viernes, 27 de noviembre de 2020

EL CAJÓN

Cuando repaso mi biblioteca entiendo al intruso. Comprendo a las palmeras de Madrid, a los estudiantes y los huérfanos. Después de K. se entienden las bocinas. Veinticinco años de lectura y todo se concreta. Las posibilidades mutan a certezas para deshacerse como pinceladas sin contorno. Cuando la soledad busca un encuentro está perdida. Cuando la posibilidad gime, sueña. Cuando la histeria se apodera del vacío se acaba la travesía. Dentro del pozo está el manantial. A veces el tiempo es el agua que sube a buscarnos, un hastío que surca la tristeza. Allí existe un agua negra, podrida, con un magnífico salón de orejas. A veces la tranquilidad llega desde cualquier cajón. La angustia se acaba y comienza el brote. La lentitud que antes dolía ahora es sosiego. Cuando lo posible se hace probable todo cambia. Ahora todo depende del intruso. El mundo vuelve al epicentro de la nada, el único lugar donde vive la risa. Muerto el perro se acabaron las caricias. Crece, todo crece. Cuando repaso mi biblioteca entiendo al intruso que entra en mi biblioteca.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LA PIEDRA

Da igual el frenazo -ningún grito se parece a otro-, pero el sonido tiene esqueleto para caminar otra vez. El día sucede. Vuelve la noche con su esperanza de cansancio. La misma mano entiende cosas distintas como una llama que duda. La mariposa aletea como el brillo del agua. Hay muchas formas que preguntan. La lluvia vuelve al siempre, como el calor, como una emoción que busca. Y una lágrima abulta como la sal, como la tradición de un vaso de agua. Y qué más da protesta el amarillo. Ninguna hoja se parece a otra, pero beben el mismo oxígeno. Ya no necesito preguntar y no siento el peligro. La muerte avanza, el tiempo calla y se acabaron las goteras. Todo tiene su antes y un después de ahoras sin urgencia. La acción es una espera que disimula, la epidermis de un glacial llamada vida. Y hay semen en las piedras del mundo.

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

EL PROTOCOLO

"Paso de buey, tripa de lobo y poner cara de bobo".

Suplicaba pestillos.
Especialistas García.
Cáncer ecológico.
Preguntar responde un poco.
Chozo suite.
No escondas el no.
Afilaba cenizas.
En el Parking asesinan globos.
Consumo revolucionario.
Vacío especializado.
Aplaudía a codazos.
Ojalá vuelva el protocolo.
Se ahorcó por desahogo.

martes, 22 de septiembre de 2020

EL PARAÍSO PÓSTUMO

Eduardo es traductor y por eso llama a la España póstuma: El paraíso difícil. Moga traduce, con su lenguaje cristalino, las extremeñías destiladas por la mirada de Berlanga que le escribía Azcona. Eduardo es poeta, y por eso anda con su linterna iluminando ángulos imposibles.

Los que seguimos su blog Corónicas de Españia, ya habíamos leído este libro en las diferentes entradas que lo conforman, pero sorbido del tirón se da uno cuenta de la importancia del retrato. Moga hace el Dorian Gray del camalote, dibuja el arrastre mental de la dehesa, el paisanaje de surco que vacía los museos y convierte los teatros en festivales.

Eduardo Moga se me antoja un George Borrow sin más Biblia que sus ojos. Lo más parecido a los viajeros ingleses del XIX que nos ha traído el XXI. Describe nuestra zozobra con el sonido de la tinta que luce en el reflejo del agua de su prosa. Deja correr ese líquido durante quinientas páginas y sale esta obra que se mete en todos los charcos. Moga, con su literatura líquida, se convierte en el zahorí del baño del que no puede privarse porque es “medio anfibio”. Aquí se marca la sociología del pantano bailando el vals del embalse. Solicita la carta en el “Restaurante R.” y pide la cuenta a la Junta.

A EM no le hace falta esta reseña de mierda, él ya lo ha hecho todo en la literatura. Quien quiera entenderlo que lea su currículum. Yo leo sus libros aunque no puntúen en las subastas. Llegar a dirigir la Editora Regional y el Plan de Fomento de la lectura por concurso, tiene su guasa. Vivimos en el meritaje de la compra como buenos mercenarios.

