miércoles, 8 de agosto de 2018

EL SOCORRISTA

La belleza sucumbe a la atracción. 
Se quiere por dolor. 
La chaqueta se viste sola. 
Inquietud de socorrista.
La culpa reconforta. 
Toda suma resta. 
La caricia corta a quien la entiende. 
Brutalidad autodidacta. 
La esfera no piensa. 
Llamaba progreso a organizar fracaso.

viernes, 3 de agosto de 2018

LA ZAPA

“Tal vez aquello en lo que pensamos
ni tan siquiera existe...
¿Quién sabe si la luna que admiramos
es tan solo un defecto de la vista?” 
Joaquín María Bartrina.


El asco está caliente como una espina de memoria. Pulso de espuma, grasa y pelo. Adolescencia de emes masticando elles, sin alegría. La mentira corta a quien la entiende como el semen de un desagüe. La molestia con su arteria dispuesta para el trombo, con besos de miedo, con su violencia detallada, con su punto. Y regresar a la piel, a la zapa conforme, al egoísmo carnal de la almohada. La escalera se llena de cristales, de migas de emoción para un pájaro repetido que sabe lo que hace, que llora espinas que se meten en los relojes. Se odia con diente repetido, con el oído que duele, con la repugnancia efímera de las madres, donde el asco y el orgasmo sudan la misma foto.

jueves, 19 de julio de 2018

LA PRESENCIA

La compañía es otro imposible. Es la presencia quien se impone. Por eso el concierto, el selfie y el trofeo. Por eso la biblioteca frente al Kindle y se guardan los dibujos del crío. La presencia responde al ahora del cariño (el amor tiene su intestino). La compañía es otra lejanía, otra mentira con cremallera. La presencia es un abrazo callado, un manto de padre con la ideología en el hombro. Compañía suena a negocio, a frase de yoga, a un domingo coñazo con gente odiable. Suena a viaje de avión, a empresa de cuñados. A la compañía le pesa demasiado la eñe, mucha fama para tan poco hiato. La presencia es un pavo real en el salón. La belleza cotidiana del peseatodo. El pavo se caga y canta en agudo, a la biblioteca hay que pasarle el plumero pero tiene memoria. Sin recuerdo no hay existencia. Existimos porque nos acordamos de estarlo. Sólo sé porque me acuerdo, que diría Sócrates. La presencia es “El aire de las colinas” de Rulfo. La importancia del otro. La presencia tiene un pase de lista cotidiano, una conducta, un ejemplo. Compañía suena a batallón, a la guerra de la convivencia, a la trinchera del silencio, a chantaje emocional. El chantaje emocional funciona si nos dejamos. Es un egoísmo proyectado a través de la culpa. Sólo funciona si funcionamos, si dejamos que la emoción siga su hábito, su negocio, su iglesia. Hay que levantar presencias -en mi soledad vive mucha gente- sentir frente a tocar. Elaborar mentiras, pasearnos eldonquijote, etcétera. La compañía, como verdad, tiene el molino muy corto.

martes, 10 de julio de 2018

EL TRATO


“Ojos que se quieren bien
Aunque se miren de lejos
No son ojos sino espejos
Donde las almas se ven”

