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martes 2 de noviembre de 2010
viernes 6 de noviembre de 2009
FRANCISCO AYALA
A levy-Strauss no le he leído nada, a López Vázquez le he visto más y Ayala lo he leído tarde. Creo que me pasa como a todo el mundo. Del primero no sé más que su apellido de pantalón caro, del segundo que estaba en todas y del tercero que escribía fetén. Ayala suena a despedida árabe porque él venía de Granada. Escribía en cervantino que es el castellano que se lee más fácil y se escribe más difícil. Ayala tenía prosa de otro siglo porque el era de otro siglo. Perspectiva, perfil y persona: las tres pes del individuo que se me ocurre ahora. Ayala era de perpectiva juanramona, perfil picasiano y persona al estilo de Machado. Con perdón. Esta gente anda de puntillas, pero andan tanto que al final tienen una obra inmensa, como de Braille, y se convierten en referentes tan sin saberlo. La referencia puede ser múltiple pero este Paco, es de los pacos grandes, como Umbral, Rabal o Nieva, pero a su manera. Ahora que le necrologizo, veo que es un poco bergamino porque sale en todas las fotos al fondo como una marca de agua dulce. Ayala tiene su biblioteca en Alianza (y supongo que en otros muchos sitios porque 100 años son muchos para un bibliotecario) y en ella su Historia de Macacos. Los homúnculos que describe los sitúa en Guinea. Tiene una historia sobre escritores que es almíbar (con permiso del Alemán). Tiene cosas de maestro y uno le imagina escribiendo como un Velázquez, como un un Indurain del diccionario. La gente se muere, ellos se van para no volver. Cuando quiero llorar no lloro y así.
miércoles 28 de octubre de 2009
OCTUBRE, OCTUBRE.
Las luces de la tarde me recuerdan los viajes sucios de las mañanas en Madrid. El cabello grasiento dejaba un marea opaca en el vaho del cristal sin salida de emergencia. El barro acumulado en los autobuses tras horas y horas de trayecto rutinario acababan por darle un aspecto siniestro, como recién llegado de una guerra. El trayecto era la escusa de la guerra balcánica (la carta variada evoluciona) y el campo de batalla era tu mente acallada con unos cascos a tope decibelios walkman, discman. El mp3 me cogió en el exilio. Octubre tiene luz añil, como si nos iluminara la posguerra. Cuando llueve el mundo entero es un gotera y el cubo una herramienta imprescindible. Las noches son de gas, de leña y de televisión con niebla. Ahora hay quien prefiere el pladur, la tdt y el facebook para enmascarar una pérdida que nunca perdimos y va dentro. Lo peor de lo perdido es que no se encuentra nunca. Y con esta atmósfera plomiza todo tiende a lo íntimo, a la confesión de la lágrima y al diario de Sandra que antes llevaba Patricia ¿noteacuerdas?. Octubre es el tiempo de la barba y el constipado, que ahora llaman gripe A. El autobús es un poco el Billy Wilder del XXI, y Jack Lemmon es una oncóloga que da remedios como Marilyn pasaba el whisky. Octubre es tiempo de relectura, de cartas de infancia y copas sin hielo. Octubre, octubre sería un buen título para mí novela si el noviembrino de Sampedro no se hubiera adelantado. El largo lustro rural que llevo encima me ha traído un autobús de guerra a la memoria. Yo que nunca fui a la mili, que odio las nostalgias y si puedo voy en AVE. Hoy la memoria se ha reído en mi cara.
miércoles 21 de octubre de 2009
HIGIENE PERSONAL
Siempre que ando por ahí haciendo el dominguero por muy martes que sea, pienso que el viaje es una huida a ninguna parte. El universo entero se extrapola (¿intrapolar existe?) a lo íntimo, a la mesa camilla de la infancia. A mi el viaje me sale como higiene mental. De vez en cuando es bueno abrir las ventanas para que entre el aire. El avinagrarse en la botella tampoco es mala cosa porque el vinagre también es necesario para el que le guste. Yo soy más aceite. El tener lo básico (que es tenerlo todo) conlleva a aplacar el ánimo como si fuera un flor que con agua tiene bastante. Vale. Bien. Pero de vez en cuando hay que cortar una flor, podar el capullo (y el símil está bien traído) para que al volver nos demos cuenta de lo estático del florero, del hastío del florero y hasta de lo anacrónico del florero ahora que se llevan los jardines. Vuelves con las gafas limpias y el estómago vacío. Ya sabemos que comiendo y comiendo se quita el hambre por eso cuando se sacia el apetito hay que viajarse que es buena forma de hacer ayuno si te vas a Marruecos/Ramadán, por ejemplo. Cuando estás de domingo en Suiza viendo vacas y millonarios al regreso te choca que en tu pueblo seais pobres y con cabras el resto de la semana. Esto no sirve para nada pero a mi me viene bien darme cuenta de lo que vale una ubre y quitarle importancia a las humedades. Viajar es un viaje en sí mismo y como la vida es breve pues siempre puedes cambiar de destino. Es un poco como leer. No sirve para nada pero divierte. Lo malo del viaje, como lo malo del cultureta es que suele ser motivo de elitismo cutre, que es como es el elitismo. El viaje es como el restaurante, el vestido y el coche: otro consumo más que se utiliza como elemento diferenciador del mercado pero pasado por el tamiz obsceno de la cultura. A mi el viaje, como el jabón, que resbale rápido al sumidero.