En el Mercadona del currículum pedimos un kilo de doctorado, medio de máster y cuarto y mitad de Rey Juan Carlos. Así, ya va uno tranquilo por la vida sin más valía que el carné de un partido pareado.

España mola que te cagas, y el culo patrio es lo que Moga llamó por educación El desierto verde que no es más que la versión poética de este paraíso difícil. Por aquí desfilan Cáceres, Badajoz y Mérida haciéndose la cruz de Cánovas como si fuera la memoria histórica de un Trujillo del siglo XXI.

Ferias del libro, museos, restaurantes (Eduardo tiene algo de Cunqueiro), poetas/poetastros, actos culturales y alojamientos rurales. El chaval del porro, el contrabando de tabaco y la anécdota del esperpento. La guardia civil, el chófer Melitón y un reguero de silencio que calla (por si vienen a por caldo) que durante siete años le han ocupado la mochila. A Moga, como buen traductor, hay que saber traducirle. Saber leer las omisiones del respeto catalán del punto y final.

A mí lo que más me gusta es cuando se olvida de sí mismo y se pone mordaz. Cuando hace la radiografía cultural de la Región en Las razones de una dimisión o Los hábitos de lectura (en Extremadura). Cuando vivisecciona la Sanidad en Anatomía patológica en el Infanta Cristina de Badajoz o señala el patetismo secular y la despoblación en De política: cosas (preocupantes) que pasan en Extremadura.

Por este libro campean Floriano, Margallo, Monago y los jeques de Vara. También el caciquismo cultural (no se pierdan Sobre libros de la ERE y criterios editoriales) que desmenuzó en una reciente entrevista en el diario Hoy, por si había quedado alguna duda.

Eduardo Moga, ha venido a hablar claro a la región del silencio. Y encima lo deja por escrito. Esta osadía pasará al parnaso de las letras que sobre Extremadura escribieron Felipe Trigo, Víctor Chamorro o Miguel de Unamuno. Lo que en audiovisuales ha hecho la gente de Libre Producciones.

Seguro que Manuel Cañada cuando se baja del megáfono de la Otra Extremadura lee libros como este, escritos tan en silencio. Al final la Extremadura saqueada es el propio Ruedo Ibérico. Y lo mismo da que se llame Valdecañas que Gürtel porque los pantanos son los ríos que van a dar al hoyo 18 de la Justicia.

[El paraíso difícil por Eduardo Moga. - Barcelona: Godall Edicions, 2020]


jueves, 30 de julio de 2020

LA PARADOJA

"La corrupción del pensamiento comienza por el lenguaje"
George Orwell.

Energía limpia.
Inmigración ilegal.
Corrupción policial.
Banca ética.
Desarrollo sostenible.
Monarquía parlamentaria.
Paciente cero.
Política cultural.
Bomba inteligente.
Contrato indefinido.
Prensa digital.
Confinamiento domiciliario.
Guerra justa.
Libertad vigilada.
Lectura fácil.
Partido Popular.
Pacto judicial.
Discriminación positiva.

sábado, 11 de julio de 2020

LA NUBE

De repente, como un olvido, ya no estás. Ya no quieres. Ahora todo comienza como un tiempo sin abrir. No necesitas subir la mascarilla si pasa alguien. Cuando entras en el espacio del tiempo, no hay lugar para explicaciones. Aquí, quien entra, debe estar atento a los detalles. Debe saber que la ignorancia es un pozo donde bebe la curiosidad. Aquí los perros no tienen más derechos que tú. Las plantas no presumen de elegancia. Aquí, una vez dentro, se olvidan los consejos. El reloj pierde sus agujas y la existencia no delinque. El afecto se vuelve trasparente y la sangre se hace agua. La sencillez mira por las noches al universo y una estrella fugaz dispara su capricho. Aquí las lecciones las da la brisa. Salen de todo lo que ya no. Hay olor a raíces. La mirada ya no importa. Aquí se habla de ojo a ojo, de la valentía azul con ansia de noche, cuando entran los pelos del bosque (con su oreja gigante) a mirarte como una hormiga. Sentimos larvas que suspiran. Notamos el cansancio de la soledad, con alegría. Tocamos el agua y su sonido. Como un olvido, ya no está, ya no quieres y la urgencia desaparece. Una nube ahoga con tranquilidad, como si fuera repetida. Aquí pasa algo -piensas-, porque no pasa nada.

miércoles, 1 de julio de 2020

EL AGRADECIMIENTO

A Chariantonio.
"Yo, esto de ser poeta, cada vez lo entiendo menos". 
Leopoldo María Panero.

