viernes, 12 de septiembre de 2014

EL LECTOR

El entusiasmo, la trascendencia, lo importante, ese candor. Detrás del mundo hay un posesivo determinante. Un “mi” enorme que condiciona. De qué arena estamos hablando. Inflamos el aire con gestos, vestimos el traje con luz, esa ceguera blanca, Saramago, etcétera. Nada importa desde el instante. Desde que siete mil millones de cadáveres (según las últimas estadísticas) consumen insomnio. Cómo podemos acunar al niño, con qué mano tocar. Hay una mancha que navega a la deriva y un latido que se apaga en la ceniza. Hoy se ha muerto otro lector, se rompe otra biblioteca  -polen de libros diseminados-, perdón por la inocencia. Palabras rotas, tamo de coltán colmando los cimborrios. El asco enciende otro brasero, pavesa continua a la espera de un instante de viento, vidas como bultos de mibulto que no cesa., semen que no aprende, ay.

2 comentarios:

Pablo Gadea dijo...

Eres necesario hijo de puta, un demasiao...¡Se te echa de monos! un abrazo enorme muyayo

Anónimo dijo...

Tu si que eres un muyayo... Nos vamos a ver pronto... Un abrazo sordo.