de la biología. Esa parte lírica -sangre y beso- que hace sentir al amor la eternidad del mundo. En el instinto está la adolescencia que nos acompaña siempre. El último rubor que nos atropella el habla y finge desmemoria. La intuición es nuestro mono, nuestra infancia, nuestra mejor ternura. Cuando un ojo se rompe –cualquier palabra despedida- un niño emerge por tu centro. La intuición es la poesía que no lee. Las formas del fondo que nos susurra el mar, el oscuro inasible de la estrellatura, ese lenguaje de inmensidades tan próximo a lo triste. Por eso entendemos la risa. Por eso la piel y el sueño, las cosas sin lógica, la locura de lo vivo, lo líquido. Con la intuición sabemos que el eufemismo es el lenguaje, que nada pasa donde nada tiembla. Es nuestro posible, nuestro improbable más inquieto, nuestro mejor. Es ese segundo en que la vida cambia durante un segundo. El instante en que las cosas merecen la pena, cuando merecer y penar parecen la misma encuesta. Es la emoción convincente, la embriaguez con su primavera de vino.   

viernes, 2 de mayo de 2014

LA MEMORIA

El músculo pesa como una tarde de sueño y alguien pisa tu cansancio. En esa fiebre de polvo –tos y lejanía- se acaba la claridad. Alguien se parece a ti, el parentesco de aquel dibujo que nunca serás. Soledad tras soledad hasta la desolación, esa limpieza de la memoria. La lluvia muestra más de lo que luce. Viste el eufemismo con la prisa del deseo. Lloramos cuando la palabra se agota –los niños somos así- cuando las razones de mi casa ya no sirven, cuando la farsa de los relojes se para el músculo se tensa. Pierdo el calor y las calles raspan. Las rapaces caen en picado sobre jirones de asfalto caliente. El crimen llena las bocas, el hambre sacia la sed. No quiero jugar a la culpa y no pienso volver a la nada. Hay líneas sin retorno, lugares donde se toca la sombra con los dedos.

martes, 29 de abril de 2014

EL OJO

Para Ana, María, Alba, Celia, Marce, Gema, Charo, Carmen...
ojos de sol.
 
Miramos con las manos, el oído mira desde su paisaje de líneas. La vista es mucho más que ver. Percibir la metáfora que resbala de la piel -esa gota- como un alfiler sin método. El ojo es la palabra con que medimos la intemperie, la valentía del mundo, un pez que nada entre la carne. Ser es imperdonable, el ojo es su disculpa. Un corazón a la vista de párpados que laten. Nariz que tiembla. Fuego que ilumina. Tu ojo es el otro, un yo acompañado de dientes que prende en la saliva. Tensar el aire del aliento.

LA MITAD

Otro, como el tiempo repetido, como el etcétera de abril, sentirá el agrio dolor de lo obstruido y buscará las ventanas más altas donde mirar lejos -escribes triste, me dices- y te miro y mis ojos descienden por mis labios hasta llegar al suelo y se marchan buscando las ventanas más altas. La alegría no completa la risa, la pena no da para un poema. La vida es esa mitad. Gafas de sol corriendo bajo la cama.

miércoles, 23 de abril de 2014

EL FUEGO

A Ella

Por las afueras
del tiempo hay una luz
que tantea mi mano.

Como un sorbo
de pájaro,
como la sed
del niño
a la que nadie se opone.

Voy fingiendo
la soledad y las cosas.

Ya vuelven
tus pájaros, tu aleteo
intacto de limón.

Y vuelvo
a besarte
con el letargo del amor,
con la arrogancia melódica
de los viajes.

Hay algo intacto en el miedo.