Escribir borra las fotografías con la memoria que se tumba en las alfombras. A veces hace llorar y disfrutamos. Disfrutar tiene mucho de soledad, hay algo íntimo que la compañía pervierte. La oscuridad necesita estar sola para brillar. El error surge en la presencia del otro, cuando el lenguaje confunde, cuando comienza el después y las preguntas. Ante la palabra, la actitud se vuelve nítida y damos un barniz a la bondad. La biblioteca como un reloj de arena, acumula cadáveres de ida y vuelta. Cada libro tiene su espalda, su exclusión, el tiempo quenodedicastea. Ojalá no acabe este macramé de afectos.

viernes, 26 de junio de 2020

LA PIEDRA

Vivir en el desierto cansa de frío. Se resigna la fiebre a un cansancio de piernas, a la escalopendra quieta bajo la piedra. Se echa de menos echar de menos y se cansan las paredes. Se aburren las hierbas que se suben por la tristeza y rompen los tejados con alegría. Hay en los desiertos un páramo rulfo. Tiene lugares donde es posible besar, a las cuatro y media de la tarde, salivas inocentes sin más futuro que secarse. El desierto tiene su calor en el tiempo robado, en el fracaso descubierto y el olvido de memoria. En sus habitaciones vive gente que aún no conoces, con el ansia de su jaula que llama a tu puerta. El desierto no se ve, vive dentro del ojo como una sombra que derrumba asco. Se chiva como un silbato, como un poema, como un hijo sentado en el sofá. Hay que drenar el desierto, regar la tinta, mirar de lejos, darle suavidad. Se espera un espejismo, salir del inventario, desbordar la máscara, olvidar el protocolo. Equivocarse en el desierto se llena de eco, de tierra en los ojos y cuesta mantener la calma en la mirada. Hay mucha sangre en el desierto. Matanza de tiempo, torpeza, hastío y un cúmulo de meses de marzo. Zanjas de calendarios llenas de enes junto al absurdo que se escapa. Alguien arrojo tierra en la tumba del desierto. No se puede negar mejor. En el desierto se aprende a sentir frío, a mirar como miran los padres a sus hijos. Se huele con las manos mientras se oye la noche. En el desierto hay un aire difícil, un sol de entierro y un portazo. A veces se levanta un deseo en remolino para matar la tibieza, que nunca muere. Se espera poco a poco, paso a paso, verso a verso, para levantar la piedra íntima donde -estoy seguro- puedo llegar a aparecer.

viernes, 19 de junio de 2020

LA SENDA

Perdón y gracias son hacia ti lo mismo”.
JSP

Fascinas a los niños y eso me asombra. La piel de tus naranjas como restos de un poema, recuerdan a tu sombra. Animas la brisa con tu silencio. Todo lo que alumbras florece de ternura. Olvidas con elegancia, con la vida que germina al calor de los instintos. Eres un reducto de pureza. Escribo a la luz de la soledad versos que me reflejen mientras te buscan. Sé que te hago daño y aprendo a dolerme sin escarnio. Vivir es amar y olvidar mucho. Habitas mi soledad, pones límites al mundo, sigo la senda que abres al tiempo. Ahí está la tinta. Mírala. Puedes tocar mi vida, si quieres. Te quiero como te quise. Tú me enseñaste la elle de las cosas. Todavía quedan lágrimas por secar y he aprendido a olvidar de memoria.

martes, 2 de junio de 2020

EL ESTÓMAGO

Las tardes llegan con emociones que se apagan: la cama que se enfría y otro septiembre que se va. Cambias de sitio la mirada. Vienen aluviones de tardes como nubes de mañanas, como granizos de ventanas que no se abren. Vienen con su memoria a cuestas, con su venganza de silencios a partirte la cara del insomnio. El futuro, claro, está ahí, al alcance del todavía. Pero la memoria tiene el estómago lleno de ahoras y así no hay quien duerma, porque somos nuestro antes. Ya no necesito imposibles. He aprendido a cansarme, a forjar alientos porque también la torpeza aprende. Ya no pierdo mi cuándo. Ya solo exijo pureza a mi silencio porque cada boca tiene el suyo y el olvido hay que ganarlo.