El simple complica.
Solo era daño.
La interrupción mata por continua.
La manía da personalidad.
El misterio depende de la vecina.
Lo malo conocido era la bueno por conocer.
Tenía la vida bien doblada.
Guardaba para heredar.
Balaba para olvidar su sapo.
martes, 25 de septiembre de 2018
viernes, 21 de septiembre de 2018
LA ANGUSTIA
Espacio y tiempo como nubes de un solo viento.
La mano va más allá de la palabra.
La belleza como deterioro.
La poesía llega andando.
Cotilleaba por educación.
La necesidad violenta de la soledad que empuja.
Consentía aburrimiento.
La bandera simplifica.
Era tímido para escuchar.
El tiempo conduce a la biología.
Siempre hay un beso en angustia.
La mano va más allá de la palabra.
La belleza como deterioro.
La poesía llega andando.
Cotilleaba por educación.
La necesidad violenta de la soledad que empuja.
Consentía aburrimiento.
La bandera simplifica.
Era tímido para escuchar.
El tiempo conduce a la biología.
Siempre hay un beso en angustia.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
LA CASA
"Pero yo ya no soy yo ni mi casa es ya mi casa".
Federico García Lorca
La perplejidad, la emoción perpetua, regresa. Me paro y reparo en que bebo agua del mismo vaso, del mismo grifo en la misma casa donde me crié. Las emociones se han ido hacia reversos dinámicos y no siento las ramas de las raíces. El latido inmediato me recuerda que sigo vivo, sin otra certeza que el pulso que me alienta ni más aliciente que volver a disfrutar. El gozo no necesita preguntas como una norma que rompe nuestros límites o quizá..., quizá ni el quizá importe. El fracaso prematuro dura más pero duele menos. Su intensidad viene desde el siempre, desde la losa del "otravez". La educación, el aliento del amor, el heroísmo esteril de querer como debía, el único fracaso. Y sin embargo sirvió. Llegué a lugares que desconocía de la mano de la saliva, perseguí el tacto de lo imposible, todavía, en ocasiones, siento ese calor. La perplejidad, sigue viviendo en casa.
jueves, 13 de septiembre de 2018
EL LORO
Érase una vez un loro que vivía en una gran jaula que le habían comprado sus padres. El loro había estudiado en la Universidad, claro, y tenía un plumaje exhibicionista. Rojos acarminados, verdes selváticos y amarillos de un brillo canario. La jaula tenía todas las comodidades: piensos variados, agua en varios depósitos y palos a diferentes alturas donde liberar sus cloacas. El loro repetía con dicción humana un extenso vocabulario y era la envidia de multitud de palomas que frecuentaban su jaula en busca de migajas. Las palomas permanecían ensimismadas escuchando la pronunciación humana del loro. Sin embargo, el loro, cuando aprendió todas las palabras que su pico pudo repetir, comenzó a fijarse en la libertad de las palomas que merodeaban en torno a su jaula. "Cambiaría mi plumaje por su vuelo (bis)", pensaba el loro. Un día, quizá por un golpe de viento, la trampilla que cerraba la pajarera quedó sútilmente desencajada. El loro, con el miedo de quién se enfrenta a la libertad, tocó con timidez la verja con su pico, dejando un rectángulo de horizonte sin barrotes frente a él. Poco tardó un palomo en entrar en la jaula y con una habilidad propia de loro se encerró echando el alambre por dentro. El loro, con su vuelo florido y su palabrería, pronto tuvo un auditorio de padres y niños que le procuraban alimento a cambio de una fotografía. Vio colmada su felicidad rasante de parque y merendero. La paloma, sin embargo, fue desalojada por los padres del loro. No querían un impostor, habían invertido mucho dinero en su mascota como para ser suplantada en un descuido. Un leve giro de cabeza, desnucó a la torcaz que fue arrojada a un contenedor de reciclaje.
martes, 11 de septiembre de 2018
LA BLANDITO
De abuelo franquista y paletón, y padre transaccional psocialista, fue engendrado para el ahorro de la familia numerosa. Su cerrojo atávico tiende a guardar como forma de no ofrecer. La blandito, ese género neutro a mitad de camino entre la androginia y lo homosexual, se educó en la escuela pública y las clases de Academia de inglés. La Universidad (para ellos siempre será "launi") le trajo la beca Erasmus y la licenciatura en Ryanair. La blandito crió tez de pijama Woman Secret soñando con ser dependienta del Oysho. Piensa que el mundo es maravilloso como un Interrail y un filtro de Instagram. Ven la vida en tono pastel con gafas de pasta y palabras "anglo" como vintage, pop o millenial. Piensa que sus padres son felices porque no se divorciaron y porque tuvo Reyes y Vacaciones de medusa con helado "¡Yesoesguay!", te dicen con el pelo y la boca abiertas. Tienen la impostura de un catálogo del Ikea con la piel clorada por la música del Zara. Su gilipollez viaja en bicicleta, hace el camino de Santiago y cola blanda para entrar en el Prado si lo recomienda el Telediario. Piensan como creencia pero sólo hasta el brocal de la contradicción como votantes de Podemos. Contienen los eructos y su cara es el espejo de la mueca: el rostro cortado de quien observa a su mujer tonteando con su exmarido. La blandito va al gimnasio pero no suda, quiere pero no ama, jode pero no folla. Son curas 3.0 bautizados en el Android y el monólogo del "finde" porque habla apocopando sus límites como forma de expansión hacia la nada. La blandito, con su carne de soltera hace ostentación de vacío para llenarse. Viven en la siesta española como si fuera el sueño americano.