Por eso
acompleja
tu cerca,
tu más allá de disparo.

miércoles, 16 de abril de 2014

LA ROSA

“Muramos despacio conjugando la rosa”.
Francisco Umbral

La intuición nació de la vigilancia.
La violencia reside en la bondad.
Lo habitual violenta sin emoción.
La razón explica, la emoción convence.
Llamamos miedo a la comodidad.
La cárcel como pleonasmo.

viernes, 11 de abril de 2014

EL PAPEL

Cuando se apaga la luz, ¿dónde va lo claro?
Leopoldo Mª Panero

El papel es una cosa de Kafka. La mezquindad hecha rastro, la ofrenda de la memoria, un dedo amortajado que vigila desde el polvo. Son las pequeñas cosas de la firma. En el principio fue el contrato, una memoria de puñal –el papel corta- que regresa cuando ve que te olvidas a la sonrisa. Después de Ivan Illich como después de Kafka, se entienden muchas cosas. Hablar es asunto de pobres. Los actos deben encuadernarse, hacerse obra, ponerse la faja de la industria. La escritura nació para vender, la palabra para cantar. Hay mucha literatura en los papeles, muchos números convertidos en firma, porque lo civilizado es pagar, fiarse de la ley, palabras de etcétera. El papel es la mezquindad que brilla lejos. El fragmento de asco que habías olvidado en un brote de luz. Los poemas se avergüenzan en las imprentas, y por las noches salen de los libros y entran en las bocas de los poetas hasta fundirse en la garganta de la metáfora. El escarabajo despierta escarbando el aire con sus patas. Es la culpa de no saber quién eres, lo mal que escribes y lo poco que te queda. El papel es un objeto de culpa, una maraña de luz sin diccionario, las antípodas de lo cómplice. El papel es un asco pequeño, el peor de los números, otro barrote. Marchamo del tiempo, una cuchilla sin escaleras, rabia sin mecha. Cómitre de la repugnancia que llega a los buzones para recordar que el aire también cuesta. Eximio dolor sin pústula. Dimensión donde se esconde la arcada, esa claridad.

miércoles, 9 de abril de 2014

EL TEATRO

 “El teatro es el arte práctico de popularizar el pensamiento”.
José Bergamín.

El teatro es una infancia, la paradoja en el cadalso, la lírica del azul que pasa. El teatro es un nido, un diálogo de sinestesias. Un cuadro conversando con un traje por lo inquietante del silencio, atragantarse de uno mismo por no conocerse, un laberinto de pausas menospreciando el maquillaje. Sobre la escena un labio ilumina un televisor. En la asamblea, Sancho Panza pide a gritos que se escuche a Erik Satie mientras las páginas de Alfred Jarry bailan con Miró. Afuera un arrabal zancudo teoriza un vertedero. Y una voz canta romances y cae un jarrón de golpes y se baja el telón. Miguel Romero Esteo, José Ricardo Morales, José María Rodríguez Méndez, nombres de aliento, calaverno y Shakespeare. Quién pregunta lo que no existe. Una calle vuelta hacia adentro, un recuerdo hecho futuro. Fuente de lo efímero, escupitajo de párpados sobre monedas calientes, el misterio creciente de unas manos que se encuentran. La belleza de las cosas que no importan.

jueves, 3 de abril de 2014

EL OBJETO

El silencio es la soledad del ruido. El objeto una emoción finalizada, nuestro temblor hecho memoria. Por eso el tiempo necesita su espacio. Por eso las fotografías, -¿por qué la tele?-, por eso los libros, las cucharas, por eso. Es nuestra limitada soledad, nuestro hueco más profundo, quien nos lleva a guardar las cosas, quien nos lleva a la palabra, a abandonar la tristeza del silencio, proyectarnos hacia el otro, ese nunca luminoso. Seguimos al miedo de la salud y el regalo de la vida. Seguimos con la desgracia como seguimos al látigo pero quién engaña a las mañanas. Ni la mejor madrugada puede cerrar los ojos, hay emociones que doblegan. Sigamos como si nada. De repente el frío, de repente el azúcar. Las emociones son objetos que tiemblan, tiempo detenido en la sangre. De repente una saliva, ojos blancos, ojos enormes que se agrandan con la súbita alegría de los niños. De repente un lápiz o un muñeco nos hacen llorar. Sigamos. Sigamos.