viernes, 14 de diciembre de 2018

LA LAVADORA

-El amor enseña a apagar el brasero.
-Corregía metáforas.
-Vestía calendarios.
-Pellet humano.
-Retrocedía al detenerse.
-Parece lo que aparenta.
-Qué blandito más gracioso.
-Sin ficción no hay Reality.
-La belleza necesita lenguaje.
-Cruel por cobarde.
-La televisión te convierte en fama.
-Callos en las gafas.
-La película era la serie.
-Alegrías de lavadora.

jueves, 13 de diciembre de 2018

LA INTEGRIDAD

A mi padre

Tontería trascendental.
Odio pedagógico.
Justicia dice.
Mediocridad radical.
Timidez exhibicionista.
Sufría disfrutando.
Apariencia parecida.
Suplica odio.
Tacto virtual.
Igualdad injusta.
Compromiso colateral.
Era millenian.
Místico social.
Asumía rabia.
Venganza inocente.
Discriminación equitativa.
Apatía empática.
Baba TV.
Escribía suturando. 
Totalidad parcial.
Escombros integrales.
Automorimundo.

martes, 11 de diciembre de 2018

EL CONTENEDOR

"-No se te olvide mandarme enlace a tus viñetas...
-Te escribí ya un mailo... mira los spam"

Spam: correo basura.

A Pablo Gadea

Desde el ático no se ven los contenedores ni los ancianos que rebuscan en la basura del portal. Desde la terraza, el humo decora la melancolía. Desde la altura todo es condescendencia. Con el tiempo, la vida pone el contenedor en su sitio. Nacimos en la huella saciada del mundo, en la pavesa ideológica del privilegio. Por eso nuestro hambre viene de la metáfora. De las minucias interiores que acaban en suicidio. Desde el ático se oyen niños y televisores como bromas infinitas. En la cima no hay lugar para las frutas podridas ni tiempo para la tensión que surge de la vergüenza del hambre. Nuestra humillación reside en el qué dirán de los abrazos. Llegamos al agujero mirando a las nubes y ahora rebusco entre Viagra tu oxígeno virtual. La podredumbre no huele. Es una oficina sin espacio. Un ojo que se mira a sí mismo a través de los demás. Es el gatillo binario de las amenazas. En el jardín de los iconos encontré recuerdos. Era la ciénaga iluminada de un crédito express. Somos la carga del lodo, la química de un algoritmo que sangra. Un dolor sin horizonte, un contenedor sin fondo, un abrazo que llora porque olvidó su contraseña.

viernes, 9 de noviembre de 2018

LA TRANSPARENCIA

Vendía gratis.
Trazabilidad espontánea.
Imitación original.
Financiaba regalos.
Falsedad original.
Sillón furtivo.
Troquel salvaje.
Eternidad diaria.
Cantidades únicas.
Matiz radical.
Gemelos irrepetibles.
Menstruación lírica.
Saludos íntimos.
Repugnancia exquisita.


jueves, 8 de noviembre de 2018

LA CONFORMIDAD

La memoria del dolor hace el silencio.
Cada risa con su marketing.
Asumir consuela. 
Cagaba de 8 a 15.
Se enamoró de un calendario.
Paleto como un Alcalde.
Vívía en el bucle de un fractal.
Descubrió que el volante era el freno.
Ya no te encuentro las metáforas.
Tiempos de bulimia.
En serio o en serie.
8000 millones de hemorragias.
Versos contra cortinas.
Entretenía al aburrimiento.
La vida vivía en la conformidad.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

LA BONDAD

“Sólo hay alguien que merece todo mi desprecio 
y es quien siendo consciente es inferior a sí mismo”.
JRJ. 
"Ser bueno es ser valiente".
Antonio Machado.

A las buenas personas.

Egoísmo solidario.

No hubo alfombra para su tontería.

La indolencia muere matando.

La ignorancia con su docilidad de alcurnia.

Aquel yo escupía ellos.

El desdén volverá radical.

La bondad con su pasividad violenta.

Su egoísmo dolía.

martes, 6 de noviembre de 2018

EL SECRETO

Compensaba odio con miedo.

Intuía para compensar.

Sin creencia no hay militancia.

La utilidad no entusiasma.

Descubrió la vida en el aburrimiento.

Financiaban depresión.

Buscaba intimidad en lo secreto.

miércoles, 31 de octubre de 2018

LA LENGUA

Cuando la pose deja de fingir hay que romper los espejos. Desear que los libros ardan, que se esparzan las cenizas y se disuelvan los epitafios con el primer orín de un gato. El último cuchillo ha muerto. La risa ya no depende de mi. No hay muerte más grande que enterrar nubes de bronce. El sueño abre la boca cuando cierro los ojos. La última baldosa vibra si la miro como quien pisa las huellas del siempre. La erre tiene eco. El colchón una historia sin matices. Los cuerpos dejan huella como muecas en la cara. El tiempo arrasa. Todos los días nacen preguntas hacia el quién (yo que versaba paraqués). La espesura adentra claridad. Un abuelo viola los cuentos de su nieta, mientras la niña masturba baratarias paralelas. Hay que enriquecer las bolsas de basura piensa un perro, sugerir flores nuevas a los pétalos. Tensar la piel para encontrar la lengua que nos coja de la mano. Mentir a lo imposible. Volver a llorar parques.