martes, 4 de septiembre de 2018
EL EXTRAÑO
A Mónica.
Extraño como un vaso en una escalera. Cuando la noche nos devuelve la pregunta como una presencia externa, entiendo que nuestro error tiene pureza. Y si despierto otra vez en la noche y te contemplo ajeno, como los objetos movidos por un niño, y pienso que he tanteado todas las respuestas, tú te giras y me sonríes con un ojo, inflamando la poesía. El aire parece trasparente entre nosotros. La pared es la misma por dentro que por fuera. Sigo buscando el lugar donde tu mano sea mi mano, donde el fracaso posible tenga su encuentro, su pozo de besos, su fatal. Por qué no siento el mar. Por qué no siento septiembre como debiera, por qué este olmo crece sin tronco. El tiempo nos ha dado un lenguaje de gestos que a veces cortan y a veces chupo con el ardor de un beso. Desde las ruinas del tiempo, insisto en el instante del temor. Temo despertar y no sentir la perplejidad del mundo sobre la cama.
Extraño como un vaso en una escalera. Cuando la noche nos devuelve la pregunta como una presencia externa, entiendo que nuestro error tiene pureza. Y si despierto otra vez en la noche y te contemplo ajeno, como los objetos movidos por un niño, y pienso que he tanteado todas las respuestas, tú te giras y me sonríes con un ojo, inflamando la poesía. El aire parece trasparente entre nosotros. La pared es la misma por dentro que por fuera. Sigo buscando el lugar donde tu mano sea mi mano, donde el fracaso posible tenga su encuentro, su pozo de besos, su fatal. Por qué no siento el mar. Por qué no siento septiembre como debiera, por qué este olmo crece sin tronco. El tiempo nos ha dado un lenguaje de gestos que a veces cortan y a veces chupo con el ardor de un beso. Desde las ruinas del tiempo, insisto en el instante del temor. Temo despertar y no sentir la perplejidad del mundo sobre la cama.
miércoles, 8 de agosto de 2018
EL SOCORRISTA
La
belleza sucumbe a la atracción.
Se
quiere por dolor.
La
chaqueta se viste sola.
Inquietud
de socorrista.
La
culpa reconforta.
Toda
suma resta.
La
caricia corta a quien la entiende.
Brutalidad
autodidacta.
La
esfera no piensa.
Llamaba
progreso a organizar fracaso.
viernes, 3 de agosto de 2018
LA ZAPA
“Tal
vez aquello en lo que pensamos
ni tan siquiera existe...
¿Quién sabe si la luna que admiramos
es tan solo un defecto de la vista?”
Joaquín María Bartrina.
ni tan siquiera existe...
¿Quién sabe si la luna que admiramos
es tan solo un defecto de la vista?”
Joaquín María Bartrina.
El
asco está caliente como una espina de memoria. Pulso de espuma,
grasa y pelo. Adolescencia de emes masticando elles, sin alegría. La
mentira corta a quien la entiende como el semen de un desagüe. La
molestia con su arteria dispuesta para el trombo, con besos de miedo,
con su violencia detallada, con su punto. Y
regresar a la piel, a la zapa conforme, al egoísmo carnal de la
almohada. La escalera se llena de cristales, de migas de emoción
para un pájaro repetido que sabe lo que hace, que llora espinas que
se meten en los relojes. Se odia con diente repetido, con el oído
que duele, con la repugnancia efímera de las madres, donde el asco y
el orgasmo sudan la misma foto.