Diego de Silva y Mendoza

Uno se traba con la gente como se traba un jersey en la punta de un saliente. Se engancha de una risa, de un carmín, de un filón de sorpresa que a estas edades ya es. Pero cuando uno vuelve para ver, se da cuenta que el clavo sobresalía por un mal remate y que el enganchón nos ha hecho un siete y seguimos caminando como si nada. Así las personas. De repente alguien sin conocer, y depositamos nuestra necesidad de misterio en ese mito que dura media hora. El enganchón es como el deber de socorro del trato. Aquí Falote aquí Fulano (que se me note la paridad) y como uno está un poco harto de Mengano pues se ilusiona. Hasta la basura agrada cuando llega en forma de contrato, pero a la semana el mileurismo mental no da para más prueba que la emancipación del piso compartido. Decía que el mito dura media hora. Luego se repite peor, siempre se fracasa peor por mucho que diga Beckett. La repetición tiene un dolor cansado por limitante. Esa realidad de saber que tu hijo es tonto para siempre. La ilusión depende de nosotros, por eso existe la pesca y el Atlético de Madrid. Por eso las vacaciones, el fin de semana y el cumpleaños. Por eso el regalo, el hijo, el padre y las graduaciones. Por eso el luteranismo del selfie. A veces el enganchón se embarulla y ya tenemos matrimonio para toda la vida porque en ese tejer y destejer se encuentra el mecanismo de la madeja y ya, pues preferimos el detergente de toda la vida, por mucho que venga Luzil con sus milagros. Somos el ansia de un nido que se paga a plazos. Para entonces el viaje, el encuentro, el chiste y el cubata, van perdiendo el hielo y se aguan como una tarde de verano. Pero uno sigue con sus jerseys y hasta pone un ejército de puntas por los codos para perfeccionar el catálogo del socorro, convertirse en un experto de los primeros auxilios, de la chanza y el convite de embutido. La traba es el fractal del amigo. Cuando se repite hay que fijarse en los matices para desollarlo. Conocerle más que él mismo. Por eso el poeta se lee como un narciso versificado. La imagen se la suda pero el verso le desnuda frente al espejo de las sombras para verse mejor. Y entiende las sutilezas del ojo en pose. Y mira a Paco como si se mirara a sí mismo y encuentra el bisel de la conducta y todo le agria un poco. El enganche, desenreda esa acidia de la conducta. El escéptico no es más que un actor que odia el Happyend del nihilista ahorcado. El encuentro es compartir la noticia en Facebook, darle al megusta del contacto. Es una traición pequeña como ir al McDonalds. Algo que nos permite entender mejor a la abuela y su canario. El otro es una excusa para traicionarnos un poco. Ser un loqueodiamos justificado. Por eso nadie aguanta una pureza. Y vamos mendigando encuentros para contradecirnos, jugar al eco de los disfraces, completar la paradoja que nos convierte en humanos. Y odiar al prójimo como a nosotros mismos.

viernes, 6 de julio de 2018

LA DIOPTRÍA


Placeres sencillos, pleonasmo complejo.
La barbarie de lo posible.
La relajación como estímulo.
Impostura, poesía pura.
La dioptría soy yo.
La vanguardia se coge arrastras.
Tiene cara de cumplir sueños.
La endogamia dice sí.
La biología como ideología.
Querer y creer, sinonimia vaporosa.

miércoles, 4 de julio de 2018

EL YOGA


“Ya ni septiembre importa”.
JSP
Qué hace septiembre de rodillas. El cambio climático no es más que un precipicio precipitado. No le damos tiempo al caos, ni al sol ni a los cometas. Nos cargamos el romanticismo de la biología con el litro de súper, que siempre sube en verano. La súper sube como un termómetro que maneja la CIA, que es quien da temperatura a la historia. Somos la ceniza de un pinchazo de teléfono, inútiles de nosotros mismos porque ahora rubricamos la confesión con un tequiero, un selfie y un emoji que tira besos. Somos gente agradecida. Somos la pared vista desde dentro, la presión del barrote que no percibe la reja. Somos un ocaso encerrado en su eclipse, que agradece el fresco si viene y el calor porque sienta bien la cervecita. Que me devuelvan mi septiembre, con su bajón y su coleccionable. Este sucedáneo, esta forma de lazo, estas pre-rebajas, este turrón de octubre no me dice nada. Se me antoja como “lasemanadelchubasquero” del Decathlon. Pero el calor va lo suyo, no sabe de termómetros y cuando llega septiembre comienza el colegio y el yoga. El yoga es un colegio de madres del Quelle y padres adúlteros que se conforman con la miranda. El yoga prolonga la fantasía de Mañanaria, esa ínsula a la que nadie pregunta porque sabe la respuesta. La respuesta es la temperatura del absurdo que deja frío por calor e indiferencia. Septiembre está de rodillas como un premio Nobel, como los sanfermines esperando al toro y los jueces. La CIA necesita septiembre para olvidar que Trump no importa, que Obrador no importa y que la temperatura tiene su propio tiempo, que incluso la CIA juega al caos como el LSD con los ingenieros de Sillicon Valley. Julio –el imperio es el imperio- viene de Roma, de cuando el mundial de los leones. Por eso este frío me deja indiferente.