domingo, 28 de octubre de 2018

EL GENIO

De vez en cuando sale un Goya para apuntalar el arte. Para darle rango, foco y Ministerio. El Ministerio es el foco del turismo, el rango necesario para pagar la entrada, convertir en negocio lo que no se entiende pero tiene premio nacional, cuadrándose el círculo del ocio (ese fin de semana de atasco y villorrio). Cuando nace un Goya se cala el mundo. La gente se calla porque sabe que ha pasado algo aunque no sepa qué, como un escape de Almaraz que desintoniza la tele. Goya tenía cualidades de tapiz real, por las que va prendiendo el tiempo y el opio hasta llegar a Saturno. Ramón es el Goya de las letras. Ramón tenía en su despacho dos botes, uno de opio y otro de ideas, pero yo creo que le sobraba uno. Ramón era un niño que supo jugar cuando le creció el Peterpan y se juntó con Campanilla de Burgos. Hacía greguerías por donde sacaba los flecos al misterio de la vida para que todos comprendiéramos la magia que existe en los objetos. La vida para Ramón era fácil porque tiene sangre y palancas propias. A él le gustaba tocar el silencio, darle la vuelta al mecanismo del gato y diseccionar la simpleza e impostarla de fantasía para convertirla en verosímil. La "greguería" se le fue quedando corta y se pasó a la "gollería", que no es más que la prosificación de su invento primitivo, darle una capa de venta con dibujitos y temas cotidianos para que las navidades le fuesen más rentables. Luego estira cada tema hasta hacer una novela. De ahí “La Nardo”, “El caballero del hongo gris” y así. Ramón hace sinestesia antes de que vinieran los psiquiatras a poner la palabra en su sitio. Umbral lo destila, le quita niño y le pone whisky optalidón. Paco iba por Vallecas y le mete un poco de cura chabolista, metro y chelismo. Se empapa de actualidad para vender mejor el presente. Se descarna escribiéndole la vida al hijo muerto para que viva mejor su tumba y nos entierra a todos en un lodo poético, en un alquitrán de metáforas que bebieron soledad pucelana y 27. Si la pintura tiene su genio en Goya, y la literatura en Ramón, el cine tiene su Messi en Orson Welles. Welles era un español que nació en América. Welles tenía la columna vertebral en Gredos, costillas en adobo y Valdepeñas. Quería vivir en Ávila, tocar la guitarra y torear a Dominguín. Se comía los puros, las imágenes y las actrices. Era excesivo, demasiado genial para ser español y por eso nació yanqui. Los genios saben que lo son aunque se vistan de modestia o se desnuden por locos. Lo sabía Lorca y se lo decía a sus "residentes". Camarón decía que “mi forma de sentir todavía no la han entendido” que era su forma gitana de llamarnos brutos. Lo sabía Paco de Lucía con su duende guitarrero de quince horas diarias. Lo sabía hasta el modesto Machado con su “debeísme cuanto he escrito”. Pero me falta el Goya del ruido. Wagner vivía en el oído de Beethoven. Quizá sea mi sordera para el acorde, mi agrafia sonora, pero no encuentro un Falla sin sífilis. No encuentro un Satie que aguante los experimentos de Zappa. Alguien que desentrañe las armonías del magma y los suname en melodías. La música tiene pianos suficientes para sufrir mejor que nadie. Tiene violines para llorar, plañideras que acompañen la tecla del escozor que tiembla en las agujas del ojo. Dónde el Induráin de la falseta. Habrá que entrar en el silencio. Sacar el desatascador para entrar en la oreja del sueño. Sacar al acúfeno para que Goya le dé un par de gollerías.

viernes, 19 de octubre de 2018

EL PUEBLO

"En los pueblos hay que saber pasear".
Josep Pla.

El grito silencia como la cal. El silencio no hay quien lo calle. Los pueblos chillan de noche cuando se enciende el insomnio de los cigarros. Los pueblos tienen veneno, violentos ahorros y semen de otros. Los pueblos son trágicos. Gritan suicidio y accidentes. Susurran iglesia, siesta y granito. En los pueblos el ruido se cura con sueño y portazos, con la resignación de las putas y el ruido de las motos. El ruido divierte. El petardo, el perro y la campana. El golpe arregla con su dale hasta que suene. Sacho, cigarra y motosierra. Rugidos de abanico, moscas y gallos. Gargajos del quiero y no tengo que chillan por dentro. En los pueblos no se lee porque no hace ruido. El ruido deforma. Dispara puertourracos con tiros de alma. En los pueblos hasta las cazuelas chillan. El casete, el taco y el silbido. El saludo, la boda y el entierro. El pueblo es un escándalo de ruido, sísísísí, yayayaya en metralla. Se besa con tímpanos de madre, se quiere con ruido y se come con ruido de bocas. Candados, cencerros y mecheros. Se ahorra para quitar mejor, para decir aquí está mi ruido, y que no falte. Se ahorra en monedas para chocar ruido. El cura grita con su voz capona. El escándalo muge poco porque viene del eco, de la tristeza que está de camino. Se gritan alarmas chillando obediencia. El balido es un eco de locos para ánimas de ambulancia. Grita el frutero, el chatarrero y la Guardia Civil. El chiflo anuncia el afilagritos de la nevera. Gritan las ramas, las golondrinas y chilla el agua en su tormenta. El sol, la nube y las lunas, gritan de luz. Crujen el paisaje como la flor blanca del estramonio. Ruido, bulla, pozo. El pueblo es un claxón enorme. Una sierra de dientes y troncos. La comida ruge en la grasa del chorizo. Aúlla el lobo, el cuco y la serpiente. Pían los barruecos y las raíces de las zarzas. Grita el fuego, los murciélagos y el hielo de las copas. Chilla el maltrato de las puertas, el pintalabios y el alzheimer. Las agujas, el dominó y las cuarenta. El bar grita fútbol, el fútbol grita whisky y el humo rondas sin remitente.