jueves, 19 de julio de 2018
LA PRESENCIA
La compañía es otro imposible. Es la
presencia quien se impone. Por eso el concierto, el selfie y el trofeo. Por eso la biblioteca frente al Kindle y se guardan los
dibujos del crío. La presencia responde al ahora del cariño (el
amor tiene su intestino). La compañía es otra lejanía, otra
mentira con cremallera. La presencia es un abrazo callado, un manto
de padre con la ideología en el hombro. Compañía suena a negocio,
a frase de yoga, a un domingo coñazo con gente odiable. Suena a
viaje de avión, a empresa de cuñados. A la compañía le pesa
demasiado la eñe, mucha fama para tan poco hiato. La presencia es un
pavo real en el salón. La belleza cotidiana del peseatodo. El pavo
se caga y canta en agudo, a la biblioteca hay que pasarle el plumero
pero tiene memoria. Sin recuerdo no hay existencia. Existimos porque
nos acordamos de estarlo. Sólo sé porque me acuerdo, que diría
Sócrates. La presencia es “El aire de las colinas” de Rulfo. La
importancia del otro. La presencia tiene un pase de lista cotidiano,
una conducta, un ejemplo. Compañía suena a batallón, a la guerra
de la convivencia, a la trinchera del silencio, a chantaje emocional.
El chantaje emocional funciona si nos dejamos. Es un egoísmo
proyectado a través de la culpa. Sólo funciona si funcionamos, si
dejamos que la emoción siga su hábito, su negocio, su iglesia. Hay
que levantar presencias -en mi soledad vive mucha gente- sentir
frente a tocar. Elaborar mentiras, pasearnos eldonquijote, etcétera.
La compañía, como verdad, tiene el molino muy corto.
martes, 10 de julio de 2018
EL TRATO
“Ojos que se
quieren bien
Aunque se
miren de lejos
No son ojos
sino espejos
Donde las
almas se ven”
Diego de
Silva y Mendoza
Uno se traba
con la gente como se traba un jersey en la punta de un saliente. Se engancha de
una risa, de un carmín, de un filón de sorpresa que a estas edades ya es. Pero
cuando uno vuelve para ver, se da cuenta que el clavo sobresalía por un mal
remate y que el enganchón nos ha hecho un siete y seguimos caminando como si
nada. Así las personas. De repente alguien sin conocer, y depositamos nuestra
necesidad de misterio en ese mito que dura media hora. El enganchón es como el
deber de socorro del trato. Aquí Falote aquí Fulano (que se me note la paridad)
y como uno está un poco harto de Mengano pues se ilusiona. Hasta la basura
agrada cuando llega en forma de contrato, pero a la semana el mileurismo mental
no da para más prueba que la emancipación del piso compartido. Decía que el
mito dura media hora. Luego se repite peor, siempre se fracasa peor por mucho
que diga Beckett. La repetición tiene un dolor cansado por limitante. Esa
realidad de saber que tu hijo es tonto para siempre. La ilusión depende de
nosotros, por eso existe la pesca y el Atlético de Madrid. Por eso las
vacaciones, el fin de semana y el cumpleaños. Por eso el regalo, el hijo, el
padre y las graduaciones. Por eso el luteranismo del selfie. A veces el
enganchón se embarulla y ya tenemos matrimonio para toda la vida porque en ese
tejer y destejer se encuentra el mecanismo de la madeja y ya, pues preferimos el detergente de toda la vida, por mucho que venga Luzil con sus milagros. Somos el ansia de un nido que se paga a plazos. Para entonces el
viaje, el encuentro, el chiste y el cubata, van perdiendo el hielo y se aguan
como una tarde de verano. Pero uno sigue con sus jerseys y hasta pone un
ejército de puntas por los codos para perfeccionar el catálogo del socorro,
convertirse en un experto de los primeros auxilios, de la chanza y el convite
de embutido. La traba es el fractal del amigo. Cuando se repite hay que fijarse
en los matices para desollarlo. Conocerle más que él mismo. Por eso el poeta se
lee como un narciso versificado. La imagen se la suda pero el verso le desnuda
frente al espejo de las sombras para verse mejor. Y entiende las sutilezas del
ojo en pose. Y mira a Paco como si se mirara a sí mismo y encuentra el bisel de
la conducta y todo le agria un poco. El enganche, desenreda esa acidia de la
conducta. El escéptico no es más que un actor que odia el Happyend del nihilista
ahorcado. El encuentro es compartir la noticia en Facebook, darle al megusta
del contacto. Es una traición pequeña como ir al McDonalds. Algo que nos
permite entender mejor a la abuela y su canario. El otro es una excusa para
traicionarnos un poco. Ser un loqueodiamos justificado. Por eso nadie aguanta
una pureza. Y vamos mendigando encuentros para contradecirnos, jugar al eco de
los disfraces, completar la paradoja que nos convierte en humanos. Y odiar al
prójimo como a nosotros mismos.
viernes, 6 de julio de 2018
LA DIOPTRÍA
Placeres sencillos, pleonasmo complejo.
La barbarie de lo posible.
La relajación como estímulo.
Impostura, poesía pura.
La dioptría soy yo.
La vanguardia se coge arrastras.
Tiene cara de cumplir sueños.
La endogamia dice sí.
La biología como ideología.
Querer y creer, sinonimia vaporosa.
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