martes 20 de octubre de 2009
I AM
Cuando las pequeñas cosas te quitan el sueño o te fermentan la ilusión se da uno cuenta que el universo entero es una minucia que tiende al infinito. El problema está en cómo se digiere el tema. Por mucho que me expliquen los big banes a mi no me entra en la cabeza que el universo entrase en una cáscara de nuez. La vida está llena de hechos que son deshechos. Quiero decir que son migajas, sobras, mondas, excrementos, heces. Hay quien encuentra placer hasta en coleccionar sellos. A unos les da por el tobe miope, a otros por pintar cuadros, la mona, cambiar pañales, tener niños u otros animalitos. El caso es que la vida está hecha de pequeñas cosas, de pequeños gestos porque las grandes hazañas (las grandes cosas) no existen, porque en la vida nada tiene trascendencia porque la vida no tiene más sentido que vivirla y ya ves tú qué cosa (¡y cómo viven algunos!). Como me estoy quedando calvo intentaré jugar a la retórica. En esa sucesión infinita de minucias los hay que la viven para no dejar vivir al resto, cosa tan digna y miserable como mínima por mucho que actúe de máxima. Nos encontramos miles de millones de seres humanos pensando que nuestra individualidad es importante y ya estoy utilizando un verbo que nos sobreestima. Digo que trabajar y ganar dinero es una chufla, que darle de comer al niño, el perro, y tener economato también lo es. Esto es un engaño pero es lo que nos queda: las sobras. El pastel no existe porque el cumpleaños nos lo inventamos nosotros cuando nace el niño. La fiesta y las velas se apagan cuando sopla y esto es una monería por mucho entusiasmo que le demos, como cuando gana España al fútbol, baloncesto o hockey hierba. La alegría es un engaño que nos marcamos según convenga. El consuelo de los tontos que se dice. Así que hagamos porque hay que hacer pero sin darle boato porque los premios se dan todos los años y ni el desierto queda desierto con tanto dominguero como hay. I am.
TO BE MIOPE
Al cabo de unos años de lectura y escritura se saca la conclusión del desahogo. Digo que leer y escribir es un verbo to be literario. Es el ser y estar de los miopes. Nos hace falta para desahogarnos. No es que valga para nada, no es que sirva para algo es que nos es necesario para no reventar la tubería de las venas. Luego se va construyendo la pose con el premio, la biblioteca, y el poema que ellas llaman maquillaje. El círculo se cierra cuando el pulmón se abre que es la ley básica del sentimiento. Uno va oliendo al personal (perfumes aparte) y les pulsa la apariencia para darse cuenta que sin perfume, sin pulso y sin apariencia se quedan sin aire, sin olor y sin persona. Son como nada pero hasta la pureza de la nada se les niega. Uno, que huele, apesta y resulta desagradable con frecuencia, se reivindica como estorbo para no diluirse con el alba. Siempre que amanezco me encuentro en la maraña de las sábanas como una mosca en la tela de araña de los días. No me pienso menos masa que cualquiera pero de algo habrá que escribir, no?. Además, ya crecidos como estamos, el diario es cotillear con uno mismo, la forma tramposa de criticar con los vecinos pero sin vecinos, sin motivo y sin nada. Hay quien dice que me lee como hay quien dice que lee en general. Leer en general es una pérdida de tiempo y leerme a mi una perdida de dignidad. Cuando te quieres dar cuenta de tanta perdida te encuentras perdido y no hay forma de encontrarse. Entonces, es el momento de dejarse llevar, y leer, y escribir, que es el verbo to be de los miopes. Creo.
domingo 18 de octubre de 2009
CARREFUL SUNDAY
Lo mejor de ir de compra al Carreful es que vas en domingo. Cuando todo tu ánimo te empuja a conjurarte con el sofá, el mus y el licor de hierbas, ella viene a enseñarte la nevera. El coche arde con cuarenta grados al sol y el viaje es una humillación de silencio. Los diez minutos de laberíntico aparcamiento el primer paso a la beatificación. De tu cartera desaparecen las monedas válidas para ser insertadas en el carrito. Otro paseo en balde obligado a acudir a la cajera nueva que se agobia cada vez que alguien le pide otra bolsa más por favor. Cuando le pides cambio muta el rostro en un camaleónico enigma irresoluble. Seis cajeras con el beneplácito de mamá encargada acceden a darte la dichosa monedita. Te acercas silencioso, midiendo tus pulsaciones, controlando tu respiración al depósito de carritos pero no hay ninguno. Mala suerte. El siguiente si tiene pero inexplicablemente la moneda entra pero el carro no sale. Tras pelear con él durante un rato devuelve la moneda. Pruebas con otra fila y esta vez todo sale a la primera cuando tu ya te veías arrastrando tres cestos de mano. Pero no todo iba a ser alegría, no. El carro que sale tiene la rueda atravesada pero tu indignación y tu cara de tonto ya no te permiten reaccionar con normalidad y perder otros cinco segundos en buscar otro. Así las cosas, intentas disimular a base de fuerza bruta la cogera del carrito pero tu cara de estreñimiento te delata. La gente a tu paso cuchichea -otro que lleva el carrito con la rueda atravesada. Mira qué cara. Y es que eso se nota. Tus esfuerzos te agotan soberanamente pero el torrente de gente que te precede, te sucede (y te jode), no permite grandes velocidades por mucho que el sobresfuerzo te invite a actuar con rapidez. Inesperadamente el anciano más rapido de la residencia ha decidido interponerse en tu camino sin posibilidad de giro (por la maldita rueda atravesada)... (CONTINUARÁ)
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