viernes, 29 de junio de 2018

EL BLANCO

"[...] aquí, no hay espacio para crecer más".
Alicia en el país de las maravillas.
Lewis Carroll.

Desde la conciencia de una hormiga se miran mejor las estrellas. Se atisba la conciencia, brilla el tiempo con su escombro y la piel importa lo que dura el hielo que lo tersa. El hielo es el reloj del verano. Lo que dura una tarde en una terraza, lo que dura la risa en una canción, lo que dura un orgasmo en lo furtivo. El hielo puede quemar. La nieve calienta las manos del fraude. El blanco -el verano es blanco- prolonga la brisa hacia noches de luz, noches luminosas que brillan con sonido. La luz viene del grillo que titila su estrella. De brisas de oriente con peine de abuelas. De memoria olvidada en la saliva de un pecho. La claridad siempre es oscura. Yo hablo de luz. De ese juego de sombras que pide su cal y su calma. El blanco es el sonido de la siesta, de las fachadas listas para el tiro, para la violencia de la mancha. La violencia tiene ritmos y arrugas. La arruga, lunares que llenan de blanco la pelambre, posando el verano sobre la vida, con su armonía lenta de cutícula. La hormiga cruza el blanco, evita el hielo y la sal. La hormiga, en su seguridad desconocida, huele la diferencia y sale a tantear la fruta. Y sin embargo se mueve. No necesita la indiferencia. Esa hormiga blanca, que uno envidia a veces.

miércoles, 20 de junio de 2018

EL RITO

A Mónica.

Ese tiempo no importa. Mi error era cierto. En tu imposible, encuentro ahoras de memoria. Encuentro a un niño junto a un libro y una luciérnaga de voz en un teléfono. Cuando la memoria entra en tus ojos la emoción mira por los cristales. Y aquí me tienes cumpliendo con el rito, con la obligación de necesitarte, frente al mundo. El tiempo nos debe su futuro. Yo te debo la inocencia. Y madrugadas solitarias, y paseos solitarios, y viajes solitarios, alumbrando versos que te merezcan. Somos un espejo constante, la caricia que vigila al miedo. “Perdón y gracias son hacia ti lo mismo” y un algo más repetido. Habremos de ir bebiéndonos, juntando el agua con las ganas de llorar hasta que el ojo solo sea aire, una burbuja de alas, de otra mariposa, que vuele sin dudar.

jueves, 14 de junio de 2018

LA COSTRA


“Sé que en mi cabeza flota toda clase de mierdas raras, pero no quiero analizarlas: quiero ponerlas a trabajar”
Terry Gilliam.

Lo peor del siempre es el otravez. Ese mosquito lento que tedia la mirada. Por aquel embudo, el bulto de las emociones fue deformando su crisálida para estrellar el alquitrán. Los cristales sobre la luna, chillan como urracas. Los cuervos no saben inglés y croan, otravez, sobre el verano. Chapotean como niños, como esos niños de antes, con costras en las rodillas que se quitaban con la curiosidad de la sangre. Aquel niño dejó paso a un bulto de colores. A las costras del tacto. A las palabras preparadas para el grito de mi poema contra mí. Siempre es despacio. Lo eterno es un instante. Los momentos son abrazos con que llenar el pan de la alegría. Despacio tiene sangre de tierra, micelios de tensión, gérmenes de llama. La vida inevitable de las plantas llena de asombro el universo. Crecen, señalan el misterio. Acusan al lenguaje con su rumor de agua, y el fracaso abierto para la